Autor: Arias, Jaime. 
   Cinco políticos y un destino     
 
 La Vanguardia.    22/04/1984.  Páginas: 2. Párrafos: 32. 

Cinco políticos y un destino

Jordi Pujol también se miró en el espejo de John Kennedy

Con Jordi Pujol es fácil saber a qué atenerse. No puede uno llamarse a engaño. Es un libro abierto, o

mejor dicho, varios libros abiertos, en los que está esencialmente expuesto su pensamiento, de forma muy

didáctica, volcada y explicada, de modo sustancial, su personalidad de patriota catalán que, en verdad, es

muy considerable. Faltará, es cierto, en esta transparente bibliografía, el resumen de la etapa de gobierno

que concluye. Pero, los que hayan seguido un poco de cerca su gestión, pueden confirmar que Jordi Pujol

sigue siendo el mismo. No ha cambiado; ni él, ni sus opiniones. Más bien se ha reafirmado en ellas.

Para comprobarlo, basta que cada uno se remonte a los recuerdos de primeros encuentros. Uno se acuerda

bien cíe aquel Jordi Pujol que, recién devuelto de la prisión a la vida civil, denotaba ya una absoluta

seguridad en sí mismo. Conservaba aún una buena mata de peto que le infundía un aire muy juvenil,

acentuado por una sonrisa muy kennediana. Kennedy era el mito de la joven Europa de entonces. Creo

que también se miraba en aquel espejo, con la secreta y sana ambición de llegar un día a la presidencia de

su país.

Larga marcha la que se había marcado. Todo estaba por hacer, ya que la vía democrática era la escogida;

sus principios no eran compatibles con otro tipo de sistema. Una dictadura de cualquier signo, no puede ir

con él. Su base de acción tenía que ser la de un partido en régimen pluralista, inexistente. Contaba, sin

embargo, con lo esencial: moral de hierro, vocación política inagotable, voluntad y entrega sin tasa y,

sobre todo -como buen creyente- una gran fe en su pueblo que sigue perdurando, ¡Ah!, y no olvidemos el

soporte de una mujer -Marta Ferrusola-, por muchos conceptos admirables, con la que forma un

matrimonio y una familia muy unidos por convicciones profundas y comunes ideales.

Su bagaje cultural, enciclopédico, es legendario. Es un conversador infatigable, capaz de abordar los

temas más diversos, Y un orador singularmente persuasivo que sabe utilizar en lenguaje coloquial que

más convenga, según (a clase de audiencia que tenga delante. Indistintamente, en seis idiomas. Con un

método de aproximación al oyente que le permite conectar con difícil facilidad. A veces, con demasiada,

porque se recrea en la suerte y con un estilo algo germánico que le debe venir de sus años de colegio, pero

que, por otra parte, también recuerda la prosa ocurrente y descriptiva de Josep Pla, vuelve sobre un

mismo tema, en visiones concéntricas, cada vez más amplias o más estrechas y profundas. En forma de

espiral, alzando el vuelo o descendiendo. Con leves y punzantes incisos o densos y pormenorizadores

paréntesis. Repitiendo palabras o conceptos que suenan como un repiqueteo de martillo para que se

claven bien en la memoria.

Y, en medio de la conversación, un ir y venir, la cabeza gacha y las manos cruzadas a la espalda o los

"tics" ya consabidos, al término de una jornada agotadora. Pero esto son leves defectos que humanizan la

figura del líder. La ventaja que tiene este ya veterano luchador político es que es un buen encajador y las

críticas menores no le inmutan, mientras se crece ante los fuertes ataques y las situaciones

comprometidas. Creo que en este y otros puntos -con todas sus reconocidas diferencias- coincide con

Tarradellas.

