Autor: Otero Fernández, Luis. 
 Tribuna Libre. 
 Ejército, ¿sólo para militares?     
 
 El País.    01/11/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 11. 

Ejército, ¿sólo para militares?

LUIS OTERO FERNANDEZ ex comandante

El día 22 de octubre pasado aparecía en Tribuna Libre un artículo con el título Militarismo y Ejército, de

José Luis Alcocer. Aunque creo que coincido en una gran parte con su intención y planteamientos, sin

embargo me parece/interesante hacer unas precisiones sobre áJgu-no de los puntos que contiene,

relacionados con aspectos que desde hace mucho tiempo me preocupan. Después de recordar las

apelaciones de ciertos sectores de Ja derecha a la intervención del Ejército para implantar por la fuerza las

soluciones políticas pof ellos deseadas, y, desde otro lado, las preocupaciones públicamente manifestadas

por alguna persona de izquierdas sobre la posibilidad de que eso suceda, pone Alcocer en una misma

balanza ambas actitudes para condenarlas con el mismo rasero, denominándolas «militarismo propio de la

derecha tradicional y antimilitarismo clásico de la izquierda». Ciertamente entiendo que es una torpeza

utilizar como argumento para defender cualquier tipo de acción política el miedo a un peligro inconcreto

irreal y ante el que parece que no cabe más que capearlo procurando no irritar a un misterioso ser

amenazante; es una torpeza porque no me parece que se pueda actuar racionalmente ni con ánimo de

superación bajo la presión del pánico. Sin embargo, me parece que entre esto y el antimilitarismo clásico

de la izquierda hay una gran diferencia; hoy día, lejos de los tiempos en que generalmente los ejércitos

tenían funciones opresivas o mercenarias, en guerras coloniales o de defensa de intereses, creo que no

existe ningún sentimiento antimilitarista sistemático en los partidos de izquierda responsables ni mucho

menos un deseo de utilizar en ningún sentido 1.a fuerza de las armas, que todos ellos admiten como

necesarias para, la defensa común ante posibles ataques exteriores.

Muy diferente me parece en cambio la actitud de la extrema derecha, y a veces de la que no sé autotitula

extrema. Aquí sí que hay que rechazar e incluso denunciar la postura delictiva de aquellos que incitan a

los detentadores de la fuerza de iodos, para que la utilicen en provecho de ellos, en contra de la legalidad

democrática,y manejando unos tópicos que constituyen el militarismo tradicional. Militarismo que

merecería un detenido análisis sociológico y sicológico, pero que yo sintetizaría como el juego dialéctico

mediante el cual el poseedor o totiiizador de la fuerza justifica su empleo, no como un mal menor para

defenderse, sino mitificándola córrjp algo superior, con valores morales propios, reflejados en la

fraseología bélico castrense en que se llega a hablar de la guerra y la violencia como algo positivo»

necesario y purificador, y de sus artífices como poseedores de grandes virtudes y carismas por el mero

hecho de serlo.

Con esta matización de tanta

importancia cualitativa es como suscribiría la petición del artículo de referencia sobre que ía derecha y la

izquierda dejen al Ejército en paz, si lo qué pretenden es capitalizarlo en provecho propio, directa o

indirectamente.

Sin embargo, el mismo artículo de Alcocer me sugiere una nueva matización cuando habla de que ya hay

una reforma de las Fuerzas Armadas en preparación, y parece dar a entender que con eso debe cesar

cualquier referencia a esa institución, ya que ella misma debe ser la que atienda a su perfeccionamiento,

con la única intervención de las Cortes cuando las reformas requieran ser sancionadas cpn leyes.

En este^planteám!ento diferimos. Yo´creo que el tema de las Fuerzas Armadas, es decir, de la Defensa

Nacional, puede ser trata-~ do, o mejor, debe ser tratado por la derecha y por la izquierda y por el centro,

o por cualquier ciudadano, de la misma forma que todos (en un sistema democrático, naturalmente

pueden, preocuparse e intervenir sobre la agricultura, la economía, los derechos humanos, la educación,

etcétera.

Y no pretendo naturalmente conseguir con ésto que lodo el mundo Se aficione a los temas técnicos

castrenses para transformarse en estrategas de salón, aunque desde luego estén también en el derecho de

hacerlo. Los problemas relativos a la defensa nacional, en los que cualquier ciudadano puede verse

involucrado en su vida ´habitual, son múltiples, y van desde la repercusión en su economía del coste de

esa defensa hasta su participación personal en ella.

Por otra parte, no estamos todavía en una situación estable y consolidada de convivencia democrática en

que todas esas cuestiones estarían ya resueltas de forma más o menos satisfactoria y aceptada por todos,

situación en la que sólo una renovación siempre deseable o un control habitual pondrían esos temas de

actualidad. Todo lo contrarío, pues ahora empezamos esa convivencia democrática con el lastre inmenso

de salir de una reciente dictadura de cuarenta años y de un pasado anterior dé varios siglos en que las

situaciones democráticas han sido la excepción. Asi pues, to´das nuestras instituciones requieren urpí

profunda transformación, y entre ellas, en lugar destacado, nuestras Fuerzas Armadas, como sin duda lo

reconoce el actual ministro de Defensa al proponer un amplio repertorio de reformas.

Por tanto, me parece necesario que ahora, precisamente ahora, todos los españoles se preocupen de sus

ejércitos, de cómo han sido hasta aquí y dé cómo quieren que sean a partir de este momento. Y para ello

es preciso que sé disipen temores, desconfianzas y mitifica-ciones, de un lado, y complejos, sentimientos

de clase o ideas tecnócratas, de otro, abriendo los cauces precisos mediante la información más

transparente, para el conocimiento, la crítica y la opinión. Y, sobre todo, por parte del Gobierno, rectificar

esa prohibición difusa en que¡ so pena de salvaguardar ciertos valores, se imponían limitaciones de

expresión en relación con las Fuerzas Armadas. Estoy seguro de que ningún militar responsable desea ser

objeto de misterio, por el contrario entiendo que se sentirá muy honrado con el interés, aun crítico, de sus

conciudadanos.

En consecuencia, y entrando en un terreno concreto, me parece necesaria y urgente la mayor atención a la

reforma propuesta por el general Gutiérrez Mellado, a lo que contiene ya lo que falta, a sus aciertos y a

sus deficiencias, y ello sin esperar a que vayan llegando proyectos dé ley a las Cortes. Yo, al menos,

espero poder referirme próximamente a algún aspecto concreto, y desearía animar a hacer lo mismo a

todos los interesados en el tema, especialmente a los miembros en activo de las Fuerzas Armadas, para los

que no dudo que habrá la autorización correspondiente del ministro de Defensa. ´ Entiendo que el

conocimiento déla .opinión pública, contrastada con la experiencia profesional, deberá ser muy valioso

para los parlamentarios que, en la comisión de Defensa o en los plenos, han de elaborar, discutir y aprobar

o rechazar los proyectos de ley correspondientes, provengan del Ministerio de Defensa o de cualquier

grupo parlamentario.

Así iremos terminando con la situación artificial en que las Fuerzas Armadas constituían un tema que sólo

podía verse bajo los prismas deformantes del misterio, p del miedo, o del halago, o de la mitificación.

Para ello será útil recor-dar qu>aun en tiempo de p?*¿-en esas Fuerzas Armadas los militares

profesionales sólo son una minoria.

 

< Volver