Autor: García Martínez de Murguía, Prudencio (MARCO AURELIO). 
   Las Fuerzas Armadas, ante el tema de las autonomías     
 
 Informaciones.    30/07/1977.  Página: 1,12. Páginas: 2. Párrafos: 18. 

Informaciones políticas

Revista semanal de Política Nacional y Extranjera

NUM 114

Sábado 30 de julio de 1977

Las Fuerzas Armadas, ante el tema de las autonomías

Por Marco AURELIO

T TNA cuestión que tal vez pueda preocupar a las Fuerzas Armadas a la vista del contenido de los

programas electorales aireados en los pasados comicios., así como ante los resultados finales de éstos, es

la creencia de que el legítimo reconocimiento de las autonomías de las regiones, pueblos y nacionalidades

que configuran el Estado español —derecho que resulta ya obligado institucionalizar-^- vaya a suponer

forzosamente un deterioro de la unidad de la Patria, concepto este ante el cual, por su peculiar

idiosincrasia y formación, se muestra especialmente sensibilizado el -estamento militar. A este respecto

resulta de todo punto necesario recabar la reflexión de nuestros militares profesionales .sobre algunos

puntos, entre otros, los siguientes.

Incluso aceptando la unidad de la Patria como sagrado valor a salvaguardar, hay que -empezar por

comprender un hecho fundamental: el concepto de «unidad» no es único, sino variado, pues existen

diversas formas igualmente razonables y defendibles de entender la unidad. Desde la unidad rígidamente

centralista (autonomía nula), hasta la libre unidad federal cmáximo grado de autonomía dentro de la

unidad), fórmula esta tan sólida y a veces más eme la precedente —los ejemplos no faltan—, existe toda

una .gama de posibles formas de integración, de menor a mayor autonomía para cada una >de las áreas

territoriales, económicas, étnicas o culturales que constituyen la unidad total del Estado que las integra.

¿Cuá´l de estás formas adoptar? ¿Qué ^grados o niveles de autono-mía establecer? ¿Cuál será,

concretamente en nuestro caso, la forma de anidad más adecuada para ese Estado ´español libre, fuerte y

democrático que aspiramos a consolidar? La respuesta, formulada desde un punto .de vista tan patriótico

como pragmático, nos parece obvia: habrá que adoptar aquella forma de integración que propicie en

mayor grado nuestra cónvivencía y garantice más satisfactoriamente la concordia nacional. Esa y no otra.

Y a este respecto es preciso, a nuestro juicio, tener en cuenta algunos aspectos de la cuestión que, como

elementos de reflexión, sometemos hoy a la consideración de los componentes profesionales dé nuestras

Fuerzas Armadas en particular.

En primer lugar es necesario captar —cosa al parecer difícil para algunos— la diferencia que existe entre

reivindicación autonomista y reivindicación independentista o separatista. Autonomía no significa

independencia o absoluta separación, sino otra forma —distinta y mas libre— de integración.

En segundo lugar es preciso valorar en su justa medida este hecho incuestionable: todas las fuerzas

políticas que han obtenido suficiente respaldo electoral para verse representadas en las nuevas Cortes

proclaman sin excepción en sus programas la necesidad de abordar y resolver sin dilación el problema de

las autonomías. Si bien cada una de dichas fuerzas puede tener sus propios conceptos respecto a esta

cuestión, y sin duda, cada una de ellas defenderá su opción ante el nuevo Parlamento, no deja de resultar

altamente significativo ese general consenso nacional sobre la necesidad de abordar a fondo cuestión tan

fundamental.

El tercer argumento surge, con toda su fuerza, no ya de los programas, sino de los propios resultados

electorales: en aquellas regiones más caracterizadas histórica y culturalmente en el aspecto que aplastante

mayoría del electorado nos ocupa, una. fuerte y a veces se ha agrupado en torno a aquellas opciones

específicamente autonomistas; mientras que los sectores independentistas propiamente dichos se han visto

reducidos a la mínima proporción cuantitativa que realmente les corresponde. ¿Cómo negar, pues,

pongamos por caso, a Cataluña la firme aspiración que acaba de manifestar la totalidad de sus

representantes electos y la tajante exigencia de su Estatuto que acaban de expresar en las urnas

más de las cuatro quintas partes de su población?

FIDELIDAD A LAS RAICES HISTÓRICAS DE LA PATRIA

El cuarto y último elemento —aunque de ninguna manera el menos importante— que nos proponemos

considerar aquí con la extensión que sin duda merece procede : de las raíces mismas de nuestra historia.

