Autor: García Martínez de Murguía, Prudencio (MARCO AURELIO). 
   El Ejército en la España del futuro (II)     
 
 Arriba.    22/05/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 13. 

Domínoo 22 mave 1977

II EL EJERCITO EN LA

El respeto, el afecto y la verdadera lealtad hacia una institucío en-trañable —en este caso el Ejercito—, no

se manifiestan, en los momentos decisivos, diciendo a ésta lo que quizá algunos de" sos miembros

quisieran escuchar, atrio precisamente aquello «pie corporativamente debe compren-aer en atención al

bien c(H8fiuB| de la colectividad. Partiendo de esta base, pasemos directamente a considerar algunos de

los ¿tenientes de juicio que, ea nuestra opinión, deberían ser tenldosí en cuenta por los españoles´«n

general, pero muy especialmente por los militares profesionales en particular, en la presente coyuntura

nacional. Tales etemeifc tos, enunciados en forma forzosámente esquemática, son los siguientes:

1º Fallecido el anterior Jefe del Estado, resultaba obrto —aun desde antes de que el he? -cho se

produjera— que Js^S*". tructura política de aquel att¡>-ma no podía prolongarse nÉP Ha de fe vida física

de quien lo sustentaba Por otra paite. 1* ttitíTp^ década -—y muy cfl^odiP mente el ultimo lustro— de

dfclM etapa histórica evidenciaron qo^ en nuestro país .alentaban "jfa? poderosas fuerzas sociales y pe*;;

lítícas de variada tendencia y» ptnral significación. Por aa?^*y dora, resoltaba Igualmente., afe rio qne el

anterior modelo po&~ tico obstaculizaba nuestra pfcHk tntcgraciOB en la comunidad d> países a la que,

por imperativa* de todo tipo, pertenece de üeo» nuestra nación.

2.° Producido ya el hecho tu, ceso rio, el nuevo Jefe de}-Estado contaba —y cuenta— con un dato

histórico de excepde-nal significación: las únicas .monarquías que han logrado sobrevivir en nuestro siglo

dentro de un ambiente de estabilidad y res^ peto generalizado a la Institución han -sido´ aquellas que han

sabido encabezar regímenes político^ auténticamente democráticos y pluralistas, representativos de todos

los sectpres sociales y políticos sin excepción. Realidad cuya clara captación poj> par; te del Rey quedó

ya explícitamente reflejada en el contenido del primer mensaje de la Corona.

3." La actual reforma política sn cuyo curso nos hallamos´ta. mersos no es básicamente ot& cosa que un

honesto empeña de recoger y materializar las legítimas aspiraciones del pueblo español, a cuyos deseos se

atiene la gestión desarrollada por el Gobierno.. La inicial declaración programática de éste, la elabn»»-

clón de la ley para la Reforma Política, su paso con muy alta proporción de votos, favorables a través del

Consejo Nacional, so aprobación por considerable margen en jornada memorable de las Cortes Españolas,

y su ratificación por abrumadora ma, yoría ee el pasado referéndum, constituyen otros tantos pasos fttne

evidencian dos realidades esenciales: la primera, ,ef riguroso respeto a la legalidad entonces vigente con

que dicha ley p» ra la reforma llegó a ser promulgada £ón rango de ley fundamen. M,iy´ífii Segunda, q««

é1 poder ejecuttvb quedaba ya, a la lúa xdfei resultado del • referéndum, fenrestídfl con un Inequívoco

JBHH&ÍO popular que no sólo •jg jatíorizaba, sino que de he-*ÜK> fe obligaba, a llevar adelante

vigorosamente* su política de democratización.

4,°´ En el legítimo ejercicio de dicho /mandato, es decir, en su calidad de mandatario obligada 9

cumplimentar la* voluntad so-beraña de quien le otorgó aquél --el pueblo español—, el Gobier no

há´venlclo adoptando una serla de medidas legales, tendentes «BM SU acercamiento del espeo tm

poMtfco fegal al real —modi fkadoa de la ley de AsodacJo-ji^^^_jt riir^jVjgi otxas .a la re-

•HBte de distensión y concordia, »•> Btcoarin de cara a las ya .Imitlimites elecciones generales. Entre

tales disposiciones cabe .destacar las más recientes normas "de amnistía, así como la le-galfaactón .fie

algún símbolo regional, medida tendente a pacificar aque) pedazo de nuestra tierra más necesitado «te

serenar los espiritaos y suavizar las tensiones acumuladas. Era preciso también suprimir aquel motivo

concreto de conflictividad y de innecesario dolor: era necesario impedir que unos hombres siguieran

muriendo por colocar dicho símbolo y otros per retí cario en el cumplimiento de su áéhér.