Otro punto de coincidencia es e! de poseer una personalidad suficiente como para no tener que rodearse

de mediocridades. Aunque no se salga del área de su partido. Tanto en Convergencia, como en el propio

Consell, desde Trías Fargas y Roca Junyent hasta Laporte, pasando por los Alavedra, Cullell, Coll

Alentorn, Sanuy, Oller, etcétera, no faltan presidenciables y ministrables, si es que, finalmente, CiU

accede al Gobierno del Estado. A este propósito, cabe decir que Pujol no parece haber ambicionado altos

cargos en Madrid; su ambición radica en seguir donde está, en la Generalitat, el gran proyecto de su vida,

desde donde también hay una labor de Estado a desarrollar, decisiva para el futuro de España.

Raimon Obiols, artífice de la potente máquina política que tiene tras de si

Si Raimon Obiols es hoy candidato a la primera Magistratura de Cataluña no es por casualidad. Detrás

suyo cuenta con una potente máquina política de la que es uno de los principales artífices. Acaso el más

entregado a la organización interna y puesta en marcha. A sus 43 años, lleva 17 militando en las filas del

socialismo catalán, manteniéndose casi siempre en discreta segunda línea, lo que va con su carácter, hasta

verse catapultado hacia metas más altas, lo que obedece al especial carisma de que goza entre sus más

inmediatos correligionarios.

Sabido es que, de pequeño, su cabeza de niño rubio y candoroso sirvió a su padre, el pintor Josep Obiols,

de modelo para los frescos que le encargaron los monjes de Montserrat. En el libro-entrevista, muy

periodístico, de Jaume Gullamet, recién publicado, hay toda una iconografía de Raimon. Un retrato, del

que también es autor su padre, excelente, que nos muestra a un chico ya más crecido, lápiz en ristre, serio,

retraído y pensativo, refleja la personalidad del actual secretario general del PSC, más ajustadamente, tal

vez, que no algunas fotografías de estos días.

El cartel de la antigua "Associació protectora de l´Ensenyança" es una de las obras más célebres del pintor

Josep Obiols. El líder socialista se lo recuerda en más de una ocasión a su entrevistador. Lo tiene muy

grabado en la memoria. Seguramente como un símbolo que guarda relación con el curso de su vida. Es

fácil, cuando menos, asociarlo con la elección que hizo este licenciado en geología, haciéndose profesor y

hasta que tomara por mujer a otra profesora. Una catalana, hija de gallego y de castellana, dato que

explica la especial sensibilidad que Obiols manifiesta por algunos temas sociológicos de la actual

comunidad. La suya, es una vida entregada al estudio. En el Liceo francés, donde se suele aprender a

aprender, le enseñaron la historia de distinto modo, a la que enseñaban entonces en otros colegios,

especialmente la manera de enfocar la toma de la Bastilla. De boy-s-cout, recibió lecciones de

catalanismo de Jordi Pujol que, más tarde, volvería a encontrar en ¡a preparación de la Enciclopedia

Catalana, donde colaboró en su calidad de hombre de ciencias, especialista en cartografía, lo que le

califica como uno de los mejores conocedores de esta tierra. En el Partido, una de sus tareas ha sido la de

seguir estudiando. Dossiers y más dossiers, en este caso, sin regatear tiempo, lo que hace de él un hombre

muy informado. Pero, consciente de que es imposible saberlo todo, suele rodearse de un buen equipo de

colaboradores. "Decir que un político tiene que saberlo todo -confiesa- es una petulancia insoportable." Y

él que es hombre preparado, prefiere trabajar en equipo.

Da la sensación de ser un hombre tranquilo, aunque la procesión debe ir por dentro; riguroso, reflexivo,

acostumbrado a poner orden en las ideas. Ideas que, en ciertos casos, parecen muy fijas, como su

disconformidad con la idea que se tiene de Cataluña. "Se acostumbra a decir que Cataluña es un país de

clases medias. Yo he llegados la conclusión -le dice a Guillamet- de que esto es inexacto. La gente

querría un tipo de sociedad mucho más igualitaria, mucho más progresista, mucho más abierta. El

problema está en saber cómo alcanzarla."

