Autor: ;Campos del Rey, José. 
   La campaña de los corderos     
 
 ABC.    24/06/1960.  Página: 46. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

LA CAMPAÑA DE LOS CORDEROS

Un grupo de ganaderos nos envía, con ruega de publicación, la siguiente nota:

No existe razón alguna para dar por terminado el próximo día 30 de junio el plan de regulación de la

campaña de corderos desenvuelto hasta ahora por el Sindicato Nacional de Ganadería con la aprobación y

refrendo de la Comisaría de Abastecimientos y Transportes. Por el contrario, son. muchos los motivos

que aconsejan, y hasta imponen su continuación.

El plan de referencia, que ha tenido por meta la defensa de los intereses de ganaderos y consumidores,

estableciendo para ello la más directa comunicación posible entre producción y consumo, anticipó como

tope mínimo o precio suelo en matadero el de 32 pesetas kilo canal de carne para el mes de junio, por

cuanto se consideraba que de dicho precio no podía bajarse sin que la pérdida para la ganadería entrase ya

abiertamente en el ámbito de lo ruinoso. No obstante esa previsión, la Comisión Mixta reguladora, en su

reunión de 20 de mayo estimó—desde luego contra el criterio firme de la representación ganadera—"que

las circunstancias imponían un precio aún inferior, acordando entonces el de 30 pesetas, y extendiendo su

vigencia hasta el 30 del actual junio, sin que nada posterior a la fecha del acuerdo haya aconsejado, por lo

visto, variar éste.

En tales condiciones, sería contradictorio dar por terminado el plan regulador precisamente el día 30 de

junio, cuando el precio vigente hasta esa fecha constituye el más puro índice de que la campaña de

corderos—para cuya tutela se estableció aquel plan—se encuentra en su más crítico y agudo momento.

No debe olvidarse que el primer precio acordado por la Comisión reguladora en el ejercicio de sus

funciones, fue el de 36 pesetas kilo canal de carne. En su consecuencia, hasta que la mismo Comisión

pueda, en vista de las circunstancia, volver de nuevo a ese precio, nadie podrá negar que la anormalidad

se mantiene y que por tanto subsiste rigurosamente el problema para cuya resolución fue creada.

El plan no surgió con un tiempo de duración predeterminado.Su vigencia no tiene, pues, otro límite que el

de los objetivos mismos que lo inspiraron y lo establecieron. Mientras esos objetivos no se hayan

alcanzado plenamente, es incuestionable que el sistema debe continuar. Otra cosa sería dejar sin

protección, a mitad de camino, los intereses que se le confiaron. De una parte, los intereses ganaderos,

toda vez que la cotización actual es indicio, como queda dicho, de que nos encontramos en el momento

más agudo del problema. De otra, los intereses del consumidor, ya que un recorrido hacia la normalidad

de precios sin el control de una regulación, sería también carneo abonado, para la especulación, y el

público no se beneficiaría del sacrificio, ya en parte consumado, de los ganaderos.

Sobre este último punto, conviene insistir. En los momentos actuales, gran parte de los corderos de la

mitad sur de España no están ya en manos de los ganaderos, sino de los intermediarios, que los han

adquirido durante las últimas semanas mediante precios en campo acomodados a las bajas cotizaciones

vigentes. Son corderos que aún no han llegado al consumo—pues muchos de ellos se encuentran en

pastos— y que, sin embargo, los ganaderos han tenido que vender en las etapas de máxima baja,

consumándose por tanto respecto de los mismos un grave sacrificio para la economía ganadera. Es de

desear que de ese sacrificio, ya inevitable, se beneficie el consumidor. Y pudiera no alcanzarse tal

designio si la absoluta libertad de comercio y precios se produjera a partir del día 30 de junio, pues

entonces la especulación podría originar un movimiento precisamente inverso al temido para la primera

fase de la campaña, es decir, una brusca subida de precios totalmente en desacuerdo con los que han

venido rigiendo hasta el momento.

El alza inevitable de las cotizaciones debe venir progresivamente y bajo control, del mismo modo que se

produjo el descenso. El plan, repetimos, asumió la doble defensa de productores y consumidores. Y así

como durante el período inicial reclamaba primacía la defensa de los primeros, en la nueva fase que se

avecina cobra especial trascendencia la de los últimos.

Finalmente, el plan no ha venido a ser un remedio heroico aceptado a la fuerza como mal menor. No ha

ocasionado perjuicios injustos a ningún sector. Son los ganaderos los únicos que podrían lamentarse de

haber padecido unos precios mezquinamente remuneradores en su nivel máximo y claramente ruinosos en

el mínimo. Sin embargo, saben que el sistema no podía evitar por sí mismo estas consecuencias y tienen

motivo para pensar que aún hubieran sido peores éstas de no establecerse aquél. En cambio, ha permitido

dar salida—en una etapa de reducción de la capacidad adquisitiva del consumidor español—a una de las

mayores ofertas de corderos que se haya producido jamás en España, sin que los precios hayan oscilado

gravemente desde su punto de origen o hayan experimentado una caída vertical. Por otra parte, es la

primera vez que en nuestro país la abundancia de corderos y la consiguiente disminución de precios se ha

reflejado de manera sensible, precisa y continuada en los precios al consumidor, haciendo llegar la carne

a sectores más extensos de la población. A la vista de estos resultados, parece incongruente aquilatar y

recortar los días de vida del plan como si se tratase de un remedio doloroso y caro."

Firman la nota: Francisco Iñiguez, José Campos del Rey, conde de la, Maza. Manuel de Parada, José Luis

del Pozo, marqués de Siete Iglesias, Antonio Palomo, Carlos Navarro Figueroa, Alvaro Cavestany,José

Luis Rodríguez Viñals, Alfonso Díaz de Bustamante, Jesús Blanco, Antonio Roldán, José Antonio Ortega

Rosales.

 

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