Autor: Franco Pasqual del Pobil, Nicolás. 
   El test ha comenzado     
 
 ABC.    19/12/1975.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 12. 

EL «TEST» HA COMENZADO

ESTRENAMOS Gobierno e ilusión colectiva. El Rey ha nombrado en un caso, ratificado en otro, y finalmente presenciado el solemne juramento de los cargos que son clave para el desarrollo inicial de la España del futuro. En Torcuato Fernández-Miranda buscó sin dada al jurista riguroso, al catedrático de Derecho Político brillante, al consejero leal y sereno. En Carlos Arias Navarro, el Rey se ha fijado en la realidad y la promesa. La realidad contrastada de un hombre que tuvo la confianza de Francisco Franco (y que por tanto no supone una inflexión acusada como los guardianes del franquismo temían), y la promesa de un hombre que no ha hecho todo lo que se proponía hacer porque encontró a menudo incomprensiones paralizadoras; de un hombre cuyo talante no puede medirse por lo realizado, sino por la vocación puesta de manifiesto aquel 12 de febrero, cuyo «espíritu» hizo historia, aunque no llegó a corporeizarse. El Rey ha ratificado a Carlos Arias; pero permítaseme rizar el rizo para decir que, al mismo tiempo, «ha nombrado» a un nuevo Carlos Arias. Puede resultar curioso, e incluso paradójico, pero no lo es porque un hombre, en determinadas circunstancias políticas y en una misma fidelidad a España y a quien encarna su rectoría, puede imprimir a su acción y a su vocación un ritmo diferente. Hoy, el ritmo adecuado es (debe ser, tiene que ser) más vivo que el de ayer.

Con estos dos hombres en la cancha, y el nuevo Gobierno listo para la acción, el Rey ha cumplido una de sus primeras misiones constitucionales. Y una detenida lectura de los órganos de información y opinión más importantes del país arroja un saldo de crédito expectante ante estos nombramientos. El tiempo dirá no si ha acertado el Rey, sino si han acertado los señores Fernández-Miranda, Arias y el equipo que lleva la responsabilidad conjunta y solidaria de las tareas de Gobierno. Y esto es muy importante y se ha dicho muchas veces, pero habrá que decirlo muchas más: el Rey no es el Caudillo, no tiene sus poderes, y, por lo tanto, no tiene sus responsabilidades. Hemos pasado, efectivamente, de un régimen de excepción a uno que no debe necesitarlas, del Caudillo al Rey..., y se han potenciado con enorme fuerza, una vez desaparecido Francisco Franco, las Instituciones y los hombres que las encarnan. Porque hoy ha desaparecido de nuestro vocabulario español práctico el vocablo cansina.

Fernández-Miranda estudia, a través de la lente de su experiencia, el futuro panorama legislativo español. Arias rememora vocaciones pasadas y remoza y pone a punto, para una hora nueva, ideas que ayer eran avanzadas y que hoy precisan ya de una importante actualización con hechuras de modernidad.

Y en estos momentos suena la hora clave, que abre la que hasta hace apenas unos días llamábamos «el futuro».

El futuro demanda muchas soluciones a muchos problemas políticos, económicos, sociológicos, laborales, culturales..., que suponen el entramado de cualquier país. Hacer ahora la lista de esos problemas sería presuntuoso porque requeriría apuntar múltiples soluciones. Sin embargo es lógico pensar, tras muchas conversaciones con gentes diversas y a través de lecturas de Prensa, que hoy a los españoles les preocupa, de inmediato, lo estrictamente político. Y, dentro de lo político, la evolución hacia metas auténticamente democráticas, hacia una mayor participación en las tareas públicas.

En definitiva, el gran reto es el de ensanchar el marco democrático. Es desarrollar el ya célebre, aunque joven, concepto de la concordia nacional. Y para ello es preciso abrirse con decisión, con dinamismo y valentía, presididos desde luego por el sentido común. La propia Prensa extranjera, ayer tan hostil y hoy tan atenta, apunta la oportunidad de un pulso firme, un paso medido, para no caer en la regresión. Hay, para todo, un «tempo», y también lo hay, es natural, para democratizar. Pero es importante mostrar esa vocación y hasta planificarla inequívocamente. Una espera no puede hacerse ilimitada. Prolongarla un día más de lo justo daría al traste con la esperanza. Y la esperanza es, en estos momentos, la primera de las virtudes cardinales de nuestro patriotismo.

Se trata no de romper el marco, pero sí de hacerlo mucho mayor: «de todos los españoles».

Y en ese marco debe entrar lo que comúnmente llamamos «la izquierda». Per- • sonalmente no creo en la mitificación de la clandestinidad, porque creo en la aritmética del sufragio universal. Y ahora mismo la izquierda está mitificada y para las gentes es una incógnita su nómina real. Integrar a la izquierda es un gran reto para el futuro próximo. Sería un contrapeso y un estímulo para la derecha. En el enfrentamientó dialéctico, programático y pragmático, surge siempre, o casi siempre, una disposición más justa y, por tanto, un beneficio social. Muy posiblemente en estos momentos y por algún tiempo, la «izquierda», hasta que esté encauzada legalmente, sea minoritaria; pero es preciso respetar a las minorías, como es necesario acatar las decisiones de la mayoría.

Es preciso que cuantos se apunten de corazón y sin dobleces al libre juego democrático tengan oportunidad de exponer sus ideas y de ganar sus adeptos. No habría sitio, por supuesto, para quienes pretendieran, con su presencia y actividades, romper ese marco de convivencia en da libertad. La integración de la izquierda es quizá el primer reto político planteado y habrá que darle una respuesta adecuada y realista.

Y hay otro reto aislado, urgente, que es preciso solucionar honrosa y definitivamente en semanas: el Sahara. El tema, a lo largo de su desarrollo, ha tenido un tratamíento desconcertante: reticencias iniciales, gestiones enigmáticas sustitutorias, etc., para desembocar al final, con el resultado de la conferencia tripartita, en un nuevo mutismo que ha desorientado a la opinión pública. Sólo hace unos días conocimos el texto de los acuerdos y, la verdad, no hay grandes motivos para la tranquilidad o el triunfalismo.

Argelia ha hecho duras advertencias; Marruecos se ha lanzado a un relevo de las guarniciones españolas, y el Frente Polisario es ya una fuerza armada y disciplinada que controla parte del territorio y cuenta con las simpatías y apoyos argelinos. Las deserciones de pronombres saharauis a un lado y a otro son notables y, ahora mismo, hacer una disección del panorama exigiría un equipo de expertos y tiempo. La gente, los españoles, no sabemos realmente cómo está la situación. Sabemos que puede traernos disgustos porque de esa maraña de intereses y de facciones es difícil que salga algo coherente.

Sabemos también que el honor está a salvo porque está guardado por las Fuerzas Armadas, que ya han dado buena medida de su voluntad firmísima y de su decisión. Pero el problema es esencialmente político, y ahí debe ser resuelto.

La apertura del marco democrático, como iniciación del camino político, y el problema del Sahara, como quiste que hay que terminar de extirpar con dignidad y limpieza, son las dos grandes cuestiones con que comienza el «test» del futuro.

Nicolás FRANCO PASQUAL DEL POBIL

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