El milagro de la concentración parcelaria     
 
 ABC.    04/11/1959.  Página: 48. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

A B C. MIÉRCOLES 4 DE NOVIEMBRE DE 1959. EDICIÓN DE LA MAÑANA. PÁG. 48

EL MILAGRO DE LA CONCENTRACIÓN PARCELARIA

Dos grandes males han venido aquejando a la propiedad rural en España a través de los años: el

latifundismo, banderín de enganche para la mayoría de las revoluciones demagógicas, y el minifundismo,

que parecía más de acuerdo con los principios democráticos, pero que pugna gravemente con los

principios económicos. Entre ambos males, si se nos apura un poco en la calificación, es mucho peor el

segundo que el primero. El latifundio está en cada momento preparado para admitir una reforma de los

cultivos, una modernización masiva de la explotación. Son pocas las voluntades que hay que concertar,

sobre todo si no se trata de hacer parcelaciones arbitrarias. En cambio, el minifundio se opone

naturalmente a toda labor de solidaridad económica, de cooperación agrícola, ya que el sentimiento de la

propiedad se hace tanto más hirsuto y caprichoso cuanto menor es la propiedad. Por eso la gran obra de

concentración parcelaria emprendida por el régimen—lo dijo Franco en su discurso de Medina del

Campo—está preñada de dificultades, que sólo pueden ser vencidas victoriosamente gracias a la

extraordinaria habilidad y capacidad técnica del equipo encargado por el Ministerio de Agricultura de esta

trascendental tarea.

No es indiferente, para los modernos modelos económicos, el tamaño de la empresa. Este tamaño es

óptimo en determinada dimensión, y distinto para cada actividad. Por debajo de él, el capítulo de gastos

generales se hace excesivamente oneroso, y la productividad resulta escasa. Por, encima de él, muchos de

los aspectos de la explotación económica quedan olvidados o abandonados, porque al abarcar mucho se

aprieta poco. Existe, por tanto, para cada región, para cada cultivo, para cada zona económica, un tamaño

óptimo de explotación agrícola, para el que los gastos generales son mínimos y los rendimientos

máximos. A buscar este modelo ideal de explotación ha tendido todo el gran proceso de concentración

parcelaria, con vistas, muy razonables, a aprovechar en el menor tiempo y en el mayor espacio todos los

factores de la producción.

La propiedad rural, a través del tiempo, tiende a minimizarse, a disgregarse. No es sólo por el efecto

fragmentador de la misma que ejercen las transmisiones, especialmente las "mortis causa". En la parte

norte de España, especialmente, después de varias herencias, la propiedad queda atomizada. Y aunque

haya un movimiento contrario, debido al ahorro, que busca la concentración de nuevas parcelas en una

sola mano, dicho movimiento de concentración, basado en la compra de nuevas parcelas, no consigue la

mayor parte de las veces la incorporación de las parcelas linderas, las que justifican la unidad y la

homogeneidad de la explotación. Por el contrario, aunque exista un movimiento de concentración de la

propiedad, no se consigue la concentración geográfica de las mismas, y persiste un sistema de dispersión

y disgregación de la propiedad que impide que ésta sea explotada por los sistemas modernos y racionales.

Si nos hemos extendido un tanto en puntualizar el alcance de estos problemas, ha sido para poder apreciar

en su totalidad el valor de los datos aportados por el ministro de Agricultura en los actos de entrega de los

títulos de concentración en las zonas agrícolas castellanas, a los que ha asistido el Caudillo, y que ha

tenido su máxima resonancia en la zona agrícola de Medina del Campo, que es donde con más intensidad

y fructíferos resultados se ha realizado la concentración parcelaria. Cifras cantan: Una propiedad

minimizada hasta el extremo de que 7.664 hectáreas daban lugar a 3.923 parcelas—el tamaño medio de la

parcela resultaba así de 1,95 hectáreas—, se ha reducido a 707 parcelas, con un tamaño medio de 10,78

hectáreas. Y, lo que es más importante, los tremendos "enclaves"—propiedades metidas unas de otras,

con servidumbres onerosas y molestos sistemas de cultivo—cuyo número era de 1.214, han quedado

reducidos a cero.

La labor es de grandes alientos y se .realiza con grandes entusiasmos. Se aspira a que los índices de

explotación de la agricultura española se encuentren en línea con los de los países más adelantados. Y hay

una gran labor en el _telar, porque la concentración parcelaria se opera en 781 pueblos de España, en los

que se propone reagrupar cerca de 2.500.000 parcelas, que suman en conjunto 1.244.795 hectáreas.

 

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