Discurso del ministro de Agricultura     
 
 ABC.    10/12/1959.  Página: 42-43. Páginas: 2. Párrafos: 10. 

ABC. JUEVES 10 DE DICIEMBRE DE 1959. EDICIÓN DE LA MAÑANA.

Discurso del ministro de Agricultura

Durante el acto de entrega de títulos de concentración parcelaria, celebrado en Campillo de Altobuey, D.

Cirilo Cánovas pronunció el siguiente discurso:

"Dos hechos concretos reclaman hoy

nuestra atención en la provincia de Cuenca: el cooperativismo y la concentración parcelaria. Por lo que al

primero de ellos se refiere no hará falta explicaros que el tema de la cooperación constituye una de las

más hondas preocupaciones del Ministerio de Agricultura. Porque cada bodega o almazara que se funde

bajo el régimen cooperativista, es una empresa de unidad que se forja con calor humano y una trinchera

que se abre en la vieja y muchas veces expoliada tierra de España para detener el avance de la

especulación, la turbia maniobra de los que, lejos del campo, de sus sudores y sus fatigas, se han venido

lucrando con el producto de vuestro esfuerzo.

IMPORTANCIA DEL COOPERATIVISMO

El cooperativismo rural no es una invención caprichosa, sino una medida de defensa de los legítimos

intereses de la producción agraria y de los no menos res-potables intereses de los millones de españoles

que la consumen. Al levantar una Cooperativa no izamos una bandera de egoísmo en beneficio exclusivo

del campo; abrimos, sí, un banderín de enganche para combatir todo lo que signifique especulación y

usura. Las funciones reguladoras del mercado y de comercialización que pueden y deben lograrse a través

de las Cooperativas tienden únicamente a conseguir para los productos unos precios remunera dores, sin

gravar el precio final de venta al consumidor. El Ministerio de Agricultura, a través de su Servicio de

Crédito Agrícola, está volcando sobre el campo millones y millones de pesetas, para financiar esta obra

admirable de la Organización. Sindical, capaz de garantizar al agricultor cooperativista la seguridad de

unos ingresos y su apartamiento de una situación que, hasta el nacimiento de la Cooperativa, le mantuvo

muchas veces á merced de las ambiciones desmesuradas de quienes acostumbran a aprovechar coyunturas

de emergencia.

Talayuelas, Mira, Casillas de Bañera, Campillo de Altobuey y cuantos otros pueblos conquenses tienen su

bodega o su almazara cooperativa, merecen inscribirse con grandes letras en la historia rural de esta

provincia, ya que han comprendido y apreciado el sentido de la unidad, la fuerza y la eficacia de la lucha

en común y la necesidad que tenemos, como agricultores y como españoles, de no ser una carga

permanente para el Estado, sino sus colaboradores entusiastas en la lucha por nosotros mismos y por

España. Yo os animo a que seáis firmes, en el cuidado de este inmenso bien que, gracias al pulso firme de

nuestro Caudillo, acaba de depararos la cooperación. Quizá intenten dominaros y rendiros aquellos que,

parapetados en unas posiciones especulativas, no se resignan a perderlas; pero resistir a toda costa,

defender vuestras conquistas, que nosotros estaremos siempre a vuestro lado para que seáis fuertes y

libres, pues es así como os quieren Francisco Franco y España.

LA SUBDIVISIÓN DE LA TIERRA

También nos ha traído a Cuenca otra empresa dé unidad; la concentración parcelaria. Por vez primera en

vuestra historia provincial cuatro localidades agrícolas - Olivares de Júcar, Chillarón de Cuenca,

Ballesteros y El Zarzoso - han reagrupado sus tierras divididas, lanzadas de por los siglos a la mísera

producción que impone el cultivo minifundista. Cerca de seis mil hectáreas se han redimido de una dura

servidumbre. Aquí, junto al solar de aquel español insigne que se llamó Fermín Caballero, se ha hecho

realidad su idea del coto acasarado. Si viviera hoy podríamos seguramente verle llorando de alegría entre

nosotros al contemplar que, por fin, se había realizado su sueño. Y es que la situación que él reflejó en sus

escritos y peroraciones hace casi un siglo, cuando al referirse a la funesta división y subdivisión de la

mayor parte de nuestra propiedad rural, decía que todo estaba ya dicho y todo por hacer, ha subsistido

hasta hace pocos años bajo el imperio de la confusión y la esterilidad políticas. Ha sido el Movimiento, el

