Junta de Jefes de Estado Mayor. 
 Repulsa por un artículo de "El Alcázar"     
 
 Arriba.    15/05/1977.  Página: 10. Páginas: 1. Párrafos: 15. 

JUNTA DE JEFES DE ESTADO MAYOR REPULSA POR UN ARTICULO DE «EL ALCÁZAR»

MADRID. (De nuestra Redacción.)—Tras la reunión celebrada ayer por la Junta de jefes de Estado

Mayor, se hizo pública la siguiente nota oficial:

«La Junta de jefes de Estado Mayor, órgano colegiado superior de la cadena de mando militar de los

Ejércitos, en sesión celebrada en el día de hoy bajo la presidencia del almirante Buhigas, acordó por

unanimidad hacer pública su repulsa por los conceptos vertidos en el artículo aparecido en el diario «El

Alcázar» el pasado día 12 del corriente mes de mayo, bajo el título «El día de las Fuerzas Armadas».

Publicamos a continuación el artículo del diario «El Alcázar»:

ALEXANDROS EL DÍA DE LAS FUERZAS ARMADAS

Como ya es tradicional, el próximo día 29 parece ser que se celebrará en Madrid un desfile militar. Una

vez más las Fuerzas Armadas, nación en armas —no pueblo en armas—.saldrán a la calle en la paz de

España para hacer constar la permanencia de su presencia y la inalterabilidad de su esencia. Sin embargo,

algo parece indicar que este año la parada militar y sus circunstancias van a tener unas ciertas diferencias

con lo acostumbrado hasta ahora. Quizá valga la pena analizar, siquiera sea brevemente, algunas de estas

diferencias.

Por primera vez desde 1939 se va a presenciar un desfile conmemorativo del Día de las Fuerzas Armadas

y no el desfile de la Victoria, como hasta ahora había sucedido. Ya el año pasado hubo una fuerte

controversia. Entonces —y con mucho esfuerzo— prevaleció todavía el criterio heroico. Era de esperar, a

la vista, no ya de la ruptura, sino del destrozo total y concienzudo que se ha hecho del Régimen, que este

año prevaleciese el criterio político, no distinto, sino antagónico y diametralmente opuesto al anterior.

Una vez más —y es de temer que no sea la última— las Fuerzas Armadas han cedido a una imposición

política, y una vez nías se aducirá como razón para esta cesión su patriotismo. En verdad que se está

usando y abusando en demasía de ese patriotismo y en su nombre y valiéndose de él se está llegando a un

desmantelamiento sistematico, incluso en el puro concepto geográfico, de la Patria, aprovechándose de

unas Fuerzas Armadas que están demostrando una disciplina qué llega a alcanzar grados heroicos, pero

que, más pronto o más tarde, si se las sigue presionando, recordarán lo acertado de aquella frase polémica,

dignamente pronuncia, da en dramáticas y recientes circunstancias: «Antes que la disciplina, está el

honor.» Lo cierto es que a las Fuerzas Ármalas se las ha privado de] legítimo orgullo de conmemorar una

victoria que hizo posible España; que los que sepan, puedan y quieran, juzguen si esto atenta o no a su

honor.

Pero no es esto sólo. Parece ser que, también por primera vez, sólo desfilarán tropas a pie. Será curioso

ver destilar a la División Acorazada, la mejor, más completa y más potente de las unidades del Ejército

español, sólo a pie y con armamento ligero; pero, éso sí, perfectamente conjuntada al compás de sonoras

marchas militares, que ya no sirven para llevar las Banderas a la victoria.

Se dice que el motivo es la escasez de materias energéticas y que el Ejército es el primero que debe

demostrar austeridad en su consumo. Cabría preguntarse si realmente sale tan caro mover unos batallones

de carros por el paseo de la Castellana y si, antes que forzar al Ejército a más penuria de la que ya padece,

no habría que pensar en reducir otros muchos gastos y consumos, mucho menos útiles, aunque quizá más

rentables para políticas concretas de partido.

