Autor: Jiménez de Parga y Cabrera, Manuel (SECONDAT). 
   El primer gobierno de la Monarquía     
 
 Informaciones.    03/07/1976.  Páginas: 1. Párrafos: 15. 

El primer Gobierno de la Monarquía

Por Manuel JIMÉNEZ DE PARGA

AUNQUE se dijera que el Gobierno formado después del 20 de noviembre era el primero de la

Monarquía, realmente no lo era. El Rey heredó a don Carlos Arias Navarro. Algunos ministros se han

esforzado, a lo largo de los últimos siete meses, para introducir ciertos cambios, y no cabe duda de que

consiguieron modificar el clima cívico del país. Sin embargo, los Gabinetes llevan en la historia el

nombre de la persona que asume la jefatura de los mismos —Gobierno Maura, Gobierno De Gasperi,

etc.—, y esta presentación externa revela dónde se halla el centro de las decisiones.

Es ahora cuando va a constituirse el primer Gobierno de la Monarquía. Es en estos días cuando vamos a

poseer datos concretos para enjuiciar los proyectos de abrir este país a un proceso inequívoco hacia la

democracia.

Hay que lamentar que la gran decisión de la Corona tenga que tomarse antes de Que el pueblo español se

haya pronunciado libremente en unas elecciones generales. No se sabe aún con certeza lo que desea la

mayoría del país. Sólo contamos con indicios. No obstante, en este último período de tolerancia

informativa se ha ido conociendo que los españoles aplauden determinadas actitudes, al tiempo que

muestran su desagrado respecto a otras.

Y también se ha demostrado que este pueblo ha adquirido un grado elevado de conciencia cívica. No

somos diferentes. Las dosis de libertad de que se ha dispuesto fueron empleadas para la defensa de causas

justas, de un modo análogo a como se utilizan las libertades en las naciones de Europa con las que

pretendemos homologarnos.

Sólo hay indicios, pero indicios racionales.

DESTERRAR MALOS HÁBITOS

El nuevo Gobierno, el primer Gobierno de la Monarquia, deberá estar al mismo nivel de desarrollo

político en que se encuentra el pueblo.

Hasta ahora se ha vivido en un clima de confusión. Por un lado se tomaban medidas que suponían un paso

adelante en busca de la democracia. Pero, por otro lado, el mismo Gobierno seguía comportándose de

acuerdo con los hábitos del pasado. En la calle se dudaba de los buenos propósitos. La confusión reinante

ha estado acompañada de sentimientos de inseguridad.

El nuevo Gobierno deberla tener coherencia interna y un proceder consecuente con los principios que

anuncie.Be sabe cuáles fueron los Ministerios que funcionaron mal, ya sea por incapacidad de sus

titulares, ya sea por la incompetencia de los colaboradores que ellos eligieron. Sería un error seguir la

norma del antiguo régimen, en el que asistíamos asombrados A la casi perpetuación en ciertas carteras de

quienes peor las habían desempeñado.

Unos cuantos ministros del Gabinete de Arias —no muchos— son los que han impulsado el proceso

de cambio. Resultaría también lamentable que fueran precisamente ellos los que dejasen su tarea a medio

realizar.

Las monarquías democráticas se asientan en bases firmes porque presiden la gobernación del país

por los representantes de la mayoría del pueblo. Cuando en esos reinos existe un sistema de partidos bien

articulado, el Rey sabe quien interpreta mejor la voluntad de la nación y le encomienda la formación del

Gobierno. En caso de duda, el Rey, que no gobierna, pero reina, refuerza con la confianza de la corona a

uno de los posibles aspirantes.

Los jefes de Gobierno sin mayoría popular demostrada en las urnas se ven obligados a realizar un gran

esfuerzo para ganarse el aprecio de la calle. Tienen que abandonar las posiciones personales o de grupo,

tienen que olvidarse de normas y costumbres políticas de épocas pasadas. Su éxito depende del grado de

sincronía que alcancen con lo que es hoy aspiración generalizada.

Se ha podido comprovar, en la etapa de información tolerada, que el pueblo tiene sed de justicia, que se

espera que comience un dia la batalla contra la corrupción, que el caminar hacia la democracia se

considera lento, que la gente esta cansada de ver siempre en escena las mismas caras, que las pensiones

de los jubilados son para morir, que los privilegios no han desaparecido, que las clases y las regiones

oprimidas no han mejorado, que faltan escuelas, que la vida está carísima, que los capitales se evaden

impunemente, que los pobres son cada vez más pobres...

El ropaje científico y técnico con que han querido justificarse estas realidades no convencen. El nuevo

Gobierno, sin el previo apoyo de los votos obtenidos en las urnas, tendrá que ganarse con su acción eficaz

la adhesión de sectores amplios, a ser posible de la mayoría del país.

La inactividad, la inoperancla, el caminar receloso o con la mirada fija en un ayer por fortuna superado,

tendrían ahora efectos especialmente dañinos, políticamente hablando. Porque va a ser, real y

verdaderamente, el primer Gobierno de la Monarquía.

 

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