Autor: Busquets Bragulat, Julio. 
   El sistema penitenciario militar     
 
 Diario 16.    04/08/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 13. 

Jueves 4 - agosto 77/MARIO 16

El sistema penitenciario militar

Julio Busquets

En las dos últimas semanas naa ocurrido tres importantes hedios de incidencia decisiva en el siste" ma

penitenciario español: primero, entre." el 18 y el 21 de juBo se amojonaron los presos de varías cárceles -

pidiendo mejoras en él sistema,-judicial y en el penitenciario.: Segundo, el día 28» al exponer ante el

Congreso de Diputados el programa de sus partidos, los1 líderes de la oposición señalaron, como urgente

necesidad, la reforma def sistema .penitenciario. Tercero, en. el Consejo de Ministerios del; viernes 29 sé

aprobó la reforma del> aetaal Reglamento interior de las prisiones.

Esta reforma, qus consideramos de gran importancia (aunque sea sólo una solución transitoria kastá que

las Cortes elaboren- una nueva ley general Penitenciaria) establece mejoras en la redención *te penas por

el trabajo; en eL régimen de visitas, "respetando la intimidad familiar" y limita las sanciones en celda´de

aislamiento.

Como quiera que, sic embargo; el nuevo reglamentó no afecta a las prisiones militares, deseo con este

artículo llamar la atención sobre ellas, ya que actualmente existen una docena de prisiones militares, que

albergan una población: penal de varios centenares de personas, que viven en una situación´ parecida a la

de los presos civiles,: con la esperanza de que las mejoras aprobadas alcancen también, a ía citada

población penal.

Problemas

El haber vivido medio año en dos prisiones militares me permitió conocer las dificultades existentes en

las nüsmas y saber que los problemas del personal dé tropa en prisión son, en líneas generales, los

mismos que los de los presos comunes, por lo que creo que sí el el malestar no se ha manifestado

mediante algaradas y motines no es porque en las prisiones militares exista mayor bienestar,, ano,

simplemente, por la mayor gravedad que estos hechos revisten dentro dfa los establecimientos multares.

Concretamente, pude observar los .siguientes problemas:

1,—Es frecuente que el consejo de;guerra no se celebre —a causa

de los trámites procesales— has-; ta. varios meses, después del ingreso en prisión, con. la que á veces S6-

produce la paradoja de que, el tiempo de condena ya cumplido es superior al que impone la sentencia.

2.—Para . redimir penas -por el trabajo se precisa la autorización de la autoridad judicial militar, que na

siempre • la concede,, con. Icr que los presos a los que no se otorga íaí beneficio permanecen, lógica-

mente, ociosos durante meses,- /a que. por otra paute so se pnede obligar a trabajar a quien no ha sido-

condenado a trabajos forzados, y con cierta lógica, tes presos a Ios: que- se niega la redención .de penas,

por el trabajo se suelen negar a.trabajár.

3.—Aun cuando en el régimen de visitas suele existir cierta tolerancia, ésta, "de heeho^, es un poder

arbitral que los directores de las establecimientos regulan de acuerdo con las normas, que para cas*

concreto se dáa desde Capitanía. Y así; los militares qse en te ices, úlíimosr anos San:.estado detenfifos; o

arrestados pez CHESÜÍS-Hes políticas han tenido muefias más. restrieiones que. fes dfemás. Peso? fra

habido ato casos pecases: Estando en el Castillo de Figueras en febrero de 1975, constaté qsEe unos ocho

o diez testigos de Jehová aK encarceladas soto podían reei-Mr visitas una vez: al mes» düraiJ-fe sfflo un:

cuarto de, hora y enrpre-sescfe del oficial de guardia,

4>—Eii .algunas prisiones —como la ülümaniente citada y en la £e-efia indicada— el recluso comóa no;

está internado en una prisión más- o; menos amplia, sino en un calabozo, con lo que "Se hecho"

permanece en una celda de aislamiento feí solitario" en el argot carcelario) duraste varios ,; meses,

east%o éste durísimo, que queda claramente prohibido por ´el nueva reglamanto.

5.—En las prisiones para la fer.o-pa existen las mismas lacras que en todos los penales de España y del

mundo. Me refiero obviamente a las drogas,"la homosexualidad y la violencia-interior, y nadie debe

extrañarse ni escandalizarse, ya que tales lacras son consecuencia precisamente de una situación de

exacerbada represión y´sólo puede ser corregidas mediante una humanización del sistema penitenciario,

en él´senfcid» que apunta el nuevo. reglamento- Bicho en otras palabras: de tales males no soa res-

pxffisafoleg ni los- desgraciados que los padecen, ni "la dirección de te establecimientos, sano el sistema

jurídico-político, que obliga a vivir a cientos de hombres durante años en un reducido espacio de metros,

sin desahogar su energía ni por el trabajo, ni per el deporte, ;ni con la vida matrimonial.

