Autor: Haro Tecglen, Eduardo (POZUELO). 
   Militares y políticos     
 
 Pueblo.    14/11/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

MILITARES Y POLÍTICOS

EL profesor Morris Janowitz, creador dé la sociología militar (a partir de su libro «The professional

soldier», 1960, cree que una característica de nuestro momento es una tendencia hacía la «civilización» de

la sociedad militar coincidente con una «militarización» de la vida civil. Sucedería que en los Ejércitos —

habla de democracias— las nociones de disciplina, sanciones y obediencias van modificándose hacia un

modelo más parecido al de las relaciones jerárquicas en la sociedad civil; simultáneamente, la evolución

de las democracias occidentales las estaría llevando a la creación de Estados fuertes a «¡tendencias de

«Estado policiaco», a la instauración de un espionaje sistemático, a la reducción de los derechos de los

ciudadanos». Janowitz no atribuye esta tendencia a la influencia o las presiones de la autoridad militar,

sino a la crisis de la legitimidad de los Gobiernos en lucha con diferentes facciones de los partidos polí-

ticos, a las dificultades y las tensiones de los sistemas parlamentarios.

A En realidad, la separación del poder entre civiles y militares es algo tan reciente y tan poco

difundido por el mundo, que no es demasiado fácil hablar de las dos sociedades. Durante milenios, la

política ha estado realizada por los grandes guerreros y ellos han fundado las dinastías reales. No hace

muchos años que las principales naciones del mundo estaban dirigidas por militares, aunque

hubieran llegado al poder por vías llamadas civiles —De Oaulle. Eisenhower, Krustchev (que era

general, aunque no se suela citar), Franco, Carmena...— y en la actualidad, entre los países

representados en las Naciones Unidas hay muchos más gobernados directa y personalmente por militares

que por civiles. Lo que sin duda ha sucedido en gran parte en las sociedades modernas es la desaparición

del poder militar como ejercicio de una casta o ligado enteramente a la posesión de bienes materiales y

una aristocracia. Hasta entrado este siglo era frecuente en España >nie las «grandes familias»

destinasen a sus primogénitos al Ejército (en las más tradicionales, el segundo estaba destinado a la

Iglesia; la abogacía, como símbolo también de poder, era una sustitución más reciente), mientras que

en la actualidad los Ejércitos se nutren más bien de las clases medias, tras una preparación técnica

adecuada: pesan más ciertas capacidades mentales —y determinadas aptitudes, entre las que cuentan el

sentido del heroísmo y el sentido del honor— que los apellidos ilustres, Janowitz considera que el cultivo

del sentido del honor y del heroísmo se debe a que, a pesar de la Importancia mayor de la técnica y do la

ciencía en la guerra, los militares signen es. tanda obligados a enfrentarse con Imponderables y con lo

imprevisible. «La idea de nn campo de batalla enteramente automático es una simplificación grosera y

abu«iva de la función militar.»

• La pérdida del poder directo por la clase militar que lo tenía claramente en otros tiempos —en los

tiempos en que la guerra se consideraba como una parte inevitable de la vida humana y de la vida de

las naciones— se debió, tac fez, al cierre de la casta. Se encerró tanto en los apellidos nobiliarios y en las

purezas de sangre que cerró la puerta a numerosísimas personas que buscaban un acceso a las formas de

poder; comenzaron a buscarlo por vías paralelas, que los guerreros consideraban impuras para ellos.

Como la banca, los negocios, el comercio, el pensamiento puro, la economía. Todo lo que después se ha

ido convirtiendo en política Es indudable que las sociedades se han ido mentalizando en la Idea de que

una actividad civil es prestigiosa y no secundaria, como lo era en Europa hasta el rigió XVIII y ello se

debe no sólo a la expensión de ciertos ideales a partir de la Revolución francesa,, sino sobre todo al nuevo

prestigio de la paz. Se supone, y no con mucho acierto, que los políticos civiles tratan de dirimir las

cuestiones por vía de paz. Para ello habrá míe olvidar que algunas de las figuras más belicosas de nuestro

siglo eran civiles, como Hitler, Mussolini o Stalin, aunque se revistieran de títulos y uniformes, y de

mandos supremos. Algunas de las ideas más justificativas de las guerras proceden de aparentemente

pacíficos e inofensivos hombres de ciencia, como el Darwin qué dio al mundo la noción de la «lucha por

la vida» (struggle for life) y de, la supervivencia del más fuerte, sin entrar ya en la relación de los

modernos científicos con las armas más aterradoras. Algunas frases en honor a la guerra son debidas a los

civiles. Joseph de Maistre decía que «el cristianismo, cuando se le mira de cerca, no es nunca más

sublime ni más digno de Dios, y más hecho para e) hombre, que durante la guerra»; Paul Bourget que «el

valor educativo de la guerra no ha sido nanea puesto en duda: sí, la guerra es la auténtica regeneradora», y

Marinetti, en un famoso manifiesto, decidió que era «única higiene del mundo». La última guerra mundial

ha contribuido notablemente al desprestigio de la Idea guerra. Es la que ha hecho variar, por lo menos,

todo nn léxico. Los antiguos Ministerios de la Guerra comenzaron a llamarse «Ministerios de Defensa», y

Ejércitos como el de los Estados Unidos han adoptado como lema «Peace es our task», la paz es nuestro

oficio.

• Es probablemente toda esta alteración de conceptos, además de la tecnifica-ción militar, la que está

produciendo ese sentido de tendencia a lo civil, que Janowitz señala en los Ejércitos de las democracias

actuales. La «militarización» de las sociedades civiles no es un movimiento compensatorio: es una

pérdida de valor de las democracias en tanto que altares de los derechos humanos. Personalmente, no creo

que la palabra «militarización» deba ser aplicada a esa retracción que se está efectivamente observando.

Ni tampoco creo que la vida esté más regimentada que en otros tiempos.

Eduardo HARO TECGLEN

 

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