Autor: Luca de Tena y Brunet, Torcuato (MERLÍN; ABC). 
   Lo nacional y lo político     
 
 ABC.     Páginas: 1. Párrafos: 7. 

LA ROSA Y LA ESPADA

LO NACIONAL Y LO POLÍTICO

CON el mayor respeto hacia la persona y dignidad del cargo del señor ministro de la Gobernación, voy a permitirme dialogar mano a mano con mi máquina de escribir (lo que equivale a meditar en voz alta) respecto a una nota emanada días pasados, de la Oficina de Prensa de su Departamento, en la que se anunciaba el propósito de ese Ministerio de abrir una suscripción en beneficio de los familiares de las victimas del terrorismo.

Prescindiendo del hecho notorio de que tales manifestaciones fueron hechas cuando ABC llevaba recaudados casi veinte millones de pesetas para el mismo fin (cantidad que ha sido ya duplicada); prescindiendo de que esta medida oficial, se justifica (en la nota que la hace pública), en la necesidad de evitar confusiones por parte de los donantes, y que, probablemente para «evitar confusiones», las cuentas del Gobierno han sido abiertas en las mismas entidades bancarías y Cajas de Ahorro en que Prensa Española tiene establecidas las suyas; prescindiendo de que en la práctica de la leal colaboración entre gobernantes y gobernados no es usual que los primeros se apropien de las iniciativas de los segundos; prescindiendo de todo esto, conviene considerar si es útil, si es conveniente, si es medida de buena política, si no es un error, en suma, que el Estado inicie una recaudación pública en beneficio de los familiares de sus propios funcionarios. ¡Naturalmente que tiene que ocuparse de ellos! •¿Pero... con qué fondos? La cosa es clara: con los que recauda del contribuyente por las vías normales previamente establecidas. Recaudar a título de suscripción lo que tiene obligación de aportar, con medios que al fin y a la postre proceden del mismo saco, es ciertamente insólito.

La nota del señor ministro se publicó cuando un grupo muy importante de empresas privadas que agrupan a decenas de miles de accionistas nos habían hecho saber, por cauces directos y seguros, su deseo de participar en notable proporción en nuestra obra benéfica: deseo que estaba pendiente, para llevarse a la práctica, de la autorización de un Organismo Superior o Consejo Regulador que a todas ellas abarca y auna. .¿Se pretende, tal vez, desviar tan generoso donativo de la suscripción «privada» a la oficial? ¿Existe el temor de que quienes han organizado y planificado tan loable iniciativa, y encauzado a la opinión, y conseguido lo que han conseguido, no sepan aplicar debidamente los fondos sin las previas consultas a una Comisión formada por hombres expertos y honestos? ¿Preocupa en las alturas que sea un medio concreto de comunicación social el que encauce y administre en beneficio político propio una explosión de solidaridad y generosidad tan formidable y conmovedora como la que estamos presenciando? Si un lector de otro periódico se hubiera anticipado a iniciar la recaudación popular a través de una publicación distinta a la nuestra, hubiéramos aportado nuestro donativo a ese otro periódico, como ha hecho noblemente Prensa Castellana, editora de «Informaciones», engrosando nuestra lista con medio millón de pesetas, pues no es la vanidad, ni la legítima satisfacción dé la obra bien hecha, sino la voluntad de servir a una causa noble (que no es nuestra, sino de los donantes) lo que nos mueve. No se nos oculta que la causa inicial que ha inducido al Ministerio de la Gobernación a organizar esta segunda y •paralela recaudación benéfica, ha sido la de encontrarse con una súbita aportación de espontáneos y generosos donantes llegadas de Ayuntamientos y Gobiernos Civiles. Se encontraba ante la opción, o bien de aportarlo a la suscripción ya existente, pública, organizada y en marcha, o de abrir su nueva recaudación de la que,, por cierto, no se ha hecho pública, la lista de donantes, ni las cantidades habidas. No optó por lo primero, sino por lo segundo. No podemos menos de dolemos por ello y de explicar con toda nitidez las razones que nos asisten.

