El voto de lso profesores numerarios, decisivo enla elección de rector de la Complutense     
 
 El País.    26/11/1980.  Páginas: 1. Párrafos: 33. 

El voto de los profesores numerarios, decisivo en la elección de rector de la Complutense

Las elecciones al rectorado de la Universidad Complutense, que tendrán lugar el próximo día 3 de

diciembre, han suscitado mucho mayor interés entre los profesores que entre los alumnos, conscientes sin

duda del escaso peso específico de sus votos. Mientras los profesores numerarios configuran el 50% del

censo electoral, a los 100.000 alumnos de toda la Universidad se les otorga solo el 25% del mismo. Hoy

ofrecemos las declaraciones hechas a EL PAÍS por cuatro de los siete candidatos, cerrando así la serie

iniciada el pasado domingo, en que publicamos las de los profesores Rábade, Bustelo y Ruipérez.

JOSÉ RAMÓN DEL SOL

Sin una gerencia efectiva, todo puede venirse abajo"

José Ramón del Sol Fernández, de 56 años, terminó con sendos premios extraordinarios los estudios de

licenciatura y doctorado en la entonces Universidad Central de Madrid. Fue becario en las universidades

de Göttingen (Alemania) y Chicago (Estados Unidos) y rector de la Universidad de Valladolid.

Catedrático de Obstetricia y Ginecología, ejerce su profesión exclusivamente en el Hospital Clínico.

S. DEL CAMPO

"Se debe fortalecer la idea de carrera académica"

Salustiano del Campo Urbano, de 49 años, es doctor en Ciencias Políticas, licenciado en Derecho y

periodista. Amplió estudios en la Universidad de Chicago y ha enseñado en las de Cleveland, Nueva

York, Wisconsin y Rhode Island. Miembro de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, es

catedrático de Sociología desde 1962, en Barcelona, y desde 1967, en Madrid, de cuya facultad de

Económicas fue decano.

PEDRO ORIVE

"Resolver la encrucijada del profesorado no numerario”

Pedro Orive Riva, de 46 años, doctor en Pedagogía por la Universidad Complutense, es actualmente ca-

tedrático de Estructura de la Información y director de departamento de la facultad de Ciencias de la

Información, de la que ha sido vicedecano y decano. Dirigió el periódico Nuevo Diario y es miembro de

la Asociación Internacional de Investigadores de la Comunicación y autor de varios libros sobre su

especialidad.

MATEO DÍAZ PEÑA

"Actitud critica frente a la idolatría autoritaria"

Mateo Díaz Peña, de 46 años, formado en la Universidad de Salamanca y en el Instituto Roca Solano, del

CSIC, se incorporó a, la Universidad Complutense en 1967, de la que es catedrático desde 1975. Decano

de la facultad de Ciencias Químicas, es autor de numerosos trabajos de investigación y de varios tratados

destinados a la docencia, entre los que se encuentran Química física y Termodinámica estadística.

Es casi imposible realizar una gestión efectiva en una universidad de más de 100.000 alumnos. Mientras

se crean nuevas universidades, sería necesario descentralizar la gestión del rector. El modelo francés,

surgido a partir de 1968, con varios rectores y la figura del superrector, puede ser una solución a corto

plazo.

Por otra parte, de la labor de la gerencia depende la buena o mala marcha de la universidad. Sin una

gerencia efectiva y ágil todo puede venirse abajo. Creo que una de las múltiples causas del fracaso de la

gestión del rector Vian se debe a no haber tenido un gerente conocedor de su oficio.

Por lo que concierne al profesorado numerario, me parecen indiscutible el nivel y la intensa dedicación de

la mayoría. Para un catedrático de Medicina es una experiencia edificante ver cómo trabajan y con qué

modestia viven infinidad de profesores de otras facultades y escuelas universitarias, que no. tienen otra

dedicación ni otros ingresos que los de su cargo. Conocí, en cambio, en mi época de rector, verdaderos

profesionales de la «excedencia especial» y tengo la impresión de que siguen algunos casos, con los que

habría que terminar.

La misión del profesorado no numerario es la colaboración en la docencia (tutelada) y la preparación

científica para su paso al profesorado numerario. Creo que un periodo inicial de cuatro años, durante el

cual debería realizarse la tesis doctoral, podría ser una fase inicial de contrato.

Soy partidario de la existencia de los colegios universitarios, siempre que, tal y como se está haciendo,

mantengan los mismos criterios de selección y permanencia que el de las facultades, y me parece un

solemne disparate que se considere a ías escuelas universitarias como facultades de segunda categoría.

Por último, es necesario decir algo sobre la selección del alumnado y del establecimiento de criterios que

regulen la permanencia del mismo en los centros, medidas de las que soy decidido partidario. No

obstante, la selección debe llevar aneja una compensación económica amplia para los que carezcan de

medios y turnos de enseñanza que permitan compatibilizar estudio y trabajo.

El Congreso y el Senado van a discutir próximamente una ley de autonomía universitaria, cuya aplicación

exigirá un esfuerzo creador por parte de los universitarios. Aprovechando esta oportunidad, la

Universidad Complutense ha de intentar organizarse teniendo presente las necesidades del futuro más que

los recuerdos del pasado; siendo consciente de su responsabilidad y reclamando, al mismo tiempo, la

atención que deben prestarle los poderes públicos; aspirando a constituirse como el primer

establecimiento de investigación básica de España.

