Autor: Veira, Carlos. 
   Estudiar Medicina en la Complutense  :   
 El año que viene 500 alumnos nuevos ni uno más. 
 Ya.    19/06/1977.  Página: 20-21. Páginas: 2. Párrafos: 62. 

ESTUDIAR

0L propósito es firme: la Facultad de Medicina de Ia CompIutense no va a admitir el curso próximo a

todos Jos alumnos que quieran ingresar en ella. La Junta de gobierno de la Universidad, apoya a ia

facultad en esta, decisión. Par» hablar de ella nos hemos reunido con ¡os tres personajes mA^ enterados

"concienzados" ett este tema: don Antonio Gallego Fernández, fisiólogo, vicerrector de la Complutense;

don Alberto Oriol Bosch, endocrinólogo, joven y nuevo decano de la citada facultad, y don José Botella

Llusiá, ginecólogo, ex rector j/ personalidad de «obra conocida en nuestro país

YA.—C omencemos por aclarar los hechos; ¿T^t limitación de ingreso para nuevos alumnos de Medicina

es va una «decision irreversible?

Profesor Gallego.—En efecto, es un acierto ´Je ia Junta de la Facultad de Medicina de la Complutense,

asumido después por la Junta de gobierno de la Universidad,

Dos temas diferentes

YA.—Pero ¿como limitar el número de estudiante» de Medicina si se oyen muchas voces en «•! -sentido

de qu« faltan médico-, en este país?

Profesor Gallego. - Aclaremos las cosas desde eí principio. Se trata de dos temas completamente dis-

tintos: el del número de médicos que necesite el país, cosa que tendrá que aclarar la Sanidad nacional, con

los asesoramientos que estime convenientes, y el de la enseñanza de la Medicina a nivel universitario, que

es ej exclusivo punto de mira que ha tenido la Facultad al analizar su situación.

Profesor Oriol.— En efecto, la Facultad, como tal, podrá dar una opinión sobre ei primero de los

problemas apuntados; pero toma decisiones sobre el segundo tema, que le afecto vitalmente corno parte

de la Universidad.

Profesor Botella. — Estoy de acuerdo, aunque, como universitario y como español, me siento implicado

tn el problema de que la Universidad española se esté convirtiendo en una fábrica nacional de desempleo,

cosa que me parece aún1´más grave en el caso de los estudios de Medicina. Por/;so me pregunto si no

estaremos creando un entero estamento de resentidos sociales.

Profesor Gallego.—Esa es una opinión personal que puedo compartir. Lo que puedo asegurar es que ese

tema no incide en el planteamiento que nos ha llevado a establecer un limite en los ingresos del próximo

octubre. Yo soy pragmático en esto: nuestro deber es enseñar y -hacerlo lo mejor que podamos, pero ni a

uno más de lo que nuestra capacidad nos permita. No so trata de expedir títulos como churros, sino de que

nuestros títulos valgan, que respondan a una capacidad profesional real, que sean homologados con los

del Mercado Común.

Nuestros títulos, deteriorados

Profesor Botella.—Por ahi empezamos a describir el auténtico problema de esta Facultad y, en general,

de los estudios de Medicina •en nuestro país. En 1955, España estaba entre los seis primeros países «n

cuanto a .número de médicos que superaban el examen norteamericano para graduados extranjeros (el

"foreign"). En 1974 ocupábamos el penúltimo lugar, después cié muchos países africanos. El deterioro de

los estudios do Medicina en España es evidente y hay que cortarlo. Profesor Gallego.—Más

datos sobre nuestra coótiea situación. Según el estudio realizado por la Sociedad Española de Educación

Médica, las 21 Facultades de Medicina de España pasaron de tener un total de 20.000 alumnos en el año

1963 a tener más de 45.000 en 1974. Esta última cifra es casi idéntica a la de estudiantes matriculados en

todos ios cursos de las 117 Facultades de ´Medicina de los Estados Unidos de América El deterioro de

nuestros títulos ha »ido terrible. Y creemos que los futuros aspirantes a alumnos y sus familias deben

conocer esta situación.

YA. — Pero ¿por qué hay que limitar el número de alumnos para recuperar la calidad?

