Autor: González Álvarez, Ángel. 
   La carta de las cuatro libertades educativas     
 
 Ya.    15/07/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 10. 

La carta de las cuatro libertades educativas

Crece cada día con más fuerza la convicción de que es ingrediente fundamental de la dignidad del hombre

el derecho a participar en los bienes de la cultura y en los beneficios de i» civilización mediante la

educación fundamental y la formación técnico-profesional. Por nacer de la naturaleza humana, el derecho

a la educación se extiende a, todos los hombres y comprende todas las facetas perfectivas de cada

persona.

Conviene advertir que este derecho o Ja educación y a la enseñanza se expresa muy en primer término

como un derecho a ser enseñado o educado. Comprende, pues, primariamente a los educandos o

discentes. Es claro que en el ejercicio de este derecho puedan darse muy distintos niveles en proporción a

la capacidad de cada sujeto y en consonancia con el grado de desarrollo de la comunidad política a la que

pertenece. La doble universalidad del derecho al crecimiento se cumple cuando la educación se extiende a

todos para procurar que cada uno alcance su propia, talla.

Es importante percatarse de que lo inmediatamente derivado del derecho a ser enseñado es el deber que

tenemos de enseñar´. También es universal este deber. Corresponde, en primer lugar, a los padres.

Principio de la generación, deben serlo también de la crianza y de la educación, pues la naturaleza no

pretende únicamente la generación de la prole, sino también su promoción y desarrollo hasta el estado

perfecto del hombre en cuanto tal. Incumbe igualmente al Estado el cumplimiento de este deber, ya que la

cultura física, intelectual, moral y técnica que la educación promueve es parte fundamental del bien

común temporal que debe atender con peculiar solicitud. Tampoco las formas sociales, situadas entre la

familia y el Estado, como el municipio, la provincia, la región y la nación entera, pueden desentenderse

de semejante obligación.

Los deberes educativos se extienden a todos los órdenes comunitarios encargados del cultivo de los

valores económicos, vitales, culturales, morales y religiosos. Para cultivar estos últimos valores entra en

escena la Iglesia. El Concilio Vaticano II representó un enfoque radicalmente nuevo en el tratamiento del

problema educativo. La Iglesia quiere hacerse presente en este campo por la colaboración, la asistencia y

él servicio. "No reivindica para si otra autoridad que la de servir, con el favor de Dios, a los hombres, con

amor y fidelidad." No se trata de una metáfora: servir a los hombres con amor es la nueva mentalidad de

una Iglesia que, "como Madre, está obligada, a dar a sus hijos una educación que llene toda su vida del

espíritu de Cristo, y al mismo tiempo ayude a todos los pueblos a promover la perfección cabal de la

persono humana, incluso para el bien de la sociedad terrestre y para configurar más humanamente la,

edificación del mundo".

LAS obligaciones de la educación alcanzan a todos los individuos singulares, ya se consideren como

ciudadanos del Estado o como fieles de la Iglesia. Nadie tiene el derecho a considerarse exento de los

graves deberes de la enseñanza, cuyas exigencias sé extienden hoy a todos los miembros de la sociedad.

Enseñar al que no sabe pertenece al ámbito de las obras de misericordia, las cuales, aunque no se deben

de justicia, implican la caridad a la que todos, hemos sido llamados.

Estamos ya en condiciones de poner en juego la carta de las libertades educativas para todos los españoles

de nuestro tiempo. Como los ases de una baraja, son también cuatro las libertades fundamentales en el

campo de la educación y de la enseñanza. Al hablar de libertades nos situamos en el orden de las

realidades concretas, con los pies en tierra firme, sin escaparnos a los limbos de la posibilidad y de la

abstracción.

La primera de semejantes libertades tiene este nombre: "libertad de los padres para poder elegir las

escuelas de sus hijos". El número 3 del artículo 26 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos,

proclamada por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1948, la expresó de esta manera: "Los

padres tendrán derecho preferente a escoger el tipo de educación que deberá darse a sus hijos." Y el Pacto

Ángel GONZÁLEZ ALVAREZ

(Continúa en pág. siguiente)

 

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