Los más rigurosos investigadores y estudiosos de la primitiva Castilla —el Estado vasco-castellano que

proporcionó su vigoroso arranque histórico a la España de hoy— nos ofrecen una imagen de Castilla

notablemente alejada de la-que comúnmente se ha tenido de ésta como entidad histórica, social y política.

Frente a la imagen centralista y autoritaria que erróneamente se ha solido atribuir a dicha región como

constante de su personalidad histórica, el profesor Carretero Jiménez describe así los caracteres

originarios de aquel duro, austero y orgulloso Estado vasco-castellano: «En lugar del aristocratismo

romanovisigótico de las castas dominantes en León, Castilla presenta la igualdad democrática de vascos y

cántabros; en lugar de la propiedad feudal de los nobles y la Iglesia, la comunidad de bosques, pastos,

minas y aguas; en vez de la legislación imperial, la foral, o simplemente los usos y costumbres populares;

al centralismo unitario opone la federación de pequeñas repúblicas o comunidades autónomas trabadas

por un jefe común o poder federal a la cabeza; al poder teocrático, el laicismo de un pueblo creyente que

mantiene a, los clérigos apartados de los puestos de Gobierno; a la casta militar, las milicias concejiles; a

los privilegios señoriales, .la igualdad de los ciudadanos ante la ley; a los jueces y funcionarios de

nombramiento real, los de elección popular...»

Por su parte, para el profesor -Claudio Sánchez .Albornoz, «el decisivo factor explosivo de la inde-

pendencia de Castilla fue la libertad política y económica de los castellanos de hace un milenio». A su

vez, para fray Justo Pérez de Ur-bel, la independencia de Castilla tiene su base precisamente en el pueblo,

y no en ningún tipo de oligarquía, ni civil, ni militar, ni eclesiástica; según este autor, Castilla irrumpe en

la Historia «con un sello marcadamente democrático», y se configura como tal mediante «una verdadera

revolución popular frente a los moldes rígidos de la aristocracia gótica». Y respecto al tipo de integración

lograda y mantenida entre aquella Castilla y las comunidades vasco-cántabras, unidas a aquélla por su

libre voluntad y consentimiento, escribe el profesor Carretero Jiménez: «Los vascos nunca lucharon

contra Castilla; muy al contrario, fueron sus más viejos y firmes aliados, y se unieron pacíficamente a ella

sin coacción alguna. Castilla, por su parte —la vieja y auténtica Castilla—, respetó puntualmente las

libertades ferales de los vascos, y bajo el árbol de Guernica juraban los fueros del Señorío de Vizcaya los

Reyes castellanos.»

Integración esta en la que ambas comunidades, castellana y vascongada, conservaron respetuosa y ce-

losamente sus´ respectivas autonomía e , identidad, hecho reflejado así por el mismo autor: «Federación

vasco-castellana de comunidades autónomas se puede llamar en verdad, con la terminología política

moderna, al viejo reino de Castilla.» Del correcto funcionamiento y eficaces frutos de esta «federación»

pueden tomarse como expresión clara, aunque forzosamente resumida, las siguientes frases del profesor

Carretero: «Y juntos actuarán ya siempre castellanos y vascos a todo lo largo de la historia de la auténtica

Castilla. Vasco-castellana será la lucha contra él moro i...); vasco-castellano, el lento y duro avance nacía

el Sur; vas-co-castellana, "la repoblación de las nuevas tierras conquistadas.»

Respecto a las peculiaridades políticas, sociales : y económicas de aquella Castilla : comunera, .federal y

autonómica que hacía compatible la propiedad privada =de las casas y labrantíos con la propiedad

comunal del subsuelo, de los pastos, los bosques y las aguas, resultan extremadamente interesantes estas

características esenciales, resumidas asi por la autorizada pluma del propio Carretero: «Las Comunidades

de Ciudad y Tierra, verdaderas repúblicas populares que dentro del reino de Castilla poseían los atributos

de los estados autónomos de ana federación, constituían los núcleos fundamentales de la estructura

política y económica del Estado castellano.» «Eran sociedades con funciones políticas mucho más

amplias que las correspondientes á la vida municipal. Tenían soberanía libre de todo poder señorial sobre

un territorio de extensión muy variable que comprendía varios pueblos (a veces más de cien. y aun .de

doscientos), municipios con vida propia y autonomía local dentro tie la Comunidad.» >El poder de la

Comunidad emanaba del pueblo, y tanto en ella como en los municipios de -su tierra era elegido por los

concejes. Los alcaldes y los demás funcionarios de la Comunidad y sus municipios eran de elección

democrática.» «Las Comunidades tenían fuero y jurisdicción únicos para todo su territorio. Los

ciudadanos eran toaos iguales en derechos, sin distingos por riqueza o linaje (...), es decir, una misma ley

y una, sola jurisdicción para todos; rudimentaria y sencilla, pero magnífica declaración de igualdad tie los

ciudadanos ante la ley.»