Y, para él, uno de los problemas de España está en "el desconocimiento de lo que ha sido la historia de

España, en el sentido de opresión de unas realidades nacionalistas y de que las autonomías han de

significar un intento programático y posibilista de superación de este enorme drama histórico"

Pese a su apariencia anglosajona y a un evidente autodominio, ingleses y norteamericanos le tendrían por

un "egghead" -un cabeza de huevo- radical. En Francia, dirían de él que es un "apparatchik" de origen

mendesista, pero no sabrían si alinearlo con Rocard o Chevènement. Aquí, aunque se le sabe discípulo

directo de Reventós, aún todo está por ver. Raimon Obiols sigue siendo una interesante incógnita.

Textos: JAIME ARIAS

Fotos: PAUOLIVA

Cinco políticos y un destino

Heribert Barrera, catalanista indiscutido y rectilíneo

La trayectoria vital, relativamente larga ya, de Heribert Barrera es rectilínea. Responde bien a las siglas de

Esquerra Republicana de Catalunya. Siempre de izquierdas, republicano y catalanísimo. Podrán los

"progres" tacharle de derechista por haber permitido la existencia de una coalición gubernamental; podrán

retraerle algunos nostálgicos republicanos su apoyo a la monarquía, pero les consta que han movido sus

actos su volutad de colaborar en la consolidación democrática. Lo que nadie se atreve a discutirle es su

catalanismo que va hasta donde la legalidad le deja situarse, aunque si le apuran, aprovechando la libertad

de expresión, se declara, personalmente, a favor de la autodeterminación. Quiere decirse, con todo eso,

que no es un político imprevisible, como pudiera creerse. Encuadrado en un partido de aportes algo

heterogéneos, pero de una etiqueta bastante definida. Que acata la Constitución y el Estatut y se atiene a

las leyes, aunque no oculta deseos reformadores que no coinciden, precisamente, con los de Alianza

Popular.

De los muchos datos que aporta su biografía, conviene retener, tal vez el principal, porque dada la

fidelidad a sus principios, es el que más le ha marcado: que es hijo de Martí Barrera. Antiguo luchador

sindicalista -de la CNT - fundador de Esquerra, conseller de Trabajo -y también de Obras Públicas- con

Macià y Companys, Martí Barrera fue con el de Tarradellas y de Trueta, uno de los nombres que sonó

para la presidencia de la Generalitat en el exilio. Imbuido de sus mismas convicciones, enriquecidas por

una sólida formación intelectual, Heribert siguió por idéntico camino.

Su paso por Montpellier es otro dato. El título de Químico, obtenido en la Universidad que tiene a gala

albergar una de las más antiguas escuelas de medicina y de farmacología de Europa, es todo un privilegio.

Pero, además, aquel país de Occitania es escuela viva de la más compleja política, en cuya trama la

juventud universitaria se va curtiendo a través de continuas -cuando no dispares- experiencias. El

historiador Leroy-Ladurie y otros famosos miembros de su mismo grupo, ha contado con mucha gracia,

aventuras y desengaños sobre los que Heribert Barrera le hubiera podido advertir a tiempo.

Quiere también decirse con párrafos que anteceden que el presidente saliente del Parlament, es un gato

viejo de la política. Que ha conocido muy diferentes situaciones. En cierto modo, y contando con la

experiencia de su padre, paralelas a las que conoció el president Tarradellas. Tiene, ciertamente, con este

último, diferencias de matiz y de carácter, como las tuvo con Josep Pallach -inolvidable figura- su

compañero de Reagrupament, con el que trabajó en la busca de una síntesis de acción política de cara a la

transición. En su libro "La democracia, per fer qué?" Pallach dejó escrito un lúcido análisis sobre el

sistema que mejor podía convenir, aplicado a las circunstancias actuales. Pero no sin prevenir los

sacrificios que comportaba esta aplicación y el compromiso colectivo que entrañaba. "Diàleg i entesa no

vol dir confusió, ni barreja" decía Pallach a propósito de los posibles compromisos. Creo que en esta

afirmación y en la noción clara de la línea divisoria que le separaba con el autoritarismo, esta la esencial

coincidencia con Heribert Barrera y otros políticos catalanes de esencia democrática.

