Autor: Tusell, Javier. 
   El alejamiento de la república     
 
 Ya.    01/09/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

EL ALEJAMIENTO DE LA REPÚBLICA

ALGO muy grave debe estar ocurriendo para que un monárquico tan sincero como Rafael Calvo Serer se

pregunte en un libro de relativamente reciente aparición acerca de la inminencia de un cambio de régimen

si no se siguen sus consejos. Con su prosa a veces deslabasada y repetitiva, Calvo nos cuenta en él,

además, su trayectoria política desde 1973 (año en el que publicó en su exilio francés "La dictadura de los

franquistas") hasta la fecha misma del referéndum de diciembre pasado.

No voy a tratar de resumir en este breve artículo las diversas tomas de postura de Calvo en todos esos

meses. Creo, sin embargo, que tiene sentido resumir y someter a crítica toda su trayectoria personal,

porque de alguna manera representa también la de una porción, probablemente reducida, de nuestra clase

política.

A partir de 1973, en el momento en que Calvo detectó que la evidente involución biológica de Franco

engendraba una "dictadura de los franquistas", empezó a considerar una posibilidad que hasta entonces

había rechazado: la del pacto con la extrema izquierda (en concreto, con los comunistas). La "junta

democrática" en la que él jugó un papel tan decisivo vendría a ser una traducción española del fenómeno

de la "resistencia" antifascista producido en toda Europa durante la segunda guerra mundial. Calvo cuenta

cómo en su seno procuró que la solución monárquica, personificada por don Juan, permaneciera como

una posibilidad frente al republicanismo de la izquierda. Aun así, no logró, como él mismo admite, una

identificación clara y absoluta entre esa opción y la de la Junta. En todo caso, según su opinión; no había

otra, alternativa para una verdadera monarquía democrática que la mencionada. Quienes habrían de ser su

punto de apoyo fundamental serían los "independientes" de la Junta Democrática, con los que Calvo

pensaba se podría formar un partido popular e interclasista. La opción personificada, en el reformismo

desde las alturas, apadrinado por don Juan Carlos, le merece a Calvo duros epítetos. Esa no sería una

monarquía democrática, sino "visigótica", en el sentido de que estaría promovida por un caudillo militar,

o de "bananas", como las repúblicas centroamericanas, que han recibido el mismo despectivo calificativo.

En cuanto al que, no menos despectivamente, denomina Calvo Serer como "estadista de Cebreros"

(Suárez), Calvo insinúa que puede seguir el mismo destino que Papadopoulos que s e m a n a s después de

un referéndum abrumadoramente favorable, meditaba sus desdichas en la cárcel.

EL libro de Calvo Serer ha sido tan rotundamente desmentido por la historia, que su lectura produce una

sensación casi surrealista. La Junta. Democrática no fue nunca un. instrumento de resistencia antifascista,

sino de propaganda comunista, igual que lo había sido la llamada Unión Nacional inventada hacía treinta

años. Su papel en la transición hacia la democracia ha sido, probablemente, de mucha menor envergadura

de lo que Calvo Serer piensa. Don Juan (que ciertamente se merece un homenaje nacional por su postura

durante años de exilio) no constituyó, sin embargo, una opción real en los últimos años. En todo caso, ha

sido su hijo} frente a los juicios condenatorios de Calvo, el que ha cumplido el programa que su padre no

pudo, por las circunstancias ajenas a su voluntad, llevar a cabo.

La consecuencia final es que tenemos una monarquía democrática, admitida por el propio don Juan, que

bien expresivamente le ha concedido su respaldo, y que la posibilidad de la República se aleja a ojos vista

día tras día. Es más, ese partido popular e interclasista que Calvo pretendía apadrinar desde los

"independientes" de la Junta Democrática y que pudo en SH momento engendrarse a través de la

Democracia Cristiana, permanece en potencia (como una posibilidad que no hay que malbaratar) en la

actual fuerza electoral de la Unión de Centro Democrático.

EL diagnóstico de Calvo Se rer está, por tanto, ampliamente desmentido por los hechos. Yo no sé si lo

mantendrá en la actualidad, pero, caso de hacerlo, su postura se inscribiría entre las de los que (¡todavía!)

quieren una catástrofe que suponga una especie de "vuelta de la tortilla", que, por otra parte, el pueblo

español ha repudiado con su voto. Quina, sin embargo, de entre quienes mantienen esa actitud, el caso de

Calvo Serer sea de los más respetables. Hay políticos que consideran que el principal motivo de su

actuación es llegar a ser ministro. Calvo Serer pertenece a otra categoría: la de quienes, por tomar una

postura sinceramente asumida, ha debido arrostrar repetidamente persecuciones. Pero eso -con ser

mucho- no basta, desde luego, en política. En 1975r concluida la aventura del "Madrid" (que el autor de

estas líneas vivió con entusiasmo , pero desde fuera), Calvo escribía que "todavía cabía construir

politicamente el futuro español partiendo de la, legalidad establecida". YO no creo que así fuera, en vida

todavía de Franco y Carrero. Lo que es incongruente, en mi opinión, es que no se crea en la posibilidad de

esa vía reformista cuando, en efecto, pese a lo que creíamos muchos, se ha llevado a cabo desde el poder

con el asentimiento de la mayoría de los españoles.

Javier TU8ELL

 

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