Un ejército para la nación     
 
 Pueblo.    07/10/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

UN EJERCITO PARA LA NACIÓN

HABRÍA que desechar todo intento de enjuiciamiento global de un texto dé 15 apretados folios, con el

cual el ministro de Defensa expone ante los cuadros de mando de nuestras Fuerzas Armadas los proyectos

del nuevo departamento ministerial, que ha absorbido en un organismo único, como sucede de hecho en

todos los países desarrollados del mundo, a los que antes eran ministerios separados —a veces,

demasiado— del Ejército, de Marina y de Aire. En poco más de un año, la voluntad de organización

militar española ha dado pasos de gigante, aunque se esté en el comienzo de una obra que puede llevar

incluso años, porque no se cambia por arte de magia ni la estructura ni el espíritu de los ejércitos, que son

piezas tan constantes en la vida de la nación como su geología, o -su paisaje, o sus catedrales. Si es el

pueblo el que hace a los ejércitos, en definitiva los pueblos son después los que logran ser sus Fuerzas

Armadas, y aquí casi siempre nos hemos dedicado más a llorar los desastres, desde Ayacucho hasta San-

tiago de Cuba, que a la más importante tarea de tratar de evitarles. No muy lejos quedan aquellos tiempos

en que nuestra Marina sólo contaba.con 34 toneladas diarias de carbón, en que teníamos 28.000 jefes Y

oficiales para un Ejército de sólo 80.000 hombres —sucedía esto en torno a 1900—, y en que el material

era tan pobre y parco que, como en Alcolea, sólo se disponía de dos baterías con cañones rayados. ¿Es

permitido decir que muchas veces hemos querido vivir más de nuestras glorias, indiscutibles, que de

nuestras modestísimas realidades? Caros pagó estos errores el Ejército, y caros también el pueblo, que

tuvo que sufrir de su impreparación en muchos casos. No hubiésemos conocido un Annual si hubiera sido

mejor la información y si la logística hubiera funcionado. Hay que proclamar siempre que lo caro no son

los Ejércitos: lo ruinoso son las derrotas y los desastres.

LA instrucción dada a los tres Ejércitos

por el Ministro de Defensa y Vicepresidente del Gobierno, general Gutié-rrez Mellado, no es ni una

improvisación ni un escrito que puede ser polémico, porque responde a cuestiones reales y sentidas por

todos en cada uno de sus bien cortados párrafos. Remotos quedan aquellos tiempos que acusaba él general

príncipe de Ligne cuando decía que «los que escriben no van al cuartel, y tos que van al cuartel no saben

escribir», y salvo los propios jefes y oficiales se disponía tan sólo de iletrados. La actual formación de los

ciudadanos, ha conducido a un nuevo espíritu en la tropa y en los cuadros. Para estar seguro sobre el

planeta —siempre amenazado por una conflagración inesperada-— los españoles necesitamos más que

nunca de los medios de nuestro Ejército, para no tener tan sólo el Ejército de nuestros medios, casi

siempre escasos, y después lamentarlo. Ahora han de hacerse reformas para estar al nivel de los ejércitos

mejor preparados y dispuestos, lo mismo en la moral que en material y en los cuadros. Por eso se trata de

«conseguir unas Fuerzas Armadas firmes, solidarias, modernas, operativas, unidas, adecuadas a las

posibilidades económicas y sociopolíticas nacionales». Aquí todos hemos cantado las glorias de los

Ejércitos, pero nos olvidamos de darles los recursos precisos, y tiempos hubo —¡si no los hay todavía!—

en que ganaba menos un coronel español que un suboficial norteamericano. Pero no creamos sólo que la

fuerza está en el material, sin el cual sólo quedaría el ánimo, porque también se trata de «devolver

ilusiones y esperanzas a todos cuantos vestimos el uniforme militar». Hoy la Defensa es una tarea global

en la cual no se acude a las fronteras para defender a la Nación, sino que antes es preciso saber acudir a la

Nación, a su voluntad y su espíritu, para poder defender las fronteras ante fuerzas internas contrarias, a

veces sutiles, pero funestas siempre en la retaguardia. No se trata sólo de lograr las grandes unidades tipo

OTAN, sino también de estar dispuestos ante una subversión que puede dejar a los Ejércitos apuñalados

por la espalda. De ahí que esto sea «obra de todos» y no sólo de militares. Sin una firme voluntad

nacional de Defensa de poco servirían los recursos castrenses. No olvidemos a Cassola, cuyas reformas

—planteadas en 1885— sólo se realizaron medio siglo más tarde.

HEMOS llegado a un tiempo nuevo, en el cual se requiere una buena ley de Defensa Nacional y, también,

una readaptación a la época presen-te de las admirables Ordenanzas de Carlos III, que, ¡ay!, tienen más de

dos siglos y estaban hechas para muy reducidos ejércitos de profesionales. Hoy sé requiere que todos los

ciudadanos, y los militares ante todo, formen «pina unida y disciplinada, conscientes de la labor y

cometidos trascendentes de los Ejércitos». Para eso, lo que hace falta es la cohesión en el servicio a la

Patria, y lo que sobra, como hierba dañina y mala, es el rumor, la crítica negativa, la instigación insensata

al cuartelazo, «saliendo al paso del bulo y maledicencia, y de todo aquello que pueda romper la necesaria

unión entre los miembros de los tres Ejércitos». En tiempos padecimos una «prensa militar» disgregadora,

que vivía de los fondos de reptiles, y ahora hemos de huir de toda prensa que se atribuya el monopolio del

patriotismo y de la bandera, o que piense que los Ejércitos son para la defensa de una cierta clase social y

de unos notorios y egoístas intereses materiales. Las Fuerzas Armadas son de la Nación, porque salen del

pueblo, y la voluntad popular unida es lo que forma la columna vertebral de una defensa válida. Son los

ejércitos del pueblo, y no los enquistados en torno a oligarquías declinantes, los que ganan los grandes

combates.

SIN exceso- alguno, podría decirse que el «Informe General» que comentamos está destinado a

convertirse en una pieza básica de nuestra litera-tura militar contemporánea, como dirigido singularmente

a militares, de los cuales decía Canalejas —un indiscutible liberal— que «o el militar es más patriota que

los demás o no es un buen militar». Tal Informe no está hecho en defensa de otra cosa que no sean la

Patria, la Monarquía y la Democracia, «que es la forma de gobierno de los pueblos adultos», como escri-

bía Gastón Bouthoul, ese gran especialista civil en temas castrenses. En definitiva, se trata de prestar «un

mejor servicio a la España futura, en paz, libertad, justicia y orden que todos anhelamos». Ahí está lo

mejor del nuevo espíritu militar, cuyof ind ebe ser uño: que ¿España tenga la Defensa que reclaman

nuestras nuevas circunstancias. Hoy la Nación espera que sus Ejércitos estén a la altura de la difícil

historia por la cual nos toca transitar. Vamos todos juntos, y los militares los primeros, a vertebrar a Es-

paña.

 

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