Autor: García Martínez de Murguía, Prudencio (MARCO AURELIO). 
   El Ejército en la España del futuro (III)     
 
 Arriba.    24/05/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 14. 

EL EJERCITO EN LA ESPAÑA DEL FUTIÓ

EL reciente decreto-Iey de la Jefatura del Estado por el que se regula e) ejercicio de las actividades

políticas y sindicales para los componentes de las Fuerzas Armadas, constituye, a nuestro juicio, un

importante paso absolutamente coherente con la nueva mentalización que la marcha del país requiere en

estos momentos por parte de su estamento militar.

Su texto, al tiempo que proclama que «las Fuerzas Armadas no son ajenas a la política en su más fun-

damental acepción» —lo cual ya de por sí implico la exigencia de una adecuada formación sociopolítica

para sus miembros—, expresa a continuación el concepto básico que deberá inspirarlas, al señalar que tal

acepción se refiere a la defensa de «un orden que asegure el interés general de la nación».

El interés general: he ahí la clave. Queda, pues, excluida toda actitud, toda vinculación y todo

adoctrinamiento partidista, de sector o de grupo, y definida, por el contrario, la posición del Ejército como

una superación de todo partidismo y de todo interés particular en aras del bien común de la colectividad.

Necesaria postura, sin la cual difícilmente podría cumplirse eso bella proclamación contenida en el

preámbulo del mismo decreto, según el cual «tos Fuerzas Armadas están directa y entrañablemente unidas

al pueblo, del que nacen, y a sus instituciones fundamentales». Es decir: unidas al pueb´o, al puebío en su

conjunto, y no a un determinado sector de éste, y unidas a sus instituciones fundamentales, una de las

cuales, la más reciente y probablemente la más decisiva de todas ellas •—aprobada por e! último

referéndum nacional con rango de Ley Fundamental—, tras proclamar taxativamente que la soberanía

nacional radica en el pueblo, establece constitucionalmente para nuestro país un sistema de democracia

plural que el propio pueblo ha respaldado ya en las urnas en forma tari firme como concluyeme.

De ahí se desprende. Como pura consecuencia lógica, esa norma que —según expresa el texto de! ya

repetido decreto— «impone a todos los componentes de las Fuerzas Armadas el debido respeto a

cualquier opción política de las que tienen cabida en el orden institucional, sin que les sea lícito, en conse-

cuencia, participar ni mostrar públicamente su preferencia por cualquiera de ellas».

Difícilmente puede, pues, concebirse mayor concordancia entre loque este país precisa y espera de su

Ejército en el momento actual y le nueva normativa que el Ejército se exige a sí mismo a través del ya

comentado instrumento legal. Si alguna vez la neutralidad multidi-reccional por parte de los Fuerzas

Armadas ha resultado especialmente necesaria, ese momento no es otro que el actual. Gracias a los

esfuerzos y a la acertada gestión del presente Gobierno, las dos Espoñas que tantas veces, en forma tan

trágica y sangrientg, han chocado entre sí en los últimos dos siglos, se´ están ahora acercando en unos

términos de serenidad, tolerancia y mutuo respeto que nunca se habían registrado con anterioridad. Y no

puede decirse qué el camino recorrido haya resultado fácil, ni que haya carecido de obstáculos,

contratiempos e incluso criminales provocaciones, tendentes a arruinar todo propósito democratizador.

Obstáculos y provocaciones que tal vez no sean los últimos que hayamos de soportar, y a tal fin habremos

de estar mentalmente dispuestos, conscientes de que la firme serenidad de las Fuerzas Armadas y su

unidad en torno al Mando volverían -a ser, en tal caso, las piezas clave de las que todo podría depender

una vez más.

De ahí la necesidad, en la presente coyuntura, de suprimir o priorí la incidencia de todo aquello que

pudiera contribuir a resquebrajar dicha unidad dentro de la institución militar. De ahí las nuevas

limitaciones en materia de participación política por parte de los profesionales de las armas; de ahí las

prohibiciones de •asistencia a actos de carácter partidario, por muy Segales y honorables que éstos puedan

ser; de ahí las específicas limitaciones en materia de expresión pública por parte de los miembros del

Ejército.

