Libertad de enseñanza     
 
 Arriba.    07/07/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 8. 

LIBERTAD DE ENSEÑANZA

LA Educación es para la vida. Y si no es para la vida se convierte en burocracia, procedimiento seco para

la transmisión de saberes formales, Instrumento de alienación. La Educación no es natural.

Recientemente, la Asamblea Nacional Francesa ha sancionado la libertad de enseñanza como una de las

características que conviene a una sociedad democrática madura.

El sistema educativo ha de reflejar, de forma muy estrecha, los valores que animan al sistema

sociopolítico. Debe transmitir vividamente los grandes principios robusteciendo la conciencia de lo

permanente, aquello que expresa los logros últimos de la comunidad nacional. Si nosotros hemos elegido

una sociedad de pluralismo ideológico y cultural y queremos que perviva, hemos de cuidar vigilantemente

el sillar en que se asienta: la libertad. Y justamente en la base del reino de la libertad se encuentra la

libertad de enseñanza, tanto en lo que concierne a la autonomía científica en la cátedra, como a la

consideración y respeto de los diferentes agentes educativos de la sociedad.

Pensamos que, bien por efecto acumulado de la voluntad, el sacrificio y el esfuerzo, en alguna forma se

encuentran bien establecidos los raíles que conducen a una sociedad crecientemente igualitaria.

Evidentemente no puede bajarse la guardia cuando se trata del progreso de la justicia, pero queremos

decir que sti los alveolos de la conciencia colectiva y en la sensibilidad de la persona humana está

indeleblemente ya alojado el sentido de la justicia y de la igualdad. Incluso los instrumentos intelectuales,

políticos y organizativos necesarios, están montados y orientados para su progreso: los partidos políticos,

las centrales sindícales obreras y un Estado que no se limita a la función de gestor económico-

administrativo, sino que se propone configurar la sociedad, como sus adjetivos ponen de manifiesto:

Estado-Providencia; Estado-Bienestar, Estado-Nodriza, etc. Toda la organización pública colectiva se

mueve por la igualdad: de oportunidades, jurídica, socioeconómica. Sin embargo, la libertad, mucho más

desfalleciente y manipulare, no tiene apenas arquitectura que la abrigue en una sociedad qué pone más

énfasis en las masas qué en las personas.

Necesitamos que el concepto y la garantía de la libertad de enseñanza sea reconocido en las normas

constitucionales por elaborar y que un Estatuto de Libertad de Enseñanza instale a la comunidad nacional

en la certeza de la defensa y promoción de la libertad personal contra cualquier tipo de conspiración, bien

sea tecnológica o ideológica. El último garante, pero no el único —ni quizá el más importante— de la

libertad de enseñanza es el Estado.

Pero el Estado se alimenta del Poder y el Poder es un territorio de ocupación. Junto al Poder más alto

deben erigirse otros poderes, fuerzas que cumplen una función de orientación, cooperación y realización.

El Estado no puede ser el único gestor de ta enseñanza. La Iglesia, las organizaciones voluntarias, la

iniciativa privada, las familias tienen el derecho —un deber para la libertad— de participar en la tarea

educativa como agentes libres de la comunidad. Un Estado democrático debe asegurar un puesto escolar

público en una oferta libre, pero no puede bajo ningún concepto lesionar la libertad de elección de puestos

escolares bajo pretexto de proporcionar directamente esos puestos. El problema no constituye una aporía.

Bien al contrario, señala una dirección: la cooperación de la sociedad y el Estado.

El entusiasmo por lo colectivo muchas veces oculta amagada una pretensión totalitaria. Toca ahora, con

urgencia, organizar la libertad: la de enseñanza y la de enseñantes.

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