Autor: Saralegui, Francisco José de. 
   Contradicciones nacionales     
 
 ABC.    21/09/1976.  Página: 4. Páginas: 1. Párrafos: 17. 

ABC. MARTES 21 DE SEPTIEMBRE DE 197´

CONTRADICCIONES NACIONALES

Por Francisco José de SARALEGUI

«El desarrollo de una civilización —dice Valery— puede medirse por el número de

contradicciones que

lleva consigo.» SI es así, en España 1976 estamos en una civilización

desarrollada. Véase:

En los últimos seis años, en España los precios se han multiplicado por dos,

como en Inglaterra e Italia.

Castigando duramente las economías modestas, de ingresos casi rígidos,

indefensas ante la inflación.

Mientras en Estados Unidos y Alemania el cosió de la vida desde 1970 sólo ha

aumentado en el 35 por

100.

La Bolsa se ha derrumbado en términos dramáticos, destrozando las previsiones de

tres millones de

accionistas, en su inmensa mayoría también modestos e indefensos. Que, con los

ahorros de años de trabajo, han venido alimentando la Bolsa y nutriendo el

pasivo de las Cajas. Las cuales, por su parte, en tal

alta medida financian las emisiones de renta fija de las grandes empresas

nacionales y aun de algunas

multinacionales.

Es claro que España no podrá librarse de un inmenso esfuerzo de ahorro. E

igualmente claro que, con los

precedentes que se indican más arriba, ese ahorro ha de ser forzoso. Imponerlo

por la autoridad será, a mi

juicio, la única manera —ahora y aquí— de salvar la democracia.

Pero vengamos a otra contradicción nacional: la especulación del suelo urbano.

tos anglosajones hablan

—al respecto— de «la productividad de la pipa». Ya que el escenario es el

siguiente: un hombre es

propietario de terrenos que la expansión ciudadana va convirtiendo en urbanos.

Le ofrecen por ellos una

cantidad, pero él ha pensado no ceder —por ejemplo— hasta que le den el triple.

Dice que no, fuma su

pipa y espera. Uno y otro mes —o años— niega, fuma, espera, y acaba consiguiendo

lo que quería.

La productividad de su pipa ha sido terriblemente eficaz. Y una mediocre

organización social ha

premiado —espléndidamente— su insolidaridad y su vagancia. Pues mientras él

fumaba llegaban emigrantes, se ampliaban las carreteras y calles cercanas, se

levantaban edificios, se construía cerca un

centro de E. G. B., se extendían por la zona loa servicios públicos. A través de

un respeto excesivo al

«derecho de propiedad» (de unos pocos, contra el derecho a la propiedad de los

demás) y de un sistema

fiscal imperfecto, el fumador se beneficia ampliamente del trabajo ajeno. Y la

escasez de pisos accesibles, el metro cuadrado a precios insoportables, no pocos

matrimonios tardíos y hasta la píldora tiene -

mucho que ver con la pipa del especulador.

Sin embargo, oficialmente se habla con calor de la juventud, desatendiendo uno

de sus más graves

problemas, el de la modesta vivienda para recién casados.

En términos normales, en Europa se calcula que el máximo que un matrimonio puede

gastar en alquiler

de vivienda es el veinte por ciento de sus ingresos. España —por desgracia, esta

vez— es diferente.

Tercera y última: La subida, en los últimos diez años, de la recaudación del

Impuesto sobre el Trabajo

Personal, que ha pasado: De 8.700 millones en 1965, a 93.000 en 1975.

La Renta de las Personas Físicas, en las mismas fechas, subió: De 1.800 millones

a 7.800.

El primero se ha multiplicado por diez; el segundo —que ya partía de cotas muy

bajas—, por 4,3. Son los

diez años en que se ha venido hablando continuamente de reforma fiscal. ¿Hacen

falta comentarios?

Dudo bastante que estos problemas necesiten esperar a la reforma política.

Quizá fuera bueno, ante ellos, recordar a Liauley, mariscal de Francia en

Argelia, hace tantos años.

Cuando propuso repoblar de pinos unas laderas, le replicaron: «Pero tardarán en

crecer muchos años.»

Rápido, el viejo mariscal contestó: «Pues si es así, empecemos mañana mismo.»—

F. J. de S.

 

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