Profesor Gallego. — Porque en los estudios de Medicina, los cuatro últimos cursos tienen carácter

práctico-clínico, es decir, hay que hacerlos en hospitales. Nuestra Facultad, para ello, además del Hospital

Clínico de San Carlos, cuenta con otros cinco hospitales asociados: e] Francisco Franco, el Primero de

Octubre, el de la Cruz Roja, el Generalísimo Franco y el Hospital del Aire. En total, esos hospitales tienen

unas seis mil camas (de las que mil ochocientas están en el Clínico de San Carlos). Ahora bien, en el

presente curso la Facultad tiene ocho mil ochocientos dieciséis alumnos matriculados en todos los cursos,

de los que cuatro mil setecientos diecisiete son de cursos clínicos. Los hospitales asociados para permitir

la presencia de los estudiantes imponen la condición de que el número de alumnos por cama sea limitado.

Y la verdad es que cualquier Facultad de Medicina responsable en un país igualmente responsable con-

sidera que la proporción debe oscilar entre cinco y diez camas por alumno en los cursos clínicos. Pues

bien, el Francisco Franco admite a unos cuatrocientos alumnos, el Primero de Octubre, otros tantos; la

Cruz Roja, ciento sesenta; el Generalísimo, doscientos, y ei del Aire, doscientos. El Clínico, para sus mil

ochocientas camas, tiene cerca de cuatro mil alumnos, o sea que está en una proporción de algo más de

dos alumnos por cama, mientras los asociados están entre dos coma cinco y cuatro camas por alumno.

Nuestros títulos no son homologables para Europa

Profesor Botella.—Lo grave es que, en las especificaciones para que los países del Mercado Común ho-

mologuen nuestros títulos, exigen como mínimo que las prácticas se hayan hecho -a un nivel de cinco

camas por alumno, proporción que no alcanzan ni siquiera nuestros hospitales asociados. Traducido a

lenguaje vulgar, eso quiere decir que en los países citados ya no quieren a nuestros médicos recientes, eso

sin contar con que en Libia tampoco los quieren. ¿Podemos engañarnos así?

YA.— iNos pueden describir mas en concreto cómo están haciendo sus prácticas nuestros estudiantes de

Medicina?

Profesor Botella.—Le contaré el caso de la clínica obstétrica (partos) del San Carlos, que es donde yo es-

toy. Antes he de advertir que todavía tenemos alumnos de tres planes de estudio distintos, que forman

grupo aparte, lo cual complica las cosas. Pues bien: de octubre de mil novecientos setenta y seis a febrero

de este año tuve mil ochocientos alumnos de cursos clínicos para una clínica obstétrica en la que hay una

media de ocho partos diarios. ¿Cómo podemos dejar entrar para que vean el parto en directo a tantos

alumnos? Hay que considerar que el trasiego de tantos estudiantes conduce a agravar, el problema de las

infecciones hospitalarias", propio de todo hospital; además, no se trata de pacientes completamente

dormidos, sino de mujeres conscientes que tienen derecho a que su parto no sea una feria; « tercer lugar,

nos falta personal que atienda, al nivel individual necesario, a tantos alumnos. Pero, en fin, haciendo un

esfuerzo tremendo conseguimos que las cosas en el Clínico vayan bien y que estas cosas fundamentales

se respeten. Pero ¿cual. es la consecuencia? Que tenemos que organizar un sistema de turnos, en los que.

van a ver e! parto un alumno por cada uno de los tres grupas que tenemos cada vez. El resultado es que un

cuarenta por ciento de los alumnos acaban la carrera sin haber visto un parto en. directo. Tenemos, es

verdad un circuito cerrado de televisión para que los demás los vean, pero eso no merece propiamente el

nombre de práctica clínica. Pero, repito, el problema está ahí, amenazando a factores fundamentales del

funcionamiento del hospital, y las cosas van tirando gracias a un esfuerzo excesivo del Comité ¿e

Infecciones.

El Comité de Infecciones no puede tolerar un trasiego de 4.000 alumnos por el hospital

Profesor Gallego. — Hay que añadir que el Comité de Infecciones, como planteamiento preventivo, no

puede tolerar el riesgo que suponen cuatro mil alumnos circulando continuamente por el hospital.

