Autor: García Martínez de Murguía, Prudencio (MARCO AURELIO). 
   Sociedad democrática y enseñanza militar     
 
 Informaciones.    28/08/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 16. 

IHFQRMACICHES (28-5-77)

SOCIEDAD DEMOCRÁTICA Y ENSEÑANZA MILITAR

Por Marco AURELIO

UL real decreto-ley de 8 de febrero del actual sobre actividades políticas de los militares, así como

su,posterior desarrollo, también por real decreto de fecha i de abril, establecen unas directrices y

limitaciones cuya significación, a nuestro juicio, va mucho más allá de lo puramente circunstancial,

llevando consigo implicaciones profundas que afectan a toda una mentalidad militar y que requieren un

análisis en el contexto general de nuestra sociedad y su actual etapa de transición.

Las líneas maestras de esta reciente normativa pueden resumirse en estos tres puntos básicos extraídos fiel

texto del primer decreto citado:

1.» El Ejército no es ajeno a la política en su más fundamental acepción: la del servicio al interés general

de la nación.

2.» Todo militar en activo tiene prohibida cualquier expresión pública de opiniones relativas a las dis-

tintas opciones de partido,. grupo, asociación u organización, debiendo respetar cualquier opción política

de las que tienen cabida dentro del orden institucional.

- 3.0 Aquel militar que, por impulso de su vocación personal, sienta la necesidad de servir a la Patria

propugnando una opción política concreta, debe solicitar el retiro del servicio activo o el pase a la llamada

«situación especial» —si se trata de oficiales generales—, situación prácticamente equivalente a aquélla

en cuanto a su carácter definitivo e irreversible.

Así, pues, según se desprende de ambos decretos citados —tanto de su articulado como de su parte ex-

positiva—, la intencionalidad del legislador aparece, a nuestro juicio, sumamente clara: garantizarla po-

sición de neutralidad multidireccio-nal que han de observar las Fuerzas Armadas dentro de una sociedad

que —según ha expresado inequívocamente en el pasado referéndum— está firmemente decidida a

organizar su convivencia civil sobre la base de unos principios democráticos y pluralistas debidamente

institucionalizados.

Pues bien, partiendo del absoluto respeto a ese carácter escrupulosamente apartidista que ahora más que

nunca debe caracterizar a la postura del Ejercitó* tratemos de extraer algunas conclusiones derivadas de

esa actitud que nuestras fuerzas armadas, se exigen a sí mismas en el momento actual, contemplando el

panorama castrense desde una de las perspectivas más vitales e imprescindibles para toda institución: la

de la formación impartida a sus miembros en materia social.

ADECUACIÓN ENTRE MODELO POLÍTICO ¥ FORMACIÓN MILITAR

La formación del profesional de las armas en cualquier país del mundo presenta dos componentes

esenciales y bástente independientes entre sí: el aspecto técnico y el as-, pecto moral. En cuanto al

primero de ellos, resulta innecesario insistir en que el grado de tecnificación de los Ejércitos modernos

requiere del militar de hoy una notable formación científica. Pasemos, pues, al segundo, que es el que

aquí nos interesa especialmente considerar.

La formación moral del militar en cualquier país oriental u occidental, se basa en todos los casos en

inculcar al profesional de. sus Ejércitos un acendradp patriotismo, fundamentado en una serie de princi

pios éticos y morales, pero también —no lo olvidemos— ideológicos y políticos. De ahí que puedan ser

inculcados, por la vía educativa, muy diversos tipos de patriotismo: tantos como concepciones quepa

formular del mundo, del Estado y de la convivencia social. Así, según los diversos países y regímenes, el

militar puede ser imbuido de un patriotismo basado en la exaltación de una determinada ideología

monolítica y totalitaria, acompañada del rechazo dialéctico de todas las demás, o bien puede, por él

contrario, ser educado en otro tipo de patriotismo fundamentado en el respeto al pluralismo ideológico, a

la libertad de expresión dentro de los límites del respeto a las convicciones ajenas, y al consenso

mayoritario como vía más digna y civilizada para la adopción de las medidas y decisiones que atañen a

toda la colectividad.

¿Qué enfoque dar, pues, a algo tan decisivo para una sociedad como es la educación patriótica de sus

militares profesionales? ¿Qué tipo de ingredientes sociales y políticos introducir dentro del selecto

conjunto de valores que van a configurar su patriotismo/y en cuya defensa se. les va a pedir, tal vez, nada

menos que la entrega de su vida? Podemos ahorrarnos nuestra propia respuesta: los hechos y la pura

lógica se encargan de proporcionárnosla. Cada país, de Oriente o de Occidente, sea cual fuere su íégimen

o sistema político, educa a su Ejército con arreglo a los principios éticos, sociales y políticos que

prevalecen en su respectiva sociedad civil, y que se reflejan en el contenido de su ordenamiento institu-

cional. Tan lógico es que Francia, pongamos por caso, eduque a sus militares en el respeto a las libertades

públicas, a la voluntad popular y al veredicto periódico de las urnas, como que la U.R.S.S. eduque a los

suyos en un férreo adoctrinamiento comunista .basado en rígidas convicciones sociales, ideológicas y

políticas. Por el contrario, tan extravagante resultaría que la Rusia de hoy educase a los profesionales de

su Ejército en una filosofía de plena libertad de expresión y máxima exigencia en materia de derechos hu-

manos y diversidad de opciones políticas —lo que les situaría en situación de continuo conflicto moral e

ideológico frente a un poder político monolítico y doctrinario—, como que Francia inculcase a sus

fuerzas armadas una rígida concepción totalitaria de uno u otro signo —lo que provocaría, a su vez,

inevitables fricciones y continuas crisis con una sociedad pluralista basada en el ejercicio de las libertades

públicas y las prácticas democráticas— En definitiva, la respuesta que los hechos nos dan a la cuestión

arriba formulada no es otra que está: cada sociedad educa a sus hombres de armas introduciendo en su

patriotismo el respeto, la valoración e incluso la exaltación dé aquellas ideas y conceptos sobre los cuales

ha institucionalizado su funcionamiento político y basado su convivencia social.

