Recogido en la Constitución. 
 Estatuto del militar     
 
 Diario 16.    15/11/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 3. 

Objeciones al proceso constitucional

Eduardo ALVAREZ PUGA

El .proyecto de constitución que está elaborando la comisión de expertos del Congreso parece que va a

ser dada a conocer en fecha próxima. Dentro del primer semestre del año que vi0ne la vieja dictadura se

transformará en un régimen constitucional, si los proyectos no se tuercen. Soy consciente de que la

promulgación de una constitución formal no es condición suficiente, ni tan siquiera indispensable, para la

existencia de ío que los tratadistas llaman un «Estado constitucional». Pero, tras tantos años de pesimismo

y desconfianzas, debemos ser optimistas.

En estos momentos, pues, se encuentra en juego algo tan decisivo como el ser o no ser de la democracia y

los españoles aún no sabemos bien lo que nos estamos, jugando. Nuestros políticos han rodeado los

debates en torno al anteproyecto de un clima de misterio, de «materia reservada», más propio de las

investigaciones ultra-secretas que se llevan a término en Cabo Kennedy, que de una cámara elegida por

sufragio universal y responsable anta un pueblo teóricamente soberano.

Una constitución no tiene nada de fórmula mágica, de operación de alquimia, sino que debe ser

precisamente todo lo contrario. Necesita como del aire que respiramos de espacios abiertos, de

discusiones generalizadas, de transparencia informativa, de contraste de opiniones ideológicas. Con la

constitución se pretende estructurar a todo un pueblo en un sistema racional y justo que sirva al mismo,

tiempo de cauce . y arbitro para la disputa política, que cree caminos democráticos para la conquista del

Poder.

La conexión entre las leyes y la vida es fundamental. Una norma jurídica sólo tiene razón de ser en la

medida en que se incorpora a las relaciones de hecho que está llamada a regir. Tal incorporación tiene que

realizarse, como regla general, de un modo espontáneo y voluntario. Sólo excepcionalmente el Estado

debe hacer uso de su poder coactivo para imponer su cumplimiento. El desuso de las normas las conduce

a su muerte jurídica, es decir, a su derogación. Las leyes Fundamentales, el Fuero de los Españoles

especialmente, contenía el reconocimiento de una serie de libertades —expresión reunión, asociación,

garantías judiciales— en las que no creían, como la práctica ha demostrado, ni sus elaboradores ni los

encargados de su aplicación. El resultado está a la vista de todos. El alejamiento de la realidad las

condenó a la inoperancia más absoluta.

A mayor abundamento, ei texto constitucional, al pretender configurar, el proceso del poder político y

servir de marco neutral para el desarrollo de las competencias ideológicas más dispares, necesita un

mayor grado de consenso que las leyes ordinarias y por ello un contacto más estrecho con la realidad, con

lo que los juristas llaman factores reales de la legislación. Un texto normativo fundamental tiene que acer-

tar a incorporar a su escala de valores aquéllos que son constitutivos de la identidad de la sociedad .que

está llamada a regir. Aquí, a lo que parece, se ha dado preferencia a los expertos sobre el consenso. No se

ha buscado ese denominador común a todas las posturas ideológicas.

Semejante técnica legislativa podría ser eficaz si existiera un tipo de constitución ideal, válida para

cualquier tiempo y cualquier país. Pero se ha demostrado que cada nación, cada circunstancia histórica,

cada situación social necesita de normas que contemplen sus peculiaridades y se adapten a ellas.

El problema se agrava por el hecho de que no se ha abierto un proceso realmente constituyente. La

democracia se va introduciendo poco a poco, a media voz, como mercancía de contrabando, que intenta

traspasar una frontera legal formada por leyes elaboradas y promulgadas con la finalidad primordial de

dejar a la Dictadura atada y bien atada. La mecánica del proceso constitucional debe iniciarse con la

elección de una asamblea o cámara, cuya misión única debe ser la elaboración de la normativa

constitucional. Y el ciclo de la participación popular se cierra con un referéndum, en el que el pueblo ha

de dar el visto bueno a lo elaborado por sus representantes. Pero aquí no solamente no se han elegido a los

parla-, mentarlos con esta finalidad, a menos d« uri modo expreso. Las elecciones han tenido serias

insuficiencias democráticas, que merman la fuerza representativa de los elegidos.

D« lo que elaboren nuestros parlamentarios saldrá una Constitución todo lo perfecta, avanzada y social

que se quiera, pero de la que el pueblo, por haberse realizado sin eu participación, no se sentirá

responsable.

 

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