Autor: Sánchez-Gijón, Antonio. 
 El Ejército español hoy/y 3. 
 La reorganización no impedirá el crecimiento de la fuerza     
 
 El País.    02/08/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 8. 

El Ejército español, hoy/y 3

La reorganización no impedirá el crecimiento de la fuerza

ANTONIO SANCHEZ-GIJON

Hemos visto en un artículo anterior que*los problemas que frenan el aumento de la fuerza dentro del

Ejército de Tierra tienen su origen en una estructura adversa del gasto, el cual, a su vez, se debe, en gran

medida, a una estructura adversa de la pirámide de empleo. Por eso, las preocupaciones del mando se

dirigen esencialmente a «una reconsideración de la actual estructura del Ejército y a «reducir o suprimir

órganos y unidades» (ministro del Ejército), y a lograr que las plantillas se ajusten «a las necesidades que

resulten de dicha reorganización» (teniente general Gutiérrez Mellado).

No parece clara hasta ahora, en las expresiones del mando, que la reducción de las plantillas y unidades

pretenda producir un incremento directo de las inversiones. Es dudoso que esa liberación de recursos

pueda producirse. En efecto, la disminución del número de oficiales y unidades no supone, no puede

suponer, sino un ahorro marginal de medios económicos. Los derechos activos de los que salen del

Ejército se convierten en derechos pasivos ante el Estado.

La reorganización parece tender, más bien, a la liberación de trabas organizativas y funcionales que

impiden el aumento de la fuerza de unas unidades muy seleccionadas. En esta dirección parece apuntar el

escrito dirigido por el entonces jefe del Estado Mayor Central, Gutiérrez Mellado, a todas las unidades, a

primeros de 1976, cuando decía: «Pero sólo hay dos caminos para dotar unas Fuerzas Armadas de

armamento y material y de la infraestructura necesaria para su mantenimiento y abastecimiento: el de la

economía, que es el de los países ricos. Estos fijan unos objetivos de fuerza, y deben conseguirse con el

menor gasto posible, pero sin que se limite éste. Y el de la eficacia, que corresponde a los países que

tienen unos recursos li-mitados con los cuales han de conseguirse unos objetivos de fuerza que sean lo

más eficaces posibles.» Se trataría, pues, de la aplicación de técnicas que permitan seleccionar el aumento

de fuerza, más que una reforma basada en reducciones drásticas de personal, y un aumento del

presupuesto del Estado.

En este orden de medidas, ya se ha anunciado repetidamente la actualización de las normas de ascenso,

para que la antigüedad no sea el criterio exclusivo de promoción; el Ejército se halla con retraso respecto

de la normativa del Ejército del Aire y la Marina, en este campo. Se trata también de una reconsideración

de los tiempos máximos y mínimos de permanencia en el empleo, lo que dará lugar a un rejuvenecimiento

de los cuadros, usando como instrumento de selección los exámenes físicos y los cursos de formación.

Igualmente, se favorece de modo expreso la mejora de las condiciones de vida y ascenso de los

suboficiales, verdadera correa de transmisión del mando y de la organización. En ñn, se anuncia ya desde

hace bastante tiernpo una reducción del tiempo en filas a un año, poniendo más énfasis en hacer del

soldado un buen combatiente, mediante el aumento del tiempo de maniobras y reducción de la instrucción

mecánica del orden cerrado.

Otras medidas reorganizativas esperan en los cuadernos de apuntes. Altos mandos militares han re-

comendado la eliminación de seis capitanías generales, dejándolas reducidas a tres. Otros apuntan incluso

a la creación de un mando unificado del Estrecho. Algunos piensan que sería necesario incluir métodos de

valoración del comportamiento de las unidades.

Parte de las medidas se dirigen a una modernización de la doctrina en el empleo de las unidades, y a la

incorporación de la doctrina OTAN, que facilite una decisión gubernamental en este sentido.

Para el aumento de la fuerza se prevé, a medida que haya recursos, la puesta en armas de las terceras

brigadas de las divisiones de intervención inmediata, y la puesta al día de los grupos logísticos y de apoyo

de éstas, sin las que su movilidad y capacidad de intervención se anularían. En fin, necesidad más

acuciante es el mantenimiento y renovación de los equipos, a medida que se desgastan; la creación de

campos de instrucción lejos de las ciudades, y mejoras paulatinas económicas y sociales. Y, a más largo

plazo, la autonomía en el abastecimiento de armas de tecnología media.

Ninguna de estas reformas es contemplada todavía desde la perspectiva de las formulaciones superiores

del Estado. Afectan sólo al Ejército, y es lo que está a la mano del Ejército, aun con sacrificio y esfuerzo.

Más allá quedan las reformas que puedan ser inducidas por una orientación internacional del esfuerzo

defensivo español, por la redistribución de responsabilidades defensivas y misiones, entre los tres

Ejércitos, a resultas del plan estratégico conjunto, y las directrices politico-sociales que se pueden esperar

del fortalecimiento de la democracia.

 

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