Régimen de Franco el que, como en otras tantas cosas, ha dado el primer paso en la lucha contra un mal

de siglos: la temible atomización de las explotaciones. ¿Porque para qué sirven los hombres, las naciones

y las tierras de un mismo país cuando están sometidas a una funesta división?. ¿Para qué nos sirven esas

finquitas chicas como pañuelos, confuso montón de, desperdicios, irónica caricatura de una verdadera

agricultura? Aquí en Cuenca, la superficie media de las parcelas pertenecientes a las cuatro localidades

que acabo de citar no pasaba antes de la concentración de 0,32 hectáreas. Ya sabéis por experiencia lo que

con semejantes retales de tierra se es capaz de conseguir. Ni máquinas, ni caminos, ni mejoras de cultivos,

ni mayor productividad, ni disminución de los precios de coste de las producciones, ni nada de lo que, en

definitiva, es factor determinante de una agricultura moderna, próspera, rentable y progresiva. Todo

aquello es lo que el Servicio de Concentración Parcelaria ha venido a destruir y todo esto es lo que a

partir de ahora vamos a conseguir sin tardanza en provecho de vosotros y en beneficio de Cuenca y de

España.

Ya estáis en condiciones de hacer que vuestras fincas produzcan más y mejor; ya os será fácil desde este

mismo momento beneficiaros del Crédito Agrícola o de otra procedencia, porque vuestras propiedades

han sido inscritas en el Registro y podéis ofrecer la garantía documental precisa para concertar

operaciones crediticias; ya os será factible mecanizar los cultivos. y adscribir a ellos una mano de obra

fija; ya os ha de resultar sencillo crear, en suma, empresas medias estabilizadas y alistaros en las filas de

una nueva agricultura, alojada de la rutina, liberada de la servidumbre a que está sujeto el minifundio

irracional, y antieconómico. Y ahora que hemos sentado ya las bases de una operación abierta a todas las

ilusiones y a todas las esperanzas, vamos a redoblar nuestros esfuerzos en pro del regadío y a entregarnos

al empeño de hacer salir a flor de tierra una sola gota de agua que haya bajo nuestro suelo.

Ya sabéis que nosotros no venimos a los pueblos de España a decir buenas palabras y a olvidarnos de

ellas nada más volver la espalda. Primero vienen nuestros técnicos a ejecutar las órdenes que han recibido

y a resolver en pocos meses problemas que seguramente llevaban esperando siglos. Y es así porque la

política del Gobierno, la acción del Movimiento, el mandato de Franco quieren remozar las tierras de la

Patria, sacarlas de su paso cansino, liberarlas de agobios, curarlas de pasados desengaños. La Cuenca

olvidada de otro tiempo tiene que asombrar a las restantes provincias con su vigor y su temple. Si antes

estuvisteis solos, ahora no lo estáis, porque también pasa por Cuenca el meridiano de esa formidable

ilusión que, al igual que ayer, nos hace gritar hoy apasionadamente ese ¡Arriba España! que por sí mismo

vale como el más ambicioso programa político. Al gritar así, también gritamos para que Cuenca esté muy

arriba, tanto como queráis ponerle vosotros y quiere ponerla - y la pondrá - el Caudillo de todos los

hombres y todas las tierras de la Patria. ¡Viva Franco! ¡Arriba España!"

(Grandes aplausos acogieron el final del discurso del señor Cánovas.)

Seguidamente, el ministro de Agricultura y las autoridades que le acompañaban emprendieron viaje hacia

Cuenca. Al marchar el Sr. Cánovas fue objeto de una cordial despedida. - Cifra.

 

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