Profesor Oriol.—Por otra parte, como a los alumnos que ya entraron no los vamos a echar, es

imprescindible tomar medidas drásticas ahora mismo, porque, aun haciéndolo así, sus efectos no los

vamos a sentir hasta el curso mil novecientos ochenta y dos ochenta y tres.

La Facultad no está dispuesta a seguir enseñando en unas condiciones que conducen a títulos que no

son homologables en Europa

Las medidas drásticas hay que tomarlas ahora para que se noten sus efectos en el curso 1982-83

El 40 por 100 de los alumnos clínicos de obstetricia en el San Carlos acaban la carrera sin haber visto

un parto en directo

YA.—¿Y cómo han calculado «| número df alumnos que van a admitir para el próximo curso»?

Profesor Gallego.—Teniendo 6.000 camas, nos hemos fijado una proporción de tres camas por alumno

(que está por. debajo de lo deseable), y, asi, no puede haber más de 2.000 alumnos en cursos clínicos, o

sea, 500 por curso. Se impone, pues, seleccionar bien, evitar así que el que comience en primero, por su

capacidad de estudio, llegue al final, y entonces la Facutad no va a admitir a más de 500 alumnos nuevos,

más otros 100 en la Facultad, de Alcalá de Henares, donde esperamos que el hospital asociado esté listo

cuando aquellos alumnos empiecen los cursos clínicos. Ni uno más.

YA.—O sea, que además de la limitación numérica, la selección implica un aumenta de la calidad del

estudiante y una disminución de la mortalidad estudiantil; menos que suspendan.

Profesor Botella.—Eso esperamos. Ya tenemos la experiencia de los comienzos del malogrado plan de

1967. Con una buena selección, el primer año aprobaron todos.

Profesor Gallego,—Ahora la mortalidad estudiantil es del 50 por 100 (la mitad no termina su carrera).

Profesor Botella. — Al principio de los años 70 ya se perdía el 42 por 100 de los que empezaban la ca-

rrera. O sea, que también en este sentido vamos a peor. Y no hay que olvidar que ese no terminar es una

frustración tras perder seis años de una vida en plena juventud. Es mejor que elijan bien antes.

Profesor Gallega. — Pero es que, además, no podemos enseñar a futuros médicos con el autobús tan

lleno. Si se llena más, s« romperá la máquina, la Facultad entrarla en colapso y tendríamos que cerrarla,

sencillamente.

Capacidad de aprender es lo que importa

YA.—Pero esa selección. ¿ no tendría que ser cuidada específicamente para los estudios de Medicina?

Profesor .Oriol. — Basta que seleccionemos alumnos con méritos académicos. Si tienen esa capacidad

demostrada, es irrelevante que se dirijan a Medicina o a otra cosa. En la Facultad israelí del Neguev han

llegado a esa conclusión: lo importante es la capacidad para aprender y no el que vengan ya embutidps de

una preparación específica,

Profesor Gallego— Además, según la ley vigente, tenemos qu¿ atenernos al examen de selectividad ge-

neral. Dentro de. los que lo aprueben y soliciten estudiar Medicina en nuestra Facultad, seleccionaremos a

los 500 con mejor puntuación.

YA.—Eso quiere decir que los que aprueben la selectividad en septiembre ya pueden despedirse...

Profesor Gallego. — En efecto, el cupo se cerrará en junio, porque se cubrirán las plazas disponibles.

Profesor Botella. — Hay que decir que eso es lo que se hace en toas las facultades europeas y en los

países desarrollados, salvo en Italia y en algunos países suraméricanos (y en estos países tienen la misma

papeleta que estamos describiendo aquí).

YA.—¿Y no se podían hacer más facultades?

Profesor Oriol.—Eso debe decidirse a nivel de "\odo~ el país.

Profesor Gallego.—Puede hacerse si hace falta. Pero lo que es intolerable es ¡o que se ha venido

haciendo desde el • 68 al 71 en este país: crsar Facultades de Medicina sin profesores y sin, hospitales (asi

en la práctica totalidad de las nuevas universidades). Si la sanidad oficial llega a la conclusión de que

hacen falta más médicos y enfermeras, debe poner los medios para prepararlos bien y no crear las cosas

sobre el papel.