5° La última y más controvertida medida, la legalización del Partido Comunista dé España, ñor "dura da

aceptar que para algún -sector pudiera resultar, y por—vivos que fueran los sentí-oSentos que en algunos

pudiera suscitar, se presentaba como Imprescindible en el presente con-Ujxto preelectoral, cara a tai país

que var a acudir a las urnas en un plazo de escasas semanas, en unas elecciones de cuya credibilidad —«a

prtorfa— y de cuyo resultado ajustado a la realidad a alejado de ella —-«´a posterio-rl»— va a depender

prácticamente la posibilidad o imposibilidad de alcanzar una ordenada convivencia digna, auténtica _y

plu-rallsta sobré este suelo nuestro, que tantas veces se ensan gttartó por sucesivos fracasos en

fe^bósqtieda de esa meta, a cuya consecución nunca hemos estado tan. próximos como lo estamos

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6." La no legalización de] PCE ea: el momento actual hubiera pedido ser utilizada como pretexto para el

rechazo de la con vocatoria electoral por parte de determinadas fuerzas políticas, cuyo alejamiento de tes

urnas hubiera implicado un-grave falseamiento del resultado surgido de aquéllas, creando un vacio

político gravemente perturbador. En efecto, la exclusión de tales fuerzas, hoy ya en el área de la legalidad,

se traduciría automá ticamente en un alto volumen e intensidad del´activismo ilegal, creando- una

inevitable v gravísima espiral de represión-subvérsión-represión, cuyas consecuencias serían trágicas para

el país en- su totalidad. Por otra parte, el .Gobierno -aspira, con sobrada justificación, a tener so--bre él

terreno político a una derecha, un centro y una .izquierda respetuosas con las reglas del juego, requisito

sin el cual quedarían marginados sectores sociales so precisamente despreciables, de cuya TOZ un;

verdadero Estado democrático no puede legítimamente prescindir.

7.° Basta un rápido balance de las posturas expresadas por los numerosos grupos políticos ya legalizados,

para observar que (a casi totalidad de los mismos respaldaron la "iniciativa legali-íadora del Gobierno, En

cuanto a la Prensa, tampoco constituye un dato despreciable el comprobar que una notable mayoría de tos

grandes diarios nacionales apoyaron la medida conceptuándola como, oportuna y necesaria, siendo la

proporción favorable a aquélla aun mucho más acentuada en la´ Prensa semanal. Hasta tal punto resultaba

obvia la legitimidad de tal decisión gubernamental que incluso un caracterizado diario madrileño, discre-

pante de aquélla, no dejaba de admitir honestamente, y en amplio titular, que se trataba de una «medida

ajustada a derecho», reconociendo^ que «la solución adoptada lo ha sido en cumplimiento objetivo de la

legalidad vigente, sin apriorismos, y rodeada de las debidas garantías jurídicas, procésales y juris>

diccionales».

8.° A la vista de las preceden, tes consideraciones, creemos qué resulta difícil, en términos ob. jetivos,

negar el acierto y legitimidad de la comentada decisión gubernamental. No importa cuajes pudieran ser

los esquemas mentales, las perspectivas y expectativas de unos pocos meses atrás: el veloz desarrollo de

los acontecimientos políticos en una situación tan fluida, y dinámica como la presente, en un período que

ha de ser forzosamente vivido y afrontado con altas dosla de decisión e iniciativa, a caballo de los

acontecimientos y no a remolque de ellos, ha justificado una decisión cuyo coraje, acierto y pragmatismo

nos pareceos dignos de pleno respaldo y apoyo moral, con toda independencia de nuestro mayor o menor

cuestión.

9? La postura de quienes, me-rechazó ideológico del partido en liante actitudes públicamente ex-presadas,

manifestaron su discre-pancia de la decisión que no» ocupa, es, a nuestro juicio, digna de respeto y

consideración Pero la respetabilidad de tales actitudes personales no menoscaba en absoluto el acierto, la

necesidad y la plena justificación de la medida considerada, dicta, da desáe la superior perspectiva que

contempladlos intereses d«¡ toda la comunidad nacional.

10." tina vea más, ciertos sea lores —minoritarios en términos absolutos, no lo olvidamos— han

aprovechado la oportunidad qut les brindó la medida que comen tamos- para incitar ai Ejército, tratando

torpemente de impulsarle batía una acción de indis ciplina e insubordinación al legítimo poder civil. Sería

trágict paraxel país que su Ejército ca y era en una trampa tan burda como la que intenta hacerle creer que

las únicas fuerzas pa trióticas que existen en esta tie rra son aquellas que sé oponen a la tantas veces

mencionada legalización. Extravagante pre tensión la de intentar monopolizar el concepto de Patria, em

penándose en acaparar ..con obs tinado exclusivismo unas pala Jiras, conceptos y símbolos iyi« son

sagrados para la mayor par te de los españoles y patrimonio de todos ellos sin excepción.

Pues bien: desde esa afectuosa postura de lealtad y respeto al Ejército que al principio de este texto

enunciábamos, a la vez que felicitamos a sus cuadros profesionales, y en especial a sus má-sinios

responsables en la jerarquía, por la magnífica -disciplina f espíritu patriótico que han acre-.litado ante una

decisión superior jueles produjo un sentimiento de rechazo, expresamos también pa. raídamente nuestra

esperanza de que dicha aceptación llegue a ser asumida por ellos no sólo por la vía de la sana disciplina,

sino también comprendiendo y valorando, su pragmática necesl dad, sit conveniencia y oportunidad

política, su patriótica finalidad, así como la del conjunto de la reforma política en que aquélla se inscribe.

Si así lo comprenden y asumen, la Patria se lo agradecerá, nuestra convivencia se consolidará y los

españoles todos nos ahorraremos no pocas frustraciones, crispacionés y. sufrimientos.

Marco AURELIO

(El artículo anterior de esta serie fue publicado el pasado día 20.)

 

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