Las Fuerzas Armadas     
 
 El País.    29/05/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 7. 

OPINIÓN

EL PAÍS, domingo 29 dé mayo de 1977

EL PAÍS

DIARJO INDEPENDrENTC DE LA MAÑANA

Las Fuerzas Armadas

LAS LEYES Fundamentales encomiendan a las Fuerzas Armadas un papel eminente y concreto:

garantizar la unidad e independencia de la Patria, la integridad de sus territorios y la defensa del orden

institucional. Esto reza el articulo 37 de la ley Orgánica del Estado. El 38 define la misión de su órgano

máximo, la Junta de Defensa Nacional, que es la de proponer al Gobierno las líneas generales de

seguridad y defensa nacional. El tema, pues, constitu-cionalmente está claro. La alta misión de las

Fuerzas Armadas es la defensa de la Patria y del orden institucional que esa misma Patria se otorga, bajo

la dirección del Gobierno, que a su vez ha sido nombrado por el Rey, Las Fuerzas Armadas no están por

lo tanto por encima de la política, como algunas veces se ha dicho. Están en la política, pero no hacen

política. Gracias a ellas, en parte fundamental, se puede hacer la política. Ellas son su garantía y defensa

última, y de ahí su grandeza y su servidumbre. La magnitud de su poder corre pareja con la de su

sacrificio. La Patria, esto es, la colectividad, bajo el imperio de la ley, marcada por la Corona, el Gobierno

y el poder legislativo -que saldrá de las urnas el 15 de junio- delegan en las Fuerzas Armadas el

monopolio de la fuerza. Ellas son las depositarías de esta responsabilidad.

El proceso de reforma que España ha emprendido, bajo la dirección del Rey y del Gobierno, y con el

refrendo del pueblo que va a elegirsus representantes, debe ser por lo tanto, no solamente respetado, sino

protegido por las Fuerzas Armadas. Y este mismo proceso debe llegar al seno de ellas mismas. Para nadie

es un secreto que las Fuerzas Armadas en España no sólo necesitan sino que exigen una reforma

profunda. Reforma que consagre su modernización, su profesionalización al máximo, una dotación de

medios al nivel exigido por la ciencia y la técnica militares de nuestro tiempo, una definición de misiones

especializadas, unidad de mandó y, por último, una adecuación en la estrategia del contexto occidental, al

que España por historia, cultura y civilización pertenece.

Esto exige que termine la dicotomía entre las opciones -políticas y profesionales en el seno de las Fuerzas

Armadas. La política aquí se sitúa a otro nivel, nada tiene que ver con las ideologías, con los partidos, con

las tendencias que operan en el seno de nuestra sociedad. Las Fuerzas Armadas deben tender a una

profesionalización al máximo, qtie les permitirá además ejercer su propia política constitucional: proteger

y defender la política de la nación. No se deben escatimar medios para colocarlas en el nivel exigido

porsu misión. Y proceder a una reforma que las dote de una profunda unidad -con la designación de un

Ministerio de Defensa- y de capacidad de articulación internacional. Debe desaparecer, igualmente, la

confusión entre defensa y orden público. La defensa es patrimonio de los tres Ejércitos; e! orden público

del Gobierno, a través de los cuerpos especíales que dependen del Ministerio de Gobernación. La Guardia

Civil, por lo mismo, debe someterse también a una reforma que clarifique sus deberes y dependencias.

Por último, las propias Fuerzas Armadas deben defenderse ellas mismas de toda interpretación defectuosa

de su misión, negarse rotundamente a ser utilizadas como símbolo o bandera de grupos o tendencias

civiles que pretenden injusta y dolosamente monopolizar el patriotismo.

Los centros de producción y difusión de la ideología autoritaria no son primordialmente militares, sino

que están en la sociedad civil, alimentados por grupos sociales que tratan de instrumentar a las

instituciones del Estado —y no sólo a las Fuerzas Armadas— para amparar y proteger sus intereses.

Naturalmente, el decisivo papel que desempeñan estas Fuerzas Armadas y que acabamos de describir las

convierten en un objetivo prioritario de estas campañas de intoxicación. Campañas que simulan ser de

inspiración militar, en procedencia y contenido, pero que son en realidad una manipulación para endosar a

las Fuerzas Armadas la paternidad de una criatura engendrada y criada por civiles.

Los productores de ideologías antidemocráticas —generalmente a la extrema derecha— se preocupan

menos de elaborar una doctrina, que de rodearse de una simbología y de un ritual copiados o imitados de

los valores militares. Pero nada tienen que ver en profundidad con ellos: son su lamentable caricatura.

Hoy. que se celebra por decisión oficial el día de las Fuerzas Armadas, es buen momento para decir que

un ejército moderno y profesional, enraizado en la sociedad democrática, será el más firme defensor de la

Corona, del pueblo y de la acción gubernamental, el más serio adversario de cualquier intento de implicar

a los militares en la protección de intereses oscuros o en el establecimiento de un régimen autoritario. Un

ejército, en una palabra, apartidista, pero profundamente político al mismo tiempo, con la alta misión

política que la Constitución y las leyes le encomienden.

 

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