Es necesario prepararse para esta tarea, reestructurando el gobierno de la universidad sobre la base de los

principios de participación de todos y de eficacia. Concretamente, es fundamental otorgar autonomía de

gestión a las facultades y escuelas universitarias, fomentando la relación entre las afines mediante la

creación de departamentos interfacultativos y de institutos de investigación. La Universidad Complutense

dispone de los recursos necesarios para establecer al menos ocho institutos, correspondientes a las

grandes áreas del saber: ciencias, humanidades, ciencias médicas y ciencias sociales.

Los futuros estatutos nos permitirán fortalecer la idea de carrera académica, tanto para los profesores de

cuerpo estatal como para los propios, pero hay que reclamar contra el agravio económico comparativo

que padecemos y modificar la visión exageradamente burocratizada de nuestra función. Las dedicaciones

universitarias se deben configurar primordialmente por lo que se hace y no por donde se hace, por su

contenido y no por factores extrínsecos.

La universidad está menospreciada y sufre un grave abandono, que se manifiesta en la falta de dotación

suficiente y en la cada vez mayor irrelevancia social de sus resultados. Nuestros profesores tienen que

pluriemplearse y nuestros graduados pasan de las aulas al paro, convirtiéndose nuestra institución en

destino de la frustración general. Debemos, por ello, asumir seriamente nuestra propia reforma, para que

la naturaleza de la universidad no sea desvirtuada por pactos interesados y oportunistas de fuerzas y

grupos.

La universidad española es la gran olvidada de la democracia. En épocas pasadas, las formaciones

políticas la utilizaron como plataforma ante la inexistencia de un foro de expresión pública. Hoy día, sin

embargo, no merece la recíproca atención de quienes «lícitamente» se sirvieron de ella. Y, si pervive

todavía, se debe en buena medida al esfuerzo personal de todo el profesorado, que, en penosas

condiciones, ha desempeñado una labor callada, digna de encomio, que la sociedad debería agradecer.

La universidad, cada universidad —particularmente la Complutense—, con independencia de la ley

orgánica de Autonomía Universitaria, tiene que luchar por realizarse, por cumplir mejor sus fines. Bien es

verdad que necesita un marco jurídico, pero no se debe absolutamente al mismo ni surge de él. Es el fruto

y reflejo de una sociedad de la que tiene que recibir el impulso necesario, que ella, a su vez, ha de

devolver en forma de orientación crítica.

Nuestro programa arranca de esta última concepción. Por ello, ha sido debatido a lo largo de año y medio

—voluntaria y espontáneamente— por miembros de todos los estamentos y centros de la Complutense,

junto a otras personalidades y entidades del entorno social. La «alternativa» que ofrecemos pretende

recuperar toda la dignidad de la función universalizadora dé la ciencia y la cultura que le es propia, así

como el liderazgo intelectual y científico.

Aportamos una opción realista, pragmática y seria, bajo el signo de la gestión compartida. Las decisiones

de los órganos de gobierno deben estar, sin limitaciones, a disposición de todos los universitarios.

No entendemos la universidad cerrada en su torre de marfil, sino como algo dinámico y en permanente

interacción humanizante con la sociedad.

El alumno es la piedra angular de nuestras preocupaciones. Pero para ello es preciso atender urgen-

temente aquellas reivindicaciones de tipo profesional que hoy tienen planteadas los profesores agregados

y adjuntos numerarios. Debe resolverse asimismo la precaria encrucijada del profesorado no numerario,

que es preciso estabilizar al amparo de la nueva ley de Autonomía.

Entendemos la Universidad como un servicio público, en el que deben tener cabida todas las ideologías y,

en todo momento, se han de anteponer los intereses universitarios a los políticos, corporativos, gremiales

o personales. Cualquier intento de monopolio por los representantes de un determinado color sería utilizar

la Universidad para sus propios fines, y no para satisfacer las necesidades de una sociedad pluralista.

Rechazamos todo personalismo e idolatría autoritaria y propugnamos una actitud crítica y flexible que

facilite el acceso a las órbitas de decisión, planificación y ejecución de los objetivos comunitarios. El

gobierno y gestión de la universidad debe regirse por los principios de autonomía y eficacia. En este

sentido debe concederse mayor autonomía interna a las facultades y escuelas. Un funcionamiento eficaz

no puede lograrse si no es descentralizando las decisiones y trabajando colegiada y participativamente.

El rector debe actuar como arbitro en la elaboración de los futuros estatutos, garantizando, de la manera

más democrática posible, el claustro previsto en la futura LAU, prestando toda clase de ayuda legal y

permitiendo la máxima participación en su discusión y elaboración.

Es imprescindible una comunicación realista con la sociedad, descargándola de anacronismos y

prejuicios, pero respetando la tradición universitaria. Debemos ofrecer tratamientos y análisis científicos

y humanísticos adecuados a los problemas actuales.

Las tareas inmediatas y básicas que se han de acometer para una reforma profunda de nuestra universidad

se podrían enunciar así:

1. Ordenamiento jurídico estatuario de la universidad.

2. Ordenamiento académico, actualizando los contenidos, mejorando la calidad de la enseñanza e

incorporando realmente las tareas investigadoras a la actividad ordinaria.

3. Ordenamiento de la gestión y administración, bajo los supuestos de cooperación, claridad y eficacia.

Descentralización hacia facultades y escuelas.

4. Atención a la situación académica, administrativa y social del personal docente no docente.

 

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