Por disciplina, pero también por convicción

A primera vista, alguien podría objetar que la nueva normativa resulta excesivamente restrictiva en cuanto

al derecho de expresión; pero obsérvese que la norma impuesta al respecto (art. 2.a, apart. 2) se limita a la

prohibición de «expresar públicamente, en cualquier formo, opiniones de carácter político o sindical en

relación con las distintas opciones de ponido, grupo, asociación u organización». Pero fuera de ese ámbito

partidista que tan acertadamente ha sido Vedado, y desde una posición apartidista alejada de toda

vinculación de grupo o asociación política, no existe impedimento lega! alguno para que el militar se

exprese razonadamente sobre aquellos temas sociopolíticos de inevitable implicación castrense, respectó

o los cuales los miembros del Ejército deben tener conceptos suficientemente claros y precisos, basados

en un buen conocimiento actualizado de dicha temática. Conocimiento éste no sólo lícito, sino necesario

para una formación integral de sus cuadros profesionales, como consecuencia directa de ese hecho ya

señanado por el decreto que nos ocupa —^y ya subrayado líneas atrás—de no ser las Fuerzas Armadas

ajenos a la política en su más fundamental acepción. Y dentro precisamente de esa acepción de la política,

la más alta y noble de todas ellas —Ja entendida como servicio al interés general de la nación—, el

militar no sólo podrá, sino que, a nuestro juicio, deberá estudiar, reflexionar, aprender, considerar, leer, y

llegado el caso escribir, sobre aquellos grandes temas sociopolíticos que, de uno u otro modo, atañen a la

función del Ejército dentro de la sociedad, ya que difícilmente puede nadie asumir responsabilidad moral

alguna desde la ignorancia de aquellos factores que configuran dicha responsabilidad.

Pues bien, no otra cosa exige de nuestras Fuerzas Armadas la actual coyuntura nacional: responsabilidad.

Responsabilidad que en eá-tos momentos implica, por encima de todo, unidad, serenidad, disciplina,

comprensión del proceso político, respeto a los deseos del pueblo, apoyo al proceso democratizador del

Gobierno., No otra cosa espera de sus militares profesionales este país que tan mayoritariamente ha

expresado en el pasado referéndum su deseo de edificar su convivencia civil con arregló a unos criterios

democráticos y pluralistas, que, por disciplina, pero, también por convicción, el Ejército debe no ya

respetar, sino asumir y defender como cosa muy suya, como corresponde q un mandato expresamente

formulado por la voluntad soberana de nuestro pueblo. Man-´dato que no es otro que el de conducir a

buen término la noble y ambiciosa empresa propuesta: institucionalizar una sóíida democracia que

posibilite una digna y estable convivencia futura para todos ios españoles.

Pero no se trata únicamente de un específico mandato popular. Porque eso línea política tendente al logro

de unas renovadas instituciones democráticas y representativas no es otra cosa que la inspirada en su

directriz general por el propio Rey, en quien concurre, la doble calidad de Jefe del Estado y Capitán

General de los Ejércitos. Merece la pena al respecto recordar aquí sus palabras ante el Congreso de los

Estados Unidos, o lo que es lo mismo ante el mundo entero, al proclamar que la Corona se compromete a

«garantizar a través del ejercicio de las libertades civiles el imperio de la justicia», así como «el acceso

ordenado al poder oe, las distintas alternativas de Gobierno, libremente expresadas».

Quien así hobló en^ aquella ocasión es, entre otras cosas, la cabeza visible y jerárquica de nuestro

Ejército. En consecuencia, lejos de ver en lo presente situación el menor riesgo de división a nivel militar,

sólo vemos una total concordancia entre las exigencias morales, políticas y castrenses del momento,

concurrentes todas ellas en una común necesidad:, la de un pleno y disciplinado respaldo del Ejército o

esa progresiva y vigorosa democratización que el país espera y desea, y que ©I Jefe del Estado, captando

con plena lucidez esa exigencia nacional, ha sabido patrióticamente asumir e impulsar.

En esta tesitura, creemos que aparece muy claro hasta qué punto está siendo acertada la postura de las

Fuerzas Armadas en; la actual coyuntura política nacional. No resulta difícil detectar lo que el país en

estos momentos espera de su Ejército. Pero quien aún lo dude, observe que nunca la actitud de éste ha

sido tari positivamente valorada por la nación, y que jamás se hablado de las Fuerzas Armadas en el

ámbito civil con tanto respeto como se viene haciendo en éstos últimos tiempos. Y, más concretamente,

desde que se evidenció su consciente y sereno respaldo a la reforma política —incluso en sus pasos

iniciales, antes de contar con el rotundo dato del referéndum—, así como, posteriormente, el apreciar la

ejemplar serenidad, autodominio y disciplina de nuestro Ejército arríe provocaciones tan graves e

indignantes como las sufridas meses atrás por el país en general y por sus Fuerzas Armadas en particular.

Creemos, en definitiva, que ésta, y precisamente ésta —el sereno y neutral respaldo a la reforma— debe

constituir la firme postura de nuestro Ejército, por muchas y muy poderosas razones. Razones que, para

nuestros militares profesionales, podrían resumirse básicamente en dos. Por disciplina, por una parte; pero

también por firme convicción.

Marco AURELIO

(Los artículos anteriores de esta serie fueron publicados los días 20 y 22.1

 

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