Autor: García Martínez de Murguía, Prudencio (MARCO AURELIO). 
   El Ejército garantiza el avance de la democracia     
 
 Informaciones.    01/10/1977.  Página: 1,12. Páginas: 2. Párrafos: 15. 

INPORMACIONES

Politicas

Revista semanal de Politica Nacional y Extranjera

NUM. 119

Sábado 1 de octubre de 1977

EL EJERCITO GARANTIZA EL AVANCE DE LA DEMOCRACIA Per MARCO AURELIO

EN fechas recientes han saltado a Jas páginas de la Prensa diversas noticias coineidentes oo sote en el

momento escogido para sn aparición sitmaJtánea, sino también en su- eví-deate intencionalidad. Por una

parte se informa de una campaña, de difamación destacada contra el viepresidente primero y ministra de

Defensa, en forma de panfletos anónimos enviados a unidades´ militares; por otra, y desde las páginas de

ua vespertina de tendencia sobradamente conocida, se trata a dicho vicepresidente en términos no

precisamente respetuosos, al designarle a secas por su primer apellido y omitir toda alusión a su categoría

militar, en contra de la norma generalizada y habitualmente respetada de ao&poner ésta a aquél, incluso

cuando se trata ^e generales >S almirantes retirados largo tiempo atrás;" por otro lado, y en idéntica línea,

se hace pública la npta difundida por una Junta" provincial ">le cierto gr»p© político no .menos conocido

—aunque extremadamente minoritario^- en la qae se reprueba la declaración efectuada en Méjico por ef

dtado~ministro de Defensa en el sentido de que el Ejér-cito garantida el avance de la democracia»". El

argumento -básica utilizado para esta reprobación e& nada menos que el siguiente: *la democracia es un

sistema político concreto, y como tal rio debe .ser garantizado por el Ejército. A esta cariosa

interpretaeióa, la nota citada añade otra acusación adicional: la de «desunir al Ejército» al efectaar este

tipo de declaraciones.

No- liacen falta especiales dotes para´ comprender que este conjunto de datos • «-rdneluso prescincH.en´

d©> de otros rumores: - y confusas noticias, ni claramente confirmadas ~rá rotundas» en te desmenti-

das^- no" revelan: otea cosa que" un üitento de poner éft entredicho la ejecutoria peráonal del" citado

´vicepresidente, y,´ a. trates d§ ttna dura critica ejercidal contra el mismo, atacar .la -gestión del actual

Gobierno en sus aspectos relacionados- con. Xas fueteas armadas, y —por qué no decirio— al Gobierno

en - su ´conjunto- y, so.bre todo —he ahí el objetivo final—, a la totafidad del" sistema democrático

emanado de las urnas y establecido con arreglo a los deseos\mayo-ritorios del pueblo español.

Ante estos hechos, quienes amamos al Ejército Ip suficiente para sentir sus problemas, como nuestros, y

quienes comprendemos -hasta,- qué extremo -están intimamente correlacionadas en.-nuestro país la

imprescindible- consolidación, de su democracia y la- actitud´. ´asumida por sus fuerzas armadas, :no

podemos por menos tte aportar núes* tro grano de´• arena, para salir al paso de tal"campaña,´ tan injusta

como sospechosamente sincronizada.

Empezaremos por, manifestar que la afirmación del ministro "de Defensa- de que él Ejército garantiza el

avance de la democracia en nuestro país, resulta., a nuestro juicio, plenamente válida y absolutamente

correcta, incluso desde el punto de vista de la más rigurosa ortodoxia constitucional.. El artículo 31 de la

ley Orgánica del Estado, de 1967 —aún vigente, mientras no se promulgue la nueva Constitución—,

atribuye a las fuerzas armadas, entre otras misiones, la de garantizar la defensa del orden institucional.

Dado que dicho orden, institucional es, por el mo* meato, el constituido por las llamadas Leyes

Fundamentales, ífc más reciente de las cuales —aprobada por -las Cortes Españolas el día 18 Se

noviembre de I9?6´y abra-madoramente refrendada por referéndum na>áonal el 15 de diciembre del

mismo año—, institucionalizó para nuestro país un régimen de (femoeracía plural de tipo par-laninetario

occidental, resulta evidente que dicho sistema democraticé, tegalmente establecido con rango de ley

Fundamental, pasó a formar parte de ese orden institucionall que el Ejército está- obligado a defender y

garantizar.

De ahí que resulte plenamente fundamentada, y ajustada a derecho, la, afirmación de que el pro>-ceso de

avance y consolidación de tal sistema democrático —dado el carácter institucional de éste— debe ser

garantizado y defendido por el Ejército en el legitimo cumplimiento de su misión.