No vale el engaño. De acuerdo en que se acepten disciplinadamente las órdenes, pero, por lo menos, que

no se tome por tontas a las Fuerzas Armadas. Es evidente que, en plena campaña electoral y con unos

partidos políticos que, pesé a su legalización, siguen manteniendo su espíritu subversivo —y aquí sí que

es tonto el, que no lo admita—, Ib que de verdad se pretende es que el desfile de las Fuerzas Armadas no

dé la impresión de la potencia que realmente tienen, para que no. se considere como un acto de

provocación o de coacción frente a esos partidos que esperan y desean la más mínima excusa para acusar

al Gobierno de dictatorial y continuis-ta. Todo vale; con tal de tener contentos a «sos partidos

revolucionarlos, y lo curioso es que, por su propia esencia, ellos no estarán nunca contentos, hasta que

hagan reventar a España.

Aún cabría rizar el rizo de las lucubraciones y podría llegarse a pensar si la limitación de medios en el

desfile no obedecerá a un cierto temor en las altas esferas del Poder, a que esas unidades potentes y

mandadas por dignos jefes y oficiales que, ¡posiblemente, estén hartos de soportar imposiciones

deshonrosas, puedan, ya en Madrid, cambiar el rumbo del desfile y orientar sus cadenas y sus torretas a

puntos de la capital distintos al punto final del desfile. Realmente resulta muy duro admitir que esto, aquí

y ahora, pudiera suceder, pero el temor sí puede existir y está claro que, ante el temor, lo mejor es

eliminar la causa; decididamente los carros permanecerán en sus hangares, con los cañones "enfundados,

mientras sus dotaciones recorren a pie el paseo de la Castellana.

Y para las Fuerzas Armadas de España ese paseo va a ser ca, si Vía Dolorosa, porque, y ésta es la última

diferencia con años anteriores que se intentaba analizar, este año el desfile militar va a contar con la

presencia activa del flamante Partido Comunista de España.

Empiezan a conocerse las consignas que, con respecto al desfile, está impartiendo el PC a sus militantes.

Deben acudir de forma que ocupen las primeras filas, para que su presencia no pase inadvertida; dentro de

la ostentación de esta presencia deben mostrar una clara actitud de respeto hacia el Ejército; deben saludar

francamente con el puño en alto y mostrar claramente sus colores e insignias.

¿Y esto no es provocación? Ante este público «respetuoso» van a ofrecer el espectáculo de su desfile las

Fuerzas Armadas, muchos de cuyos jefes lucharon contra él comunismo; muchos de cuyos jefes, oficiales

y suboficiales vieron, o sintieron caer en la lucha .o vilmente asesinados por el comunismo a sus más

próximos y queridos familiares; la totalidad de cuyos jefes, oficiales y suboficiales se han educado y se

han formado en el amor a una Patria que el comunismo quiere destruir. Si se ha evitado la provocación a

los partidos políticos y concretamente al comunista, ¿no se podría hacer algo por evitar una nueva

humillación a los soldados de España?

A la vista de todo esto y de mucho más que, por sabido, se calla, resulta hasta lógico que no se celebre el

Día de la Victoria, porque la verdad es que hay que reconocer que no ha existido tal victoria. La triste

realidad es que en 1939 hubo, a lo sumo, un simple triunfo militar en una batalla; pero la guerra, la

auténtica y completa guerra, la presentida Cruzada contra el marxismo, ésa se empezó a perder el 20 de

noviembre de 1975, y quiera Dios que en este triste y desastroso 1977 no esté ya irremediablemente

perdida.

En estas condiciones, los que todavía tengan ganas de asistir, van a presenciar, más que un desfile militar,

el paso de unas tropas, privadas de su armamento peculiar, por una carrera cubierta de puños en alto,

hoces y martillos. En realidad será la moderna versión de las Horcas Caudinas.

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