Autor: Sánchez-Gijón, Antonio. 
 Aunque hay amplio consenso sobre su necesidad. 
 La conducción de la reforma militar, en tela de juicio     
 
 El País.    08/12/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 13. 

Aunque hay amplio consenso sobre su necesidad

La conducción de la reforma militar, en tela de juicio

ANTONIO SANCHEZ-GIJON

La reciente dimisión del almirante jefe del Estado Mayor de la Armada, Carlos Buhigas, ha revelado la

existencia de una crisis de fondo en la política militar del Gobierno. Aunque los motivos financieros han

sido la ocasión de aquella dimisión, por considerar la Marina que el plan naval quedaba seriamente

limitado por las reslricciones presupuestarias, el fondo del problema es más bien uno de falta de confianza

política en la dirección de las Fuerzas Armadas y en la conducción de la reforma militar, personificadas

actualmente en el Ministerio de Defensa.

La dimisión de Buhigas había sido precedida de un tenso cambio de opiniones entre él y el ministro de

Defensa, teniente general Gutiérrez Mellado, en que aquél pidió a éste que presentase la dimisión. Según

informaciones solventes, el ministro replicó: «¿Y entonces quién viene aquí?». «Un ministro civil»,

contesto Buhigas. «No estamos preparados todavía», fue el comentario final de Gutiérrez Mellado.

Durante el curso de la reforma militar, llevada a cabo mediante numerosos decretos-leyes y decretos, la

alta jerarquía militar ha echado de menos la existencia de mecanismos de consulta suficientes y frecuentes

entre la dirección política, a cargo del ministro, y los órganos de mando. Se insiste en que la reforma

militar y la creación y posterior reorganización del Ministerio de Defensa ha sido labor de un pequeño

gabinete de unas seis personas, allegadas al ministro, que éste ha ido renovando con el paso de los meses.

Aunque se han realizado frecuentes peticiones de informes a órganos subordinados de las Fuerzas

Armadas, tanto del Alto Estado Mayor como de las secretarías de los diversos ejércitos, la consulta ha

tenido un carácter vertical y jerarquizado, sin trámites intermedios de análisis y discusión.

De este modo, la cuestión de la reforma militar se ha acumulado sobre los problemas creados entre

sectores de las Fuerzas Armadas, por todo el proceso de reforma política, con claros síntomas de rechazo

en muchos casos. Hoy, los enemigos de Gutiérrez Mellado se encuentran por igual entre los que se

oponen a la reforma política y los que quieren para la reforma militar un estilo más di-, recto, más franco

y eficaz. No se puede ignorar, sin embargo, que la fluidez de consulta que cabía esperar en un problema

tan crítico como el de una reforma militar (que había sido diferida más allá de lo prudente, por lo menos

desde el final de la segunda guerra mundial), ha sido en parte inhibida por la sorda obstaculización puesta

a todo el proceso de reforma política por grupos de altos mandos militares fuertemente vinculados al

bunker politico.

Entre los casos de falta de consulta se cita el bien conocido de la legalización del Partido Comunista, que

causó la dimisión del ministro de Marina, almirante Pita da Veiga, un hombre ciertamente opuesto a la

reforma política, pero muy interesado en muchos aspectos de la reforma militar. Al parecer, los altos

mandos militares habían depuesto la resistencia a la legalización, pero se les había prometido que serían

informados del momento en que se tomara la medida. Esto no tuvo lugar.

Un caso menos llamativo fue la corrección introducida en el BOE, por la que la «gorra» de jefe del Alto

Estado Mayor tomaba precedencia sobre la de jefe de la Junta de Jefes de Estado Mayor, vestidas por la

misma persona, sin que el interesado fuese consultado. El último ministro de Marina, almirante Pery

Junquera, según se ha informado a EL PAÍS, se enteró de la desaparición de su ministerio, subsumido en

el de Defensa, por el Boletín Oficial.

La última reunión de la Junta de Defensa Nacional, presidida por el Rey, trató de la reorganización del

jovencísimo ministerio, sin que los asistentes hubiesen sido impuestos convenientemente de la medida, lo

que dio lugar a una tensa reunión que se prolongó desde las nueve de la mañana a las tres de la madruga-

da. En fin, los recortes presupuestarios a Defensa fueron dados por el ministro de Hacienda y el de

Defensa, en una sesión de trabajo de un solo día, cortando allá por donde más daño hizo a todo el mundo

por falta material de tiempo para reajustar los gastos, de resultas del pacto de la Moncloa.

Otros mandos han sido más impermeables a los esfuerzos suasorios del ministro de Defensa del Gobierno

de Su Majestad, como el anterior ministro del Ejército, Félix Alvarez-Arenas, separado de la dirección de

la Escuela Superior del Ejército por un petulante comentario comparativo sobre la necesidad de aplicar

hoy día, para ia unidad interna del Ejército, los criterios contenidos en el discurso de Franco, de despedida

de la Academia General de Zaragoza, cuando la cerró la República.

Poca pena ha causado también la sanción impuesta al general Cano Portal, Jerjes en El Alcázar, un

general que ha hecho de la revista Ejército, de la que era director, un órgano de expresión de ideas

ultraconservadoras.

En todas las transformaciones políticas ha jugado un papel clave el juramento de fidelidad al Rey. Pero

algo de la estricta competencia del Gobierno, como es la conducción de la política militar, no aparece

bajo una luz indiscutible a ojos de muchos militares de los tres Ejércitos.

En el centro del debate en que se contrastan las opiniones de los militares se halla la cuestión de las

estructuras desproporcionadas de los tres Ejércitos, y la generalmente aceptada necesidad de rejuvenecer

y aligerar los cuadros de mando. Es opinión cada vez más sensible de los mandos de la Aviación y de la

Marina que la estructura de las Fuerzas Armadas favorece al Ejército de Tierra, en contra de lo que

(afirman) aconsejaría una correcta percepción de las misiones que a cada Ejército corresponderían en un

conflicto moderno. Según este punto de vista, muy evidente en la Marina, la reforma de Gutiérrez

Mellado se está haciendo «con demasiado caqui y poco azul y verde».

La cuestión del rejuvenecimiento de los cuadros de mando ha sido motivo de soterrados ataques al plan

de reformas de Gutiérrez Mellado por grupos conservadores, siendo, en cierto modo, inextinguibles los

rumores de que se iban a eliminar del escalafón promociones enteras de las academias. Este es un rumor

continuamente desmentido por el Ministerio de Defensa, sin que sus desmentidos hayan arrastrado la

suficiente fuerza de convicción, aunque, a juicio de este observador, los desmentidos deberían merecer

credibilidad absoluta. Pero los desmentidos no han servido para alentar la esperanza de los que creen que

haría falta una «ley Azaña» puesta al día.

Así, pues, los estados militares de opinión, puestos en contraste, no se reducen a aquellos que se resisten

al cambio, invocando continuamente el honor, la patria y la lealtad al pasado, y aquellos otros que aspiran

a una consolidación y normalización en la democracia de tipo occidental, invocando la obediencia al rey y

la disciplina ante los mandos designados. También se alinean en torno a la cuestión del modo de llevar a

cabo un proceso de reforma, reestructuración y modernización de un cuerpo gigantesco largamente

dormido, al que los estímulos deben de llegar no sólo por la vía jerárquica, sino también por la de la

convocatoria.

 

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