La amnistía en las Cortes     
 
 Diario 16.    03/10/1977.  Página: 4. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

La amnistía en las Cortes

Al grito de amnistía miles y miles de españoles han salido a la calle, han celebrado asambleas, han

redactado y firmado documentos, cartas y telegramas, y han unido sus voces para hacerlas llegar a los

poderes públicos. El grito de amnistía ha sido en muchas ocasiones un verdadero clamor que se ha dejado

escuchar en los cuatro rincones de la geografía hispana. Por fortuna, esos tiempos —que provocaron

muertos y heridos en duros enfreníamientos con las Fuerzas del Orden— parecen haber llegado a su fin.

Hoy, Jos portavoces de los grupos parlamentarios —los partidos más importantes numéricamente del

país— se reúnen en las Cortes para recibir dos proyectos de amnistía que complementarían las medidas

de gracia parciales otorgadas desde la subida al trono del Rey Juan Carlos. El partido del Gobierno, la

UCD, y la izquierda unida presentarán dos proyectos de ley de los que, tras los trámites de rigor, habrá de

salir la definitiva amnistía para todos los delitos de intencionalidad política cometidos antes del 15 de

junio de este año, fecha de las elecciones. Y éste es un hecho que merece Ja pena ser resallado.

En primer lugar, porque la concesión de una amnistía total es indispensable para lograr una auténtica

reconciliación nacional, y, lo que es más, una verdadera pacificación del País Vasco. El inevitable

enfrentamiento entre manifestantes pro amnistía y Fuerzas del Orden ha dado lugar a que las provincias

vascas vivieran durante aBos eii un permanente estado de tensión. Si la amnistía sirve para que la paz

vuelva a las calles vascas, bienvenida sea.

El acierto de que sea precisamente el Parlamento el que se defina sobre tan importante tema, sería otro

aspecto a destacar. Porque han de ser los propíos parlamentarios elegidos democráticamente los que, con

toda la responsabilidad que les confiere su cargo, se pronuncien sobre éste y todos los demás temas de

alta política que sean vitales para el país. De esta forma se evitará el oportunismo con que algunos han

esgrimido la amnistía para erigirse en únicos portavoces y abanderados de un tema de interés nacional.

En tercer lugar, la oportunidad de este pronunciamiento parlamentario vendria a zanjar esa extraña

sensación de inseguridad en la que se movía eí país hasta ayer mismo. De" no fijarse rápidamente una

fecha tope para amnistiar los delitos políticos se correría el riesgo de que grupos sin control pudieran

andar por ahí con pistolas o bombas dispuestos a llevarse a alguien por delante y con la secreta esperanza

de que quizá, si les pillaban, les alcanzara la amnistía.

Una vez trazada esa "raya de la amnistía", que casi con toda seguridad se marcará en la fecha del 15 de

junio, la normalklad debe volver a presidir las relaciones humanas y políticas en este país. Y muy

especialmente en el País Vasco. Para ello, habrán de ser los partidos vascos que alcanzaron el lidera/.go

en las pasadas elecciones los que asuman las responsabilidades que el voto popular depositó en ellos. Ya

tenemos a los presos en las calles y ya tenemos a nuestros representantes en las Cortes. One estos partidos

—PNV, PSOE, PCE. etcétera— de fuerte arraigo en el País Vasco asuman todos sus deberes y dejen esa

scgmiüa fila a la que hasta ahora parecían estar abonados. La calle ya no puede ser un instrumento válido

de lucha política y los grandes partidos, al tiempo que reconocen este hecho, deben convertirse en ios

abanderados de la política en su propio seno y en el Parlamento. Ha llegado el momento de que,

rechazando chantajes aceptados en otras épocas, los grandes dejen de seguir la pauta marcada por los

pequeños en armas.

 

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