CONOCIMIENTO OBJETIVO DE LA REALIDAD POLÍTICA Y SOCIAL

¿Habrá de constituir nuestro país una excepción a esta regla general? A nuestro modo de ver, la reciente

normativa antes comentada y actualmente vigente demuestra a las claras que, afortunadamente para

nuestra Patria, tal excepción no va a producirse. Los dos ya citados decretos de la Jefatura del Estado

demuestran que nuestra más alta autoridad militar, asistida por los más elevados niveles de la jerarquía,

ha captado la necesidad de que nuestro , Ejército asuma y respete, disciplinada y patrióticamente, aquella

noble meta que la voluntad popular —depositaría áe la soberanía nacional con arreglo a la vigente

legislación fundamental— ha- demostrado por abrumadora mayoría desear; la organización y el logro de

una convivencia social sobre la base de un pluralismo de opciones políticas libremente expresadas.

REFORMA DE LA ENSEÑANZA: EL DECRETO DE 1973

El primer paso ya está dado.: el respeto y la neutralidad, garantizados por la vía legal y aceptados por la

vía del patriotismo y Ja disciplina. El segundo es más largo y ambicioso, aunque no por ello menos

necesario: el paso, por la vía educativa, de la patriótica y disciplinada aceptación a la firme, racional y

también patriótica convicción. La necesidad de afrontar este tránsito mental en el terreno de las

convicciones morales, sin eludir en éstas su inevitable carga social y política, es reconocida por el propio

texto del primer decreto antes comentado al proclamar que el Ejército no es ajeno a la política en su más

profunda acepción. Resulta extremadamente significativo que una legislación tan restrictiva —tan

oportunamente restrictiva dentro de la actual coyuntura— en materia de expresión y actuación política

para el militar, reconozca, sin embargo, que éste no es ajeno a la política en la más noble de sus

interpretaciones: la del servicio a los intereses superiores de la .comunidad. Porque proclamar esta verdad

tan evidente equivale a proclamar la: necesidad de una adecuada formación del militar en ese decisivo

terreno que «no les es ajeno en su acepción más fundamental». En consecuencia, incluso renunciando a

toda actividad partidista, si para el militar profesional el campo de lo político no le es ajeno en lo

fundamental —y está claro que no lo es-r-, dicho profesional tendrá que estar debidamente capacitado

para formular sus juicios morales sobre aquél. Y esto exige un conocimiento objetivo, sociológico,

científico —y no simplista ni emocional- de la realidad política y social dé) entorno que le rodea y dentro

del cual desarrolla su función.

Justo es reconocer que esta exi gencia íue ya captada por el decreto de 1973 sobre Reforma de´la

Enseñanza Superior Militar, cuya parte expositiva proclamaba la necesidad de ((actualizar la preparación

cultural y humanística de los Cua-dros de Mando, a fin de que puedan cumplir la trascendental misión

que, como educadores de la juventud española, tienen encomendada» En consonancia con este

planteamiento, el nuevo Plan de Estudios para la Academia General Militar (1975), surgido del anterior

decreto al establecer los objetivos del bloque de asignaturas dedicados a la formación humanística, señala,

encabezando la lista de aquéllos, estas dos primeras metas de dicha formación: «Proporcionar al futuro

oficial un conjunto de conocimientos sobre la estructura y realidad social y económica» y dotarle de «un

sistema de conceptos que le capaciten para juzgar el valor de las instituciones y leyes que informan

nuestras vidas».

Hemos de decir que, a nuestro juicio, este planteamiento conserva su plena validez, resultando absoluta-

mente concorde con las necesidades, deberes y responsabilidades del Ejército en una sociedad democrá-

tica, dentro de la cual adquiere precisamente su máxima significación. Pues de eso se trata justamente:,

más que de aceptar las leyes como forzadas imposiciones, se trata de estar capacitado para valorarlas y

asumirlas como procedentes de la única fuente de legítima soberanía: la voluntad del pueblo a cuyo servi-

cio se promulgan.

Por ello, sin ^perjuicio de que en su momento puedan y deban ser in troducidos en dicho Plan de Estudios

los perfeccionamientos que se juzguen necesarios, expresamos desde ahora mismo nuestra esperanza de

que el conjunto de asignaturas dedicadas a la formación sociopoliti-ca del oficial —tales como sociología,

política, derecho social teoría y estructura económica, todas las cuales figuran ya en los vigentes

programas académicos— sean rigurosamente impartidas desde los planteamientos sociales y

democráticos que nuestra sociedad actualmente requiere, y ello con ima convicción y un entusiasmo

proporcionados a su notable importancia e imprescindible necesidad.

Se trata, sencillamente, dé ser consecuentes con esta elemental pero importante y patriótica exigencia: por

encima y al margen de toda opción partidista concreta, y sin menoscabo alguno de la disciplina y

cohesión interna del Ejército, el militar de una sociedad democrática ha de ser, simplemente, educado

para la democracia.

 

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