Parlamento y fuerzas armadas     
 
 Arriba.    09/12/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 7. 

PARLAMENTO Y FUERZAS ARMADAS

LA primera reunión celebrada por la mesa de la Comisión de Defensa del Congreso con el Vicepresidente

primero del Gobierno, teniente general Gutiérrez Mellado, y la junta de jefes de Estado Mayor merece,

tanto por su intrínseca relevancia como por el cordial clima de normalidad democrática en que ha tenido

lugar, algunas reflexiones editoriales. Para llegar a este punto ha sido preciso que se recorriera, tanto por

los partidos políticos como por los cuadros militares, un camino dialéctico de moderación y

modernización de conceptos, quedando definitivamente arrumbados viejos prejuicios antimilitaristas de

algunas fuerzas políticas y no menos viejos prejuicios, por,parte de las Fuerzas Armadas, respecto a

aquellos sectores políticos. Lo cierto es que cuando, a un lado y otro de la mesa en la sede du! Ministerio

de Defensa, tomaron asiento los representantes del pueblo y los mandos supremos de las tres Armas,

hacía ya varias jornadas que era público el borrador, constitucio, nal en el que se establece, como misión

de las Fuerzas Armadas, «garantizar la soberanía e independencia de España, defender su integridad

territorial y pro-teger el ordenamiento constitucional». Ningún voto particular se había formulado al

respecto, lo que pone de manifiesto el consenso de todos los partidos con representación parlamentaria

sobre la necesidad y utilidad social de unos Ejércitos modernos, apolíticos, bien pertrechados y situados,

en todos los ordenes, a la altura que nuestro desarrollo industrial exige.

Las recientes declaraciones del presidente de la Comisión de Defensa, el socialista Enrique Mú-gica, eran

asimismo especialmente clarificadoras: «El PSOE ha superado su antimilitarismo; España necesita unas

Fuerzas Armadas a la altura de su potencial industrial.» Y en otro punto: «Coinciden la opinión gene-´

rallzada del Ejército y la del PSOE en que estamos contra toda tentación separatista. Una de las funciones

del Ejército es la. defensa de la integridad territorial.» Y hace escasas fechas que él PCE solicitaba el

aumento de la asignación presupuestaria de la Marina de Guerra, para mejorar su operatividad. Es, pues,

bien claro que las Fuerzas Armadas pueden esperar, de la Izquierda política española de hoy, el mismo

respaldo y comprensión (que reciben en las grandes democracias occidentales. Muchas veces la colabora-

ción se fortalece, racionaliza y acrecienta en el mutuo conocimiento; de ahí que, según parece, fuera muy

bien acogida por los altos jefes militares la petición, formulada por Múgica, de que la Comisión

parlamentaria de Defensa sea invitada a visitar acuartelamientos y academias, asi como a presenciar

maniobras militares.

Aunque en esta primera reunión se abordaron, con preferencia, temas de índole general —como la.

necesidad de una ley orgánica de las Fuerzas Armadas, sobre repartos de funciones, misiones y

responsabilidades—, los parlamentarios quisieron hacer especial hincapié en su propósito de. conseguir

asignaciones presupuestarias adecuadas para que los Ejércitos desarrollen sus programas con suficiente

capacidad técnica y medios. «Apoyamos el noble propósito del Ministerio de Defensa de conceder gran

importancia a la Dirección de Armamentos, oue nosotros deseamos se trate con mimo y cariño», señaló

Mágica.

Está en el ánimo general que nuestras Fuerzas Armadas vienen padeciendo dotaciones insuficientes y que

ello redunda en perjuicio de su capacidad operativa. El pleno cumplimiento da las básicas funciones que

les va a asignar la Constitución exige, con urgencia, un nuevo trato. Los programas de perfeccionamiento

profesional y renovación de armamento necesitan de altas inversiones y gastos que un país moderno y

democrático no puede regatear, por más que se analicen y controlen cuidadosamente, en evitación de

superfinos despilfarres que —justo es reconocerlo— no es precisamente en las partidas militares del gasto

público donde se han producido durante los últimos años. Quizá vaya siendo hora de reseñar que, en

medio de grandes halagos y palabrerías d e m a g ó gicas, las Fuerzas Armadas españolas han venido

recibiendo consignaciones presupuestarias proporcionalmente muy Inferiores a las medias de Occidente,

y sus cuadros profesionales sueldos por bajo de sus razonables homologaciones en otros cuerpos públicos.

Estos aspectos deben corregirse y no será el pueblo español ni sus legítimos representantes democráticos

quienes opongan resistencias.

Parece que los altos jefes militares escucharon con gran satisfacción las palabras del diputado Jordi Pujol,

quien, en nombre de su partido y de los socialistas de Cataluña, expresó el deseo de «meter lo catalán en

el quehacer común español».

Se ha iniciado, en suma, con buen pie un camino de fecunda colaboración entre las Fuerzas Armadas y la

representación parlamentaria del pueblo español, lo que no podía por menos de suceder, ya que todos los

partidos políticos parlamentarios de nuestro país coinciden en el deseo de que España tenga unas Fuerzas

Armadas coherentes con nuestra posición política, económica e industrial. Ello redundará, con toda

evidencia, en la consolidación y perfeccionamiento. del sistema de libertad.

 

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