Autor: Gibello García, Antonio (ALEXANDROS - NU). 
 Alexandros. 
 El día de las Fuerzas Armadas     
 
 El Alcázar.    12/05/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 12. 

ALtXANDROS

EL DÍA DÉLAS FUERZAS ARMADAS

COMO ya es ^adicional, el próximo día 29 parece ser V¿ que se celebrará en Madrid un desfile militar.

Una vez, más las Fuerzas Armadas, nación en armas —no pueblo en armas— saldrán a la calle en la paz

de España para hacer constar la permanencia de su presencia y la inalterabilidad de su esencia. Sin

embargo, algo parece indicar que este año, la parada militar y sus circunstancias van a tener unas ciertas

diferencias con lo acostumbrado hasta ahora. Quizá valga la pena analizar, siquiera sea brevemente,

algunas de estas diferencias.

Por primera vez desde 1939.se va a presenciar un desfile conmemorativo del día de las Fuerzas Armadas

y no el desfile de la Victoria, como hasta ahora había sucedido. Ya el año pasado hubo una fuerte

controversia. Entonces —y con mucho esfuerzo— prevaleció todavía el criterio heroico. Era de esperar, a

la vista, no ya de la ruptura, -sino del destrozo total y concienzudo que se ha hecho del Régimen, que este

año prevaleciese el criterio político, no distinto sino antagónico y diametralmente opuesto al anterior.

Una vez más —y es de temer que no sea la última— las Fuerzas Armadas han cedido a una imposición

política y una vez más se aducirá como razón para esta cesión su patriotismo. En verdad que se está

usando y abusando en demasía de ese patriotismo y en su nombre y valiéndose de él se está llegando a un

desmantelamien-to sistemático, incluso en el puro concepto geográfico, de la Patria, aprovechándose de

unas Fuerzas Armadas que están demostrando una disciplina que llega a alcanzar grandes heroicos, pero

que, más pronto o más tarde, si se las sigue presionando, recordarán lo acertado de aquella frase polémica,

dignamente pronunciada en dramáticas y recientes circunstancias: "Antes que la disciplina, está el honor".

Lo cierto es que a las Fuerzas Armadas se las ha privado del legítimo orgullo de conmemorar una victoria

que hizo posible España; que los que sepan, puedan y quieran, juzguen si esto atenta o no a su honor.

Pero no es esjo sólo. Parece ser que, también por primera vez, sólo .desfilarán tropas a pie. Será curioso

ver desfilar a la División Acorazada, Id mejor, más completa y más potente de las unidades del Ejército

Español, sólo a pie y con armamento ligero; pero, éso sí, perfectamente conjuntada al compás de sonoras

marchas militares que ya no sirven para llevar las Banderas a la victoria.

Se dice que el motivo es la escasez de materias energéticas y que el Ejército es el primero que debe

demostrar austeridad en su consumo. Cabria preguntarse si realmente sale tan caro mover unos Batallones

de carros por el paseo de la Castellana y si, antes que forzar al Ejército a más penuria de la que ya padece,

no habría´ que pensar en reducir óteos muchos gastos y consumos, muchos menos útiles, aunque quizá

más rentables para políticas concretas de partido.

No vale el engaño. De acuerdo en que se acepten disciplinadamente las órdenes, pero, por lo menos, que

no se tome por tontas a las Fuerzas Armadas. Es evidente que, en plena campaña electoral y con unos

partidos políticos que, pese a su legalización, siguen manteniendo su espíritu subversivo —y aquí si que

es tonto el que no lo admita—, lo que de verdad se pretende es que el desfile de las Fuerzas Armadas no

dé la impresión de la potencia que realmente tienen, para que no se considere como un acto, de

provocación o de coacción frente a esos partidos que esperan y desean la más mínima excusa para acusar

al Gobierno de dictatorial y continuis-ta. Todo vale, con tal de tener contentos a esos partidos

revolucionarios y lo curioso es que, por su propia esencia, ellos no estarán nunca contentos, hasta que

hagan reventar a España.

Aún cabría rizar el rizo de las elucubraciones y podría llegarse a pensar si la limitación de medios en el

desfile no obedecerá a un cierto temor en las altas esferas del poder, a que esas unidades potentes y

mandadas por dignos Jefes y Oficiales que, posiblemente, estén hartos de soportar imposiciones

deshonrosas, puedan, ya en Madrid, cambiar el rumbo del desfile y orientar sus cadenas y sus tórrelas a

puntos de la capital distintos al punto final del desfile. Realmente resulta muy duro admitir que esto, aquí

y ahora, pudiera suceder, .pero el temor sí puede existir y está claro que, ante el temor, lo mejor es

eliminar la causa; decididamente los carros permanecerán en sus hangares, con los cañones enfundados,

mientras sus dotaciones recorren a pie el paseo de la Castellana.

Y para las Fuerzas Armadas de España ese paseo va a ser casi Vía Dolorosa, porque, y ésta es la última

diferencia con años anteriores que se intentaba analizar, este año el desfile militar va a contar con la

presencia activa del flamante Partido Comunista de España.

Empiezan a conocerse las consignas que, con respecto al desfile, está impartiendo el PC. a sus militantes.

Deben acudir de forma que ocupen las primeras filas, para que su presencia no pase desapercibida; dentro

de la ostentación de esta presencia deben mostrar una clara actitud de respetof hacia el Ejército; deben

saludar francamente con el puño en alto y mostrar claramente sus colores e insignias.

¿Y esto no es provocación? Ante este público "respetuoso" van a ofrecer el espectáculo de su desfile las

Fuerzas Armadas, muchos de cuyos Jefes lucharon contra el comunismo; muchos de cuyos Jefes,

Oficiales y Suboficiales vieron o sintieron caer en la lucha o vilmente asesinados por el comunismo a sus

más próximos y queridos familiares; la totalidad de cuyos Jefes, Oficiales ~y Suboficiales se han educado

y se han formado en el amor a una Patria que el comunismo quiere destruir. Si se ha evitado la

provocación a los partidos políticos y concretamente al comunista, ¿no se podría hacer algo por evitar una

nueva humillación a los soldados de España?

A la vista de todo esto y de mucho más que, por sabido, se calla, resulta hasta lógico que no se. celebre el

día de la Victoria, porque la verdad es que hay que reconocer qué no ha existido tal victoria. La triste

realidad es que en 1939 hubo, a lo sumo, un simple triunfo militar en una batalla; pero la guerra, la

auténtica y completa guerra, la presentida Cruzada contra el marxismo, esa se empezó a perder el 20 de

noviembre´ de 1975 y quiera Dios que en este triste y desastroso 1977 no esté ya irremediablemente

perdida.

En estas condiciones, los que todavía tengan ganas de asistir, van a presenciar, más que un desfile militar,

el paso de unas tropas, privadas de su armamento peculiar, por una carrera cubierta de puños en alto,

hoces y martillos. En realidad será la moderna versión de las Horcas Caudinas.

 

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