Autor: García Martínez de Murguía, Prudencio (MARCO AURELIO). 
   El ejército en la España del futuro (y IV)     
 
 Arriba.    25/05/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 9. 

EL EJERCITO EN LA ESPAÑA DEL FUTURO (y IV)

EL patriotismo, concebido como sentimiento y compromiso de servicio —y, si preciso fuera, de sa-

crificio— encaminado a la defensa del bien común de una colectividad, puede revestir —y de. hecho

reviste— diferentes formas en función de las necesidades y características de cada época, e incluso dentro

de una misma época adquiere a su vez diferentes as-´ pecios en función de las circunstancias específicas

de cada sujeto y de cada estamento en particular. Así, el patriotismo de cada ciudadano presentará

modalidades diversas según la actividad —política, social, profesional, etc.— desde la cual el interesado

preste su servicio a la comunidad.

Pero limitándonos al ´estamento que nos ocupa —el castrense—, a un momento determinado —el que hoy

vivimos—, y a un lugar concreto —nuestro propio país—, creemos oportuno centrar hoy nuestras con-

sideraciones sobre algunos de los más decisivos elementos que actualmente pueden, y, a nuestro juicio,

deben configurar el patriotismo del militar español de nuestros días, -en una situación como la ^que

actualmente atraviesa nuestra Nación: situación de paz externa y de profunda transformación interna.

Existen circunstancias en la vida de los pueblos y en !a historia de las comunidades humanas en que éstas

se ven abocados a importantes cambios de mentalidad; ocasiones en que colectividades enteras se ven

impulsadas —por imperativos de fuerza histórica, biológica, sociológica o de todas ellas a la vez— a

realizar una profunda revisión de algunos de los conceptos y convicciones que un día asimilaron y que

durante largo tiempo tuvieron airaigados como válidos, y tal vez como definitivos. Pues bien: éste es, para

España, uno de tales momentos. Lo es por lo que respecta a nuestro país en su conjunto, y lo es también, y

muy especialmente, por lo que atañe a su colectividad militar.

Partamos de la constatación de un hecho, común a todo país oriental u occidental, bajo cualquier sistema

democrático q totalitario. Como muy bien ha escrito él profesor García Añove-ros, «Los ejércitos de los

distintos países, para ser eficaces, tienen que estar compenetrados con las bases ideológicas de sus res-

pectivas organizaciones políticas. Para poner casos extremos, no resulta imaginable un Ejército norteame-

ricano integrado por una oficialidad comunista, ni ur, Ejército cubano dotado de excelentes profesionales

de mentalidad capitalista. Los profesionales del Ejército no son mercenarios que están a lo que se les

mande con tal que se les pague. Están al servicio de un pueblo que se organiza de acuerdo a ciertos

principios de convivencia.» Exacto. Así, mientras Ejércitos como el inglés o el francés son formados en la

convicción de que la sociedad civil a la que sirios e instituciones . firmemente democráticos y pluralistas,

otras Fuerzas Armadas, como las soviéticas o ven debe inspirarse en Grítelas chinas, son adoctrinadas en

la dogmática convicción de que están al servicio de una. monolítica sociedad inspirada en criterios

marxista-leninistas en su versión respectiva.

Este hecho obedece a una insoslayable realidad que, a ñ´uestro juicio, podría resumirse así: no puede

concebirse un Ejército que sirva y defienda satisfactoriamente a una sociedad dé creencias y aspiraciones

opuestas o excesivamente discrepantes de las suyas, ni tampoco puede concebirse una sociedad que se

sienta leal-mente servida o defendida por un Ejército que —pese a ser nutrido biológica y

sociológicamente por elia— abrigue convicciones sociales o políticas opuestas o notablemente

divergentes de las que aquélla desea establecer, mantener e institucionalizar. La consecuencia de cuanto

antecede se desprende por sí sola: ahora que nuestro país ha expresado inequívocamente su deseo de

organizar su vida colectiva sobre la base cíe unos principios democráticos y pluralistas, también su Ejér-

cito habrá de adaptar su" formación y mentalidad a las nuevas exigencias, Inspirándose en el respeto a ese

conjunto de valores sobre Jos cuales la Nación, en la nueva etapa histórica ya iniciada, ha decidido funda-

mentar su convivencia civil.

COMPONENTES DE UN PATRIOTISMO DEMOCRÁTICO

Valores sociales y ciudadanos tales como el legítimo pluralismo, el respeto a las convicciones aienas, ía

exigente búsqueda de una mayor justicia distributiva, la libertad sin otro límite que el impuesto por la

libertad de las demás, la unidad en el respeto a la diversidad, y el consenso mayorita rio ante diversas

opciones de poder libremente expresadas, son conceptos que^el militar profesional de una sociedad de-

mocrática debe asimilar, y no sólo por la víg de la obligada disciplina, sino conv prendiéndolos,

asumiéndolos y haciéndolos suyos en el terreno de la profunda convicción moral. En una palabra:

incorporándolos a su patriotismo y ´ colocándolos en el alto lugar que les corresponde dentro del seleto

conjunto de valores morolas que como militar está dispuesto a defender y respaldar.

Nos resulta evidente que .tales valores, aplicados al funcionamiento de Ia sociedad a cuyo servicio está

constituido un Ejército, ni subvierten ni menoscaban en absoluto la esencia profunda de éste: muy al

contrario, no sólo la respetar, plenamente, sino que, de hecho, le elevan en su contenido moral. Para los

Fuerzas Armadas de una sociedad democrática, las virtudes militares continúan siendo imprescindibles y

mantienen intacto su valor; el patriotismo, el honor, la disciplina, la fidelidad, la lealtad, la abnegación, y

en caso necesario también el heroísmo, con servan su pleno sentido. Pero la proyección y contextura

intelectual de todas ellas han de evolucionar con las realidades históricas y sociológicas, orientándose con

arreglo a las exigencias de cade* época y al conjunto específico de circunstancias políticas, sociales y

culturales que la configuran.

Hoy no se concebiría un patriotismo proyectado como antaño hacia la conquista de vastos territorios

coloniales, ni tampoco hacia los espectaculares alardes de valor y sacrificio derrochados en guerras

calificadas como «religiosas» contra «infieles» o «protestantes», encaminadas al triunfo definitivo de una

determinadajdéa mediante el sometimiento militar de aquellos pueblos o canunidades que la rechazan, 3

Incluso contra aquellos Dtros que pretenden retornarla incurriendo en la «heterodoxia» religiosa o filosó-

fica.

En cambio, para los Ejércitos de hoy, y dentro de nuestro ámbito europeo occidental, sí puede perfecta-

mente concebirse —y practicarse— un patriotismo moderno, integrado a partes iguales por una eficaz

preparación militar frente a cualquier agresión exterior, y por una postura estrictamente apartidista en lo

político, sólidamente apoyada en una formación humanística mora! e inlelectualmente imbuida hasta las

entrañas de exigentísimas convicciones en materia de justicia, libertad, democracia, mutuo respeto y

digna convivencia social.

MARCO AURELIO

 

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