SORPRENDENTE ACUSACIÓN

Resulta, por tanto, sorprendente que pueda acusarse d« dividir al Ejército • a quien pronuncia .una frase

que compendia • en sí misma, mejor que cualquier otnv la actual misión del Ejercita en su vertiente

politica, a fe laz del vi-gttite ordenamiento institucional. Y obsérvese que aquí la palabra política tieíte la

más alta, neutral y apartidista de sus acepciones: sé tratare la Política con mayúscula! de la política del

Estado, no de 1% política de los partidos. Se trata de la, política cuya meta, es garantizar que los diversos

partidos puedan hacer sus políticas tes* pectiras. Se trata de la política dé la fidelidad a- fe, Patria, & 1&

Corona "y a las instituciones legf-tíznamente constituidas: política rigurosamente apartidista," cuyo otoje-

tivo no es ,otro que garaatfear ese pluralismo exigido per mandato expreso de la voluntad: -pepttlar.

Pero aún mucho más, sorprendente resalta observar/ que ´quienes .protagonizan, dicha ofensiva son,

precisamente, quiénes en .forma más irresponsable atent^i» contra fe unidad "militar. Porque e» estos

momentos, el más directo, si no el único,- ataque a la unidad de las fuerzas, armadas procede de quienes

conscientes a nede ello— se obstinan en preteafl»1 que el Ejéreito siga -un camtó» divergente del

libremente escogido por la- na-´cióii en x forma tan decidida,, reiterada y aplastantemente mtbyorítaria.

"Si algo puede res^aetaáiar te. unidad de unas fuerzas armadas, si algo puede introducir teasfones, y

fisuras entre los miembros, de un Ejercita —«le un Ejército cons-titucionalmente obligada » respal-dar la

democracia— «s toratarte ana y otra vea a, menospreciarla, rechazarla o interrumpiría,

Nadie puede, en nombre d« ningún principio válido —ni ético, ni patriótico, ni de ningún otro género—,

pedir a unos militares profesionales, que deben fidelidad a un -Estado legalmente establecido por

exigencia,, mayorttaria- de su pueblo, que rechacen diéha fidelidad pensando y actuando con vistas a la

implantaeión de ,otr& upo de Estado cualitativamente diferente, sólo porque así lo desee un sector social

agudamente minoritario qae pretenda imponerlo a la abrumadora majoria que lo rechazo. Sería esta una

pretensión cómica, si no fuera porque SHS resultados podrían resultar dramáticos.

DISCIPLINA Y FIRME SERENIDAD

Existe un punto concreto sobre el cual las fuerzas armadas preci-san, a nuestro juicio, teñe? ideas

especialmente claras, máxime en momentos como los presentes! nuestra todavía, joven y escasamente

experimentada democracia, pese a haber acreditado a través de las urnas un indiscutible consenso mar

xoritario » nivel nacional, ha sido, es y seguirá siendo, por algún tiempo, ferozmente atacada por minorías

irraeionaies de derecha e izquierda, mediante actos" criminales como los. q«e estas pasadas fechas

acabamos de padecer. Quienes fríamente asesinan & un humilde trabajador en Barcelona o a un servidor

dej orden e» Madrid, tienen, tío. enemigo común: nuestra democracia. Esta democracia pluralista, que el

pueblo español ha escogido con plena conciencia, como formula de convivencia digna y civilizada, pese a

la que sectores tan fanáticas, como numéricamente insignificantes están interesados en des-estabfflzar y

destaiir, sustituyéndola por fórmulas totalitarias que el país ha rechazado con rotundidad.

Tengamos presente que la democracia, precisamente por ser el sistema político más valioso y avanzado

—el más humano, civilizado y exigente en materia de libertad, justicia, derechos y deberes cívicos—,. no

es ningún regalo que se otorgue gratuitamente a la sociedad que la desee, sino un bien común´ que ha de

ser afianzado, consolidado y defendido con tenacidad S- resolución. Responsabilidad" esta que incumbe a

todos los estamentos de la sociedad, pero aún en mayor grado al Ejército*, al Que específicamente ha,

sido "encomendada tal defensa, y garantía por vía institución». Y el arma más poderosa e imbatible para

ejercer dicha defensa no es otra que la´ disciplina y firme serenidad de las fuerzas armadas;´ serenidad y

disciplina tanto más admirables cuando los efectos de la agresión criminal les alcanzan en su propia

carne, abatiendo vilmente a alguno de sus miembros.

Es preciso demostrar a los enemigos de >nuestra convivencia, que no son otros que los enemigos de

nuestra democracia, que ésta no se dejará abatir por ningún tipo de crímenes. Y en este empeño, las

fuerzas armadas tienen, un. decisivo papel a desempeñar,, como firmes defensoras, de esta democracia tan

insidiosamente atacada desde ambos extremos del espectro, Poique, en términos objetivos, ortodoxos y

legalmente irreprochables, y con Absoluto respeto a su más estricto apartidismo, no soló el ministro de

Defensa, sino todo el estamento militar español —desde el Jefe del Estado ly capitán general de los

Ejércitos hasta el último sabodieial del escalafón*--tiene perfecto derecho a proclamar que la democracia

no es solamente una de las formas políticas posibles, sjno precisamente la forma institucionalmente

establecida para nuestro país, por expreso deseo de su pueblo, libremente, expresado en el legítimo uso de

su soberanía.

 

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