El valor sociológico de las listas que venimos publicando con evidente retraso (pues el cúmulo de nombres excede muchos días al espacio que podemos dedicar) es ingente: niños y jóvenes que aportan el dinero que hubieran invertido ese día en un espectáculo al que renuncian; vascos que hacen patente su españolismo; cubanos refugiados; recaudación en peñas, casinos y tertulias; suscripciones voluntarias de empleados de entidades; las entidades mismas, y alguna tan espectacular y sorprendente como ésta: «Dos jóvenes ex miembros del F. R. A. P.»..., que demuestran con su «ex» que no quieren en el futuro manchar sus manos ni su conciencia de sangre.

Si admirables son las grandes sumas de quienes más pueden, no lo son menos las aportaciones masivas de los que, con cantidades más reducidas, quieren hacer presente su solidaridad con los abnegados defensores de nuestra paz. Fueron muchos los españoles que nos conmovimos con las ilustraciones gráficas del primero de octubre, en las que se veía a jóvenes y maduros abrazando a los guardias uniformados o estrechándoles calurosamente la mano. Pues bien, en cada una de estas aportaciones, desde la más modesta a la más alta, hay un abrazo personal del donante, y en la suma de todas un .abrazo multitudinario, plebiscitario, de la sociedad española a los guardianes de nuestra seguridad. En la hucha con que salió a la calle el primer ministro sueco, recabando dinero para la subversión en España, ¡no caben en verdad las monedas recibidas en nuestra caja! Contundente respuesta de la comunidad española, a quien convirtió las severas calles de Estocolmo en canchas de circo y disfrazó su alta investidura con tapujos de payaso! Quienes hayan seguido con atención las listas de lo recibido habrán leído lemas como éste: «Un matrimonio sueco escandalizado...», «un ex admirador de Echeverría...», «un holandés avergonzado.» Y algún italiano y algún belga. Y muchos mejicanos, que han querido paliar con su gesto de buena voluntad las injurias gratuitas vertidas contra nuestro país por unos Gobiernos sectarios imbuidos de «ignorancia culpable», es decir, ignorancia voluntaria, respecto a la realidad española.

Lo que tiene valor político, lo que sirve de baremo para comprobar la salud social de nuestro pueblo, es el hecho altamente esperanzador de que la iniciativa de esta magnífica eclosión de solidaridad popular que estamos presenciando haya salido de la comunidad en sí misma. Defendiendo a quienes nos defienden, protegiendo a quienes nos protegen, honrando a quienes nos honran, el pueblo español ha demostrado, está demostrando, por medio de la magna suscripción nacional de iniciativa privada que nos ocupa, una sólida madurez ciudadana, una exquisita sensibilidad cívica. ¡Qué perfecta lección, qué ejemplo más confortador la de esta nobilísima competencia de generosidades!

No quisiera terminar este diálogo mano a mano con mi máquina de escribir sin hacer otra consideración, que estoy seguro será apreciada por la fina inteligencia de nuestras autoridades. El tema es delicado, pero diáfano, como todo cuanto es evidente. Una suscripción «oficial» podría aparentar un deseo de recibir un apoyo masivo a la «política oficial». Y esto sería falso. No falso por ser lo contrario, sino falso por no ser eso. El tema es otro. El apoyo o desapoyo a la política del Gobierno no está en juego en este caso. Lo que moviliza a la masa de opinión es el repudio al terrorismo y la solidaridad con sus víctimas predilectas: los defensores del orden. ¿Que la cosa es parecida porque también el Gobierno repudia al terrorismo y se solidariza con las víctimas? La cosa es parecida..., pero no es lo mismo. Resulta muy humana la tentación de arrimar el ascua a la propia sardina, pero es una tentación a la que hay que saber renunciar.

Torcuato LUCA DE TENA De la Real Academia Española.

En la caja de Prensa Española, Serrano, 61, pueden ingresarse los donativos para la suscripción, personalmente o por giro, haciendo constar en este caso "Suscripción en favor de las viudas y huerfanos de las Fuerzas del Orden victimas del terrorismo». En las entidades bancarias y Cajas de Ahorro de toda España se reciben también donativos en las cuentas corrientes abiertas al efecto a nombre de Prensa Española, señalando este extremo.

 

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