La ley cede competencias a las autonomías     
 
 Diario 16.    14/03/1980.  Páginas: 1. Párrafos: 15. 

La ley sede competencias a las autonomías

Madrid — «El Gobierno seguirá en la política de escolarización general entre los cuatro y los dieciséis

años, en condiciones que garanticen una enseñanza de calidad», declaró el vicepresidente para Asuntos

Económicos del Gobierno, Abril Martorell, al final del debate del Estatuto de Centros Escolares.

«La primera prioridad —continuó— sigue siendo la EGB, en la que, según informes del Ministerio de

Educación, existen trescientos mil puestos escolares en malas condiciones. Tenemos el firme propósito de

ojie, para octubre de 1982, se pueda realizar el esfuerzo de superar esta situación.»

A lo largo de su intervención, el vicepresidente puso especial énfasis en demostrar que se había realizado

una gran dedicación al tema educativo en nuestro país durante el trienio de 1977 a 1980. Como segun: da

prioridad destacó la formación profesional.

Reconoció que faltan por escolarizar un 25 ó 30 por 100 de los niños y se fijó el plazo de 1984, como el

necesario para que el 90 ó 95 por 100 de los niños hasta los dieciséis años estén escolarizados.

Abril Martorell dio abundantes datos sobre los logros conseguidos en materia de enseñanza y explicó la

dedicación económica con que el Gobierno ha abordado la tarea de mejorarla, como es el aumento de un

34 por 100 en el presupuesto del Ministerio de Educación.

Insistió en el propósito del Gobierno de cuidar del sector público de la enseñanza, aunque sin descuidar la

atención a la enseñanza privada. Abril advirtió también que «el sistema de financiación de las escuelas no

estatales, que el Congreso tendrá que tratar, no va a ser de ningún modo regresivo, sino socialmente

justo».

Guerra: Aventura reaccionaria

Tomó a continuación la palabra el vicesecretario general del PSOE, Alfonso Guerra, quien dijo que el

Estatuto de Centros Escolares es un nuevo error de UCD y del Gobierno, al tiempo que lo valoraba como

una aventura reaccionaria.

Guerra reprochó a los centristas el hecho de que se hubieran negado a negociar este proyecto de ley, pese

a los ofrecimientos realiza-j dos. «¿Cree el Gobierno —preguntó— que los socialistas vamos a estar

dispuestos a conversar sólo cuando le interese, al Gobierno y en las materias qué sean de su

conveniencia».

«Lo que quiere el suarismo es subsistir en el poder sea como sea», añadió el socialista entre los

murmullos desaprobatorios de los centristas, que el presidente Suárez acalló con una mirada.

Más adelante, Guerra afirmó que «una mayoría reaccionaria de la Cámara ha decidido anteponer la

financiación de todos los´ centros privados al cumplimiento de demandas apremiantes en materia de

enseñanza preescolar, de enseñanza especial, profesional, etcétera».

«Se van a detraer miles de millones —añadió— para sufragar colegios de los pudientes, restando

inexorablemente recursos en áreas de enseñanza que más lo necesitan,»

Cien mil millones que no financiarán el paro

«Con los cien mil millones que se van a dedicar a financiar la enseñanza privada se podría dar cobertura

de empleo a trescientos mil parados, crear cien mil puestos de trabajo y doblar la asistencia primaria de la

salud española», añadió Alfonso Guerra.

Terminó diciendo que el PSOE se declara incompatible con el Estatuto de Centros, y que, antes o

después, lo abolirá con el concurso del pueblo.

Herrero de Miñón explicó, en justificación del voto afirmativo de los centristas, que el proyecto votado

consagra el derecho de los padres a elegir el tipo de educación, el derecho de crear centros e identificarlos

con proyectos pedagógicos, y el derecho de la comunidad escolar a participar en la marcha de los

colegios.

Consumieron a continuación su turno en explicaciones los representantes de los restantes grupos parla-

mentarios. Solé Tura por los comunistas, Roca Junyet por la minoría catalana, Juan Luis de la Vallina, de

Coalición Democrática; Marta Mata por los socialistas catalanes, y, por los andalucistas, Juan Carlos

Aguilar. El segundo y el tercero lo hicieron favorablemente y los demás en contra.

 

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