Autor: Reinlein García-Miranda, Fernando. 
   Los partidos se someten     
 
 Diario 16.    15/10/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 10. 

Los partidos se someten

Femado Reinlein (Ex capitán y ex militante de la UMD)

La unión de las fuerzas democráticas para elaborar un proyecto de amnistía común abrió la esperanza de

que, de una vez por todas, se zanjase una cuestión necesaria e imprescindible para la convivencia de los

españoles. Pero pocos días después, un proyecto que tenia más de contrapropuesta para la negociación

que de auténtica alternativa en ese campo era anunciado por la UCD, partido en el poder. Cuando las

negociaciones para elaborar un proyecto común comenzaron, el tema de la amnistía militar se convirtió

en el caballo de batalla en el que poco a poco los grupos parlamentarios fueron cediendo ante la

intransigencia de la UCD, que, según manifestó uno de sus representantes a la prensa, era "un mero

portavoz de las autoridades militares".

Media hora después de acabado el plazo para llegar a un acuerdo, los medios de difusión dieron a conocer

el texto del mismo, en el que, como se esperaba, fueron excluidos los militares de la república y loa

militares de la Unión Militar Democrática. Algunos observadores políticos e incluso miembros del

Senado y personalidades políticas juzgaron este hecho como un grave precedente, al reconocer en él la

existencia de un "lobby" que condiciona las decisiones del Parlamento.

Y lo grave es que todo ha sido hecho en base a un planteamiento erróneo de la situación, en cuyo análisis

aparece una auténtica intoxicación de noticias alarmistas y una infravaloración de lo que la Corona

representa en el seno de las Fuerzas Armadas. Estas, una vez más, eran utilizadas como coartada para

justificar intereses y maniobras políticas, mientras que un informe del Ministerio de la Defensa, hecho

público en esos días, intentaba ofrecer una nueva imagen de la institución militar y de sus planteamientos.

La contradicción era evidente.

Las consecuencias de un planteamiento erróneo

El fantasma de un golpe militar, sabiamente utilizado en las Cortes, no deja de ser eso, un fantasma,

un tigre de papel sin consecuencia. Sin embargo, una intransigencia discutible por parte de determinados

sectores de las Fuerzas Armadas y un no menos discutible pragmatismo por parte de sectores de la

oposición culminaron oon el grave precedente de dejar escapar al control parlamentario un sector definido

de la sociedad. Pero existen otros dos aspectos que en conciencia deben ser expuestos.

La exclusión de los militares de la república, tácitamente aceptada por los partidos al suscribir el acuerdo

común, además de un error presupone una tremenda contradicción. Estos militares, al defender la

legalidad vigente entonces, defendieron en definitiva los principios y aun la mera existencia de los

partidos que ahora les niegan la posibilidad de tener acceso a un derecho que les debe ser reconocido. Y

con el agravante de que, por imperativos de la edad, ningún problema de escalafonamiento impedía que

se les reconociese el grado que ostentaban al terminar la guerra civil, en la situación de retirados.

En cuanto a la UMD, representó desde su creación un símbolo del movimiento democrático en el seno de

las Fuerzas Armadas. Con su actividad en el régimen anterior y su actitud después, no hizo sino defender

unos presupuestos que son los que rigen la legalidad vigente. El respaldo popular de que gozó ha

desaparecido al negarle las fuerzas democráticas su apoyo en las Cortes. Y eso después de que, con la

autodisolución de la UMD, se renunció a todo tipo de protagonismo, nunca deseado por otra parte, para

ponerlo en las manos de los representantes de la voluntad popular en el Parlamento.

Y ahora, ¿qué?

El Gobierno es consciente de que las condiciones objetivas para un golpe de signo reaccionario hoy no se

dan en España. Pero sabe también que el deterioro de la situación económica, laboral y, en definitiva,

social, que en los próximos meses podría llegar a la cúspide si no se pone remedio a ello,

representaría una situación muy distinta en ese campo y las condiciones objetivas que hoy faltan podrían

llegar a darse. Por esa razón el Gobierno pretende contar con el apoyo de toda la oposición para evitar que

se llegue a ese punto y dejar sin argumentos a quienes piensan en una solución que signifique la vuelta a

presupuestos del pasado.

Para lograrlo debe, desde su punto de vista, renunciar al control por el legislativo en un sector tan

importante como son las Fuerzas Armadas, esperando solucionar la crisis económica para, sin argumentos

ya los representantes de la reacción en su seno, poder emprender una reforma profunda y necesaria. Pero

este planteamiento y su puesta en práctica lleva consigo unos riesgos que se harán más agudos con el paso

del tiempo.

En primer lugar, cabría preguntarse si se puede caminar hacia la recuperación del país con una espada de

Damocles aceptada a priori. Pero aun dando por senta-áo que es posible, cosa por demás liarto optimista,

el peligro subsiste.

Un aislamiento del sector militar, que respetase incluso el juego parlamentario, conlleva una serie de

contradicciones que no hacen sino agravar la situación y dirigir el proceso hacia altas cotas de

peligrosidad en absoluto necesarias. Reformas y decisiones que hoy se-rían posibles, con un riesgo

controlado, serán, después de concesiones como las señaladas, no ya más difíciles y peligrosas, sino

incluso imposibles. Si echamos un vistazo a la historia, guardando las debidas distancias, nos

encontraremos con un análisis similar al de la restauración borbónica que culminó con la ley de

Jurisdicciones de 1906. Y sólo hay que recordarla para ver en qué concluyó.

Resolver los problemas hoy con un riesgo controlado^ calculado, siendo conscientes del ascendiente de la

Corona en este campo y no infravalorando su trascendencia, es una vía mucho más lógica que esperar a

que el tiempo ayude a resolver una situación que, en contra de lo esperado, sera mucho más conflictiva en

el futuro sí no se pone remedio ahora.

 

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