No resulta extraño que, hace ya mucho, el destacado historiador Oli-veira Martins hubiera subrayado en

su «Historia da Civilisacao Ibérica» la notable similitud existente entre la estructura del Estado vasco

castellano medieval con sus Comunidades autónomas, y la moderna organización´ federal de Suiza. De

hecho, el federalismo tóv,o sobre nuestro suelo un arraigó ¡tradicional muy ¡anterior a la primera

aparición dé este vocablo y al desarrollo de las doctrinas federalistas, que no fueron elaboradas hasta el

siglo XIX. Porque no .solé fue federal el primitivo Estado de Castilla, asi como la unión de éste con los

Estados autónomos vascongados; también lo fueron más tarde los Estados componentes del ´antiguo reino

de Aragón (Cataluña, Valencia y él mismo Aragón;}, cada "tino de los cuales conservaba sus propias

Cortes y promulgaba sus propias leyes, mientras -que para Jas cuestiones conjuntas se convocaban las

llamadas Cortes de la Unión.

Tampoco "faltan autores que atribuyen al fenómeno comunero y autonomista un origen histórico mucho

más lejano, considerando a las Comunidades como instituciones de remotas raíces muy anteriores a la

Reconquista. Asi, para Jiménez Soler, las Comunidades aragonesas son de ascendiente Tomanó, mientras

que para otros, como Carretero y Nieva, tanto las Comunidades castellanas como las aragonesas pueden

muy bien ser ¿Le origen celtibérico, y :como tales muy anteriores a la dominación .romana.

En cualquier casó, ya sea su origen celtibérico, romano o concretan mente vasco-castellano, está claro que

la concepción comunera y autonomista como forma de organización social y política no sólo no nos es

ajena, sino que, muy al contrario, hunde sus raíces en lejanas épocas de nuestra historia, a tra-vés de la

cual sufrió diversas y complejas vieisitudeó ´hasta su heroica derrota en Villalar, a manos de otro

concepto más imperial, pero también menos español, del Estado y de su estructura social y política.

Refiriéndonos ya a los dos últimos siglos de -nuestra historia, hay que decir que el concepto típicamente

napoleónico del Estado centralizado y unitario a ultranza obedece a módulos mucho más foráneos que

nacionales, y su concepción absolutista, de menor arraigo en nuestro pueblo, se muestra ya claramente

incompatible con la realidad de una nación como la nuestra, compuesta por un rico conjunto de pueblos y

nacionalidades, cuya diversidad liabrá de ser garantizada mediante -una unidad ´forjada en el respetosa

sus autonomías, para conseguir —en frase del repetidamente citado profesor— «librar & España J&B un

centralismo asfixiante Se origen extranjero y para prevenirla contra el separatismo que pudiera intentar

desgarrarla el tíía >Je mañana».

CONCLUSIÓN PARA El, MOMENTO «PRESENTE

•He aquí, pues, :en resumen, el dato que -pretendemos -subrayar: Castilla, la. Castilla originaria, la Cas-

tilla fundacional, cuna y raíz de nuestra España,>constituyó un ejemplo vivó de organización política y

económica üe carácter democrático, popular, comunero, foral, autonomista y federal, que supo, -entre

otras cosas, respetar la autonomía vascongada sin detrimento alguno de la compacta unidad del conjunto

vasco-castellano, que tras largos siglos de lucha contra el invasor musulmán acabaría alumbrando —tras

su unión con Aragón— lo que desde hace cinco siglos venimos llamando España.

Creemos, para terminar, quemues-tros militares de hoy deben ¡tener muy clara conciencia de. todo esto en

unos momentos en que los auténticos representantes de los pueblos de España van a empezar a plantear

en las nuevas Cortes sus legítimas demandas de autonomía, en el obligado ejercicio del mandato que les

ha sido otorgado por ´el voto de sus electores.

Desechemos., por el propio bien de la Patria, el concepto de un rígido, artificioso y contraproducente cen-

tralismo de raíz extranjera, y configuremos un Estado libre y fuerte —a través de su nueva Constitución—

garantizando su unidad mediante una fórmula no sólo más acorde con las exigencias funcionales de

nuestro tiempo y con las aspiraciones claramente expresadas en las urnas por nuestro pueblo, sino

también, por añadidura, con arreglo a las más. entrañables raíces de nuestro ser histórico, otorgando a los

.diversos pueblos que constituyen la rica variedad de España -^-4 .todos ellos,y no solamente a algunos—

el grado y forma de autonomía que cada uno >de ellos, a través de sus legítimos representantes, decida

establecer.

 

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