Luego, bajo esa sonrisa afable que a veces se tuerce, esa mirada inteligente que, en ocasiones, se torna de

acero, ese hombre hábil e ilustrado, que parece tener respuestas adecuadas para todo, da la impresión de

contener el alma de un hombre radical y hasta cierto punto, intransigente. Pero, repito, es una impresión

que puede ser errónea, porque hasta ahora, de sus hechos y palabras, destacan su espontánea o calculada,

antidemagogia.

Eduard Bueno, candidato inédito y emprendedor

En Coalición Popular hay un estilo -y un ritmo- Fraga; dinámico, ubicuo, persistente, a veces

desenfrenado. Y un estilo Alzaga; reflexivo, pausado, sugeridor, a veces sermoneante. Eduardo Bueno

encaja más con el primero; de ademán ligero, porte juvenil y deportivo, saludo franco, mirada abierta y

sostenida, cabeza enhiesta, cabello ensortijado, rasgos bien perfilados. Un buen ejemplar de empresario

decidido o –como dicen los americanos —"agresivo". Nuevo, sorprendentemente inédito, en la arena

política, a donde le han lanzado sus amigos de la AP catalana -singularmente el entusiasta Joan Gaspart-,

fiando en las dotes personales y también en la buena estrella de este hombro emprendedor que empieza

por tener un apellido gratificador y una esposa con nombre -Divina- no menos agraciado.

Nacer con buen pie es importante. Napoleón sólo quería generales afortunados. Pero, para la política, no

es suficiente. A Eduard Bueno, que aceptó el reto, no es que le sea exactamente igual su condición de

neófito. Pero seguramente piensa que tampoco es que lleven tantas horas de vuelo -en libertad- los demás

políticos. Luego, nuestra sociedad no está tan politizada como muchos puedan suponer. Hay una masa

importante de gentes que no acaban de entender según qué discusiones o disquisiciones; que no les

prestan atención, por fatiga, por haberse quedado ancladas en el pasado o. sencillamente,

porque sólo entienden y atienden a lenguajes concretos que sintonicen con sus problemas. Gentes más o

menos acomodadas que envejecen viendo cómo va aminorándose el poder adquisitivo de sus rentas, de

sus pagas o de sus jubilaciones. Hombres de negocios que "pasan" de muchas cosas, menos de que les

atornillen y que igual les da la marcha atrás política, mientras no se lo pongan más difícil, etc...

Para dirigirse a esta clase de electorado, Bueno está convencido ser persona apta. La política, en

definitiva, desde su punto de vista, no es muy distinta al mundo empresarial, en el que le señalan como

triunfador. No sin sudores. A la edad en que sus contrincantes iban a por un título universitario, él tenía

que ganarse el pan de cada día. Lucha por la supervivencia que le llevó pronto a abrirse camino en el

sector de la construcción y, más tarde, a otras actividades industriales y comerciales provechosas.

Algunas de sus más recientes inversiones, a las que dedica preferente atención y de las que habla con

ilusión y orgullo, se sitúan en zonas hasta ahora deprimidas de Andalucía. Floricultura, especializada en

la exportación a los mercados europeos, en Almería, y piscicultura -fomentada por métodos japoneses- en

la bahía de Cádiz.

Basado en este tipo de experiencias, para las que son necesarias muchas habilidades, talento natural,

sentido de la oportunidad, práctica negociadora, eficacia en la gestión y, por supuesto, mucha voluntad y

energía, el candidato de AP para la presidencia de la Generalitat se considera bien pertrechado para

superar el hándicap de su inexperiencia política. Salvo unos primeros escarceos, en los que le traicionaban

los nervios, se le ha visto moverse con soltura y entrar en polémica con ardor y decisión. Haciendo gala

de un bilingüismo de pocos fallos; porque, eso también, se siente representativo y solidario de una

población catalana con fuertes vínculos en otras partes de la península.

Naturalmente que este empresario, metido a candidato liberal-conservador, no se habría internado en el

terreno de la política, si no contara con los apoyos de la máquina electoral derechista que dio los brillantes

resultados conocidos en la convocatoria para el Parlamento de Madrid. Y si, de paso, no le protegiera la

sombra imperativa del prepotente Manuel Fraga.