Necesidad de abolido

Los problemas antes citaáos-, desgraciadamente ciertos,, jr a tos que se podrían añadir varios más, obligan

a meditar sobre la conveniencia de mantener Instituciones Penitenciarias separadas para las Fuerzas

Armadas! y más para cada une de los tres Ejércitos, y a veces, para cada Capitanía, Kesutta lógica

mantener actualmente cerca de una docena de pasiones milita-res sola para el Ejército de Tierra JF

además ´ofras separarías para los oíros Ejércitos* El que? exfs--tan prisiones» como la efe Porte Pl en

Mallorca, la Palma déí Ferrol o San Julián: en Cartagena (eos. sus mandos, vigilantes y presupuesto}, que

a veces no tienen tí na seto praso, y cuando más, tienen media docena, es un auténtico despilfarro

económico y un "perjuicio para eí presupuesto mflitar.

Por otra parte» un sistema penitenciarlo separado gara las Fuerzas Armadas no tiene actualmente razón de

ser, ya que las Instituciones Penitenciarías existen, y así lo reconoce el nuevo reglamento, para reeducar y

reinsertar al preso en la sociedad, teniendo esta tarea una especificidad fundamental que sustantiva a toda

Institución Penitenciaria, sea militar o civil, y la iíi-fereneia y separa totalmente de ´.a Institución Militar,

concebida con fines totalmente distintos y .dotada consecuentemente, de medios que no guardan niguna

relación con la labor penitenciaria y son^ por tanto, inadecuados para ello.

En efecto, toda prisión debe contar con un personal altamente especializado para cumplir su labor;

personal con el que cuenta, al menos en teoría, la Dirección -General de Prisiones, pero que ni existe,

ní tiene por qué existir en las Fuerzas Armadas, con: lo que la.dirse-cíóa dé. sos? esíablpeimtortoa.

penales suele estar -en manos --de jefes del grupo B (primera reserva), a los que no se exige ninguna

preparación especial; ni en Derecho; ni en Psicología. Además, la vigí-lacia y el orden interior son CCKI

fiados a personal de tropa, o tógie-narios, ^ue resultan inadecuados para ello. A modo de ejemplo, citaré

dos hechos^ que observé en el Hacho y consideró especialmente relevantes al respectar En CKF-ta

ocasión, un vigilante^ que era legionario, se fugó con dos reclusos que eran antiguos coHmañéEos suyos;

Otra vez,, un, vigilante .de. ser´ vicio quedó ingresado en la prisífe como consecuencia de.-una orden del

juez por un delito cometMo; hacía álgún tiempo.

Además> una prisión debe contar con medios para facultar la rejnserción del preso: clases de

analüafietos, taüeces; para afrenier ofíeHB; y para reáímiE patas p»r el trabajó»,, salas -efe- leetiffiav

bffiáo-tecai,: cines, caragos de d^ffitesret-eéteBa¿ ast como am aa^fc eqíp» es esaeeialistas,. que áefe

afeafeaE desde la "asistenta .social y el abff-gadoi al psicólogec j eí psíiipfetsra; Evidentemente* estas

pueden exist» ea las jsrisfenes m£-Iftates, que; por fetátfrs siempre tea-, dirán; un funcionamiento

precario; f que resMirán maí la cian^Eatífe con ías prisiones cívítes^ s^ass- t&Set a medida que^se

modéeníeén; y/ an.-maniGen. Eh eonsecuenefe,: ei pEes-tigio de las Fuerzas Arresaáss el ahorro del

presupuesto de nuestra -maltrecha economía y la, reeducación dé Iqs reclusos parecen señalar la

conveniencia de suprimir ías prisiones militares; pasando su población pénala las prisiones civi-les y a los

arrestados a las instalaciones militares Eit cuanto a los castillos y fbrtatezas, que aer tualmente no tienen

ninguna atük dad militar y, por supuesto, carecen totalmente del mínimo de condiciones que debe reunir

un centro penitenciario, deberían ser cedidos a los Ayuntamientos y Diputaciones, que podrían amortizar

sus elevados gastos de conservación ati-lizándolos como museos, paradores de turismo o para lo que

juzgues más adecuado.

 

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