Profesor Botella.— Totalmente de acuerdo. Y. en todo caso, habrá que multiplicar ías Facultades, los mé-

dicos y las enfermeras según las necesidades del país, y no para satisfacer una vocación que, a los

dieciséis unos, es más que dudosa.

Profesor Oriol.—O sea que lo que no se puede repetir es que se cree una facultad en agosto y empiece a

funcionar en noviembre sin nada.

Profesor Gallego.—El anecdotario sería interminable. Recuerde aquella segunda facultad de la

Complutense, en estomatología, que después de un año se demostró que ni siquiera existía en los papeles.

Una opinión: España no necesita más médicos, sino mejores médicos

YA.—Bueno, pues ya heñí»* tocado el problema principal de esta conversación, ditruínente distinto del

problema del número de médicos que España necesita. Quisiera, sin embargo, que, tras avisar que son

cosas distintas, expusieran su impresión personal sobre este segundo tema.

Profesor Gallego.Yo creo que España no necesita más médicos.

Profesor Botella—Lo mismo digo. Lo que necesita es mejores médicos.

Profesor Oriol. — La respuesta han de darla los sociólogos y economistas sanitarios.

YA.—Pero ¿no hay muchos pueblos sin médicos?

Profesor Botella.—En efecto. Pero mí opinión es que ese es un problema precisamente de calidad de la

enseñanza, y por eso no podemos seguir ensenando Medicina en las actuales condiciones. Me explico:

muchos graduados no se van al área rural, entre otras varías razones, por una muy fundamental: porque

saben que no están bien preparados y temen afrontar la responsabilidad ante los enfermos ellos solos. Por

eso se refugian en un equipo hospitalario, en donde su responsabilidad es menor y al fin y al cabo

terminan aprendiendo de verdad. Es ei drama de este país: que Se está quedando sin médicos rurales y sin

médicos de cabecera valiosos.

Profesor Gallego. — A mi me gustaría apuntar en esto que ya es hora de que tengamos una sanidad

coordinada y no, c o´m o ahora, unos organismos que planifican y no tienen dinero para realizar sus

planes, mientras otros organismos tienen el dinero y no son la planificación oficial, sino que funcionan a

su aire.

Demasiados estudiantes extranjeros

YA.— ¿Emigran nuestros mejores médicos graduados?

Profesor Botella. — No en número relevante. Y muchos vuelven después de unos años (corno es el caso

del profesor Oriol, de cuarenta y tres años). El problema es más bien que pronto no los van a querer en

ninguna parte. Ya están llegando aquí médicos argentinos, uruguayos y chilenos que, en algunos casos,

traen mejor preparación básica que los que estudian aquí.

YA.—¿Y no tenemos demasiados estudiantes extranjeros?

Profesor Oriol. — Desde luego. En el curso 72-73, nuestra Facultad tenía 947, y no era la que más tenía.

Profesor Botella.—A mi me parece que, teniendo como tenemos una enseñanza de precio político (el

alumno paga el 5 por 100 del coste real), estamos haciendo el primo con tantos estudiantes extranjeros,

sobre todo cuando vienen de países más desarrollados que el nuestro.

Profesor Gallego.—En 1970 llegó aquí un grupo de 60 noruegos, que no admitimos porque no dominaban

el español. Lograron que los admitieran en Oviedo, con promesa de perfeccionar el idioma. Noruega tenia

entonces dos facultades, pero prefería pagarles aquí la estancia y los estudios y no crear otra facultad.

Luego acabó creando la tercera facultad. Pero mientras esos países plantean las cosas con lógica

económica, aquí parece que todo se improvisa. Además, aquí vienen los norteamericanos y

suramericanos, a los que no han admitido para estudiar Medicina en los Estados Unidos. Eso es claro.

Nuestra Junta de gobierno, por eso, ha acordada poner un tope del 10 por 100, y además sólo admitiremos

a los que superen las mismas pruebas que los españoles, y de ésos, sólo hasta ese tope.

Carlos Veíra

El Comité de Infecciones del hospital no puede tolerar el riesgo que supone un trasiego constante de

4.000 alumnos.

En 1955, en el examen norteamericano llamado "foreing", los graduadosespañoles en Medicina

estaban entre los seis mejores países

En 1974 ocupábamos el penúltimo lugar, detrás de muchos países africanos

La familia debe conocer esta situación

 

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