Antoni Gutiérrez Díaz, optimista empedernido

El político es, por definición, un optimista. De lo contrario, muchos no se lanzarían a esa carrera en cuesta

tan penosa e ingrata. El doctor Antoni Gutiérrez Díaz es más optimista que la mayoría de nuestros

políticos. Será porque es más profesional que muchos de ellos; por su misma naturaleza que le da gran

aguante o, también, por su condición de pediatra, de cuya especialidad también es doctora su mujer. El

contacto permanente con la infancia infunde alegría y esperanza. Y el ideal comunista precisa de fuertes

dosis de credulidad en el futuro, en un futuro que los demás esperan, inquietos o bobalicones, que se

quede siempre en futuro para que así, no acabe nunca de llegar.

Ahora mismo, el présente del "Guti" se mueve en la banda del eurocomunismo, estrechada por los que

dejan de votar al PSUC, para votar "útil" o para hacerlo más a la izquierda, atraídos por el veterano Pere

Ardiaca -con quien conserva vieja amistad- que ha vuelto a un comunismo sin adición. Pero el "Guti" se

mantiene todavía fiel al compromiso democrático y pluralista, que pactó su partido con las demás fuerzas

políticas. Junto al imperturbable López Raimundo, es de los que entendió, llegada la transición, que el

sufrido pueblo español no estaba para pasar de una dictadura a otra dictadura, sea retrocediendo, sea que

le denominaran "del proletariado". El pueblo tenía sed de libertades y, al propio tiempo, escamado por

trágicas experiencias, no deseaba volver a las andadas. Se imponía la síntesis entre vehemente deseo de

apertura y el cauteloso temor a la ruptura. Así es como se explica la elección del camino del consenso y

de la evolución pacífica pilotada por el audaz Adolfo Suárez, a la que tanto Carrillo corno los hombres del

PSUC prestaron valioso apoyo.

En Cataluña, la recuperación de libertades y la evolución pacífica, exigían pleno soporte a las

instituciones históricas. Antoni Gutiérrez formó parte del Consell unitario de la Generalitat, constituido

por Tarradellas. Hijo de emigrantes, su catalán no desmerecía, en absoluto, de aquel en que se expresaban

sus demás colegas de gobierno. No es porque naciera en Premia de Mar, donde, en los años de la infancia,

coincidiría con Jordi Pujol. Como al actual president, le entraron ganas de cultivar a fondo el idioma del

país. Lo aprendió a conciencia. Según parece, se llevó un diccionario y una gramática de Fabra al penal

de Burgos, donde tuvo tiempo de sobras de profundizar en el idioma, lo que explica el tono académico y

el estilo retórico con el que, con frecuencia, puede sorprendernos, cuando aparece dialogando en la

pequeña pantalla.

Tiene su mérito, aunque a veces peque, en sus maneras, de cierto artificio. Pero es un hábito propio de

políticos profesionales que, con el propósito de agradar, a veces se pasan. Diríase discípulo de Gracián

para quien "un buen discurso propio es la llave maestra del corazón ajeno..., pero sin un buen modo todo

se desluce" Cuida mucho, en público, de ese saber sonreír a tiempo; aunque parece ser más él cuando se

le endurece la mirada y se muestra enérgico y peleón. Si no fuera por la perilla leniniana y el gesto

oratorio que recuerdan demasiado a esterotipados clichés peterburgueses, conseguiríamos obtener la

auténtica imagen del "Guti", hombre de temple, duro o suave, según le convenga, hombre docto y

avisado, estratega, antidogmático, de "la marcha hacia un socialismo en democracia".

Reivindica para su partido -y, en parte, es cierto- el haber sido instrumento asimilador de amplias capas

de emigrantes, especialmente, en el área metropolitana, a las que ayudó a contener en los momentos más

delicados. A cambio, espera un premio -o pasa factura, según se mire-, dentro de lo que él denomina

"mayoría programática" o un lugar de "corresponsabilidad" en un hipotético retorno a una gestión

unitaria.

 

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