Jose María Martín Oviedo. 
 UCD en la polémica de la LAU     
 
 Diario 16.    13/12/1980.  Páginas: 1. Párrafos: 10. 

Diariol 16/13-diciembre-80

JOSE MARÍA MARTIN OVIEDO

Diputado de UCD por Ávila

UCD en la polémica de la LAU

«Lo que ha pasado es que ya hace un año el Gobierno envió a las Cortes un proyecto de ley que batió el

récord de enmiendas (1.024), que hasta entonces ostentaba el Estatuto de los Trabajadores.»

Una tripleta de reuniones de UCD al más alto nivel (grupo parlamentario de diputados-Consejo de

Ministros-comité ejecutivo nacional) han convertido el proyecto de ley de Autonomía Universitaria

(LAU) en el tema estelar de nuestro momento político. Pero me temo que hay razones para pensar que la

opinión pública no ha recibido de estos hechos sino la versión inexacta —y en algunos casos interesada—

de una simple pelea entre las «familias» de UCD, alineadas bajo los estandartes opuestos del

«progresismo» y del «conservadurismo».

Como uno de los protagonistas —ni tan principal, ni tan solo, ni tan familiarmente incrustado como

algunos me quieren presentar—, me creo en el deber de aclarar lo que hasta el momento ha sucedido, en

el intento —espero que, si ingenuo, acaso no inútil—de restablecer los hechos en su exacto significado.

Primera constatación: La LAU sigue un camino normal en su tramitación: lo que hasta ahora ha hecho

UCD es llamarse a sí misma para la reflexión sobre las graves cuestiones políticas que plantea. Afirmar

esto puede parecer deliberadamente simplista, lo que no le disminuye un ápice en evidencia.

Récord de enmiendas

Lo que ha pasado es que hace ya un año el Gobierno envió a las Cortes un proyecto de ley y que este

proyecto batió el récord de enmiendas (1.024 en total), que hasta entonces ostentaba el Estatuto de los

Trabajadores (que, a su vez, superó a la propia Constitución). Ocho meses aproximados de estudio por la

ponencia de tan ingente material no pueden causar sorpresa a las personas familiarizadas con el trabajo de

cualquier Parlamento.

Lo que además ha pasado es que la reunión plenaria de diputados, desacostumbradamente masiva, sobre

todo tras las agotadoras sesiones del Pleno para aprobar los Presupuestos, con un solo voto en contra (con

un sentido muy distinto del que pudiera parecer), acordó simultánea y concadenadamente: primero,

constituir una comisión reducida que, con participación de las diversas opiniones manifestadas y en con-

tacto con el Gobierno, proponga las posturas concretas que el grupo vaya a defender en la ulterior tra-

mitación del proyecto; y segundo, que el tema fuera igualmente considerado por el comité ejecutivo

nacional, convocado de antemano para otros asuntos.

No cabe sorprenderse de que un grupo parlamentario quiebre una insana trayectoria pasiva en busca de

cauces de coparticipación con los máximos órganos ejecutivos de su partido. Pero menos cabe inventar

disensiones entre estos órganos allí donde sólo han aflorado opiniones discrepantes a título individual y

cuando una llamada al estudio y la decisión reflexiva no ha consagrado dogmáticamente ningún texto ni

condenado inapelablemente otro.

Las señorías votan en la Comisión el proyecto de ley de Autonomía Universitaria (LAU).

Se me dirá que oculto otra decisión importante del grupo parlamentario, que ha dado al traste con los

trabajos de la Comisión, que debería haber comenzado al día siguiente a debatir el proyecto. Esta decisión

—que está claro, pues, que no pretendo callar— cobra su exacto sentido en función de cuánto acabo de

exponer, espero que de forma desapasionada. Si circunstancias que no son del caso colocaban a UCD

ante, la tesitura de aprobar o rechazar un texto sobre el que aún no ha tomado posición, estaba justificado

desde nuestra óptica el retraso de los trabajos. No hay en ello propósito alguno de retardar la aprobación

definitiva del proyecto, puesto que, por razones de calendario, caerá sobre el mismo el periodo vacacional

de enero.

Pero lo que ya entra en el falseamiento de hechos obvios es acusar a UCD de boicotear desde el grupo

parlamentario un proyecto de su propio Gobierno, porque —hay que insistir hasta la saciedad— las

discrepancias personales, que las hay, no prejuzgan las decisiones de los órganos competentes. Y me

atrevo a afirmar más: el proyecto de ley del Gobierno es admisible en sus propias líneas básicas que, al

ser en partes importantes alteradas por el texto de la ponencia, Hacen precisamente discutible éste,

que, por otra parte, resulta innecesario aclarar que es un puro texto de trabajo ni principal ni

uniformemente aprobado por UCD y los miembros de ésta en la ponencia.

Decisiones

Tras estas explicaciones, que me han parecido oportunas para esclarecer una situación todavía en curso,

podrá objetárseme que he hurtado la verdadera cuestión de fondo; esto es, qué va a hacer UCD con

respecto a este proyecto. La objeción es cierta sólo a medias. Los hechos transcurridos permiten afirmar

que UCD se propone adoptar decisiones concretas, sin tardanza, sobre el tema. Pero es cierto que yo no

he apuntado siquiera cuáles vayan a ser tales decisiones, porque esto es, justamente, lo que estamos

dispuestos a solventar en nuestro indispensable debate interno. Pero tengan todos la plena seguridad de

que esa política, tan pronto se adopte, se explicará al país con la claridad que de toda decisión política

aquél tiene derecho a exigir. Entre tanto, guardemos los elogios y los denuestos, no sea que un mal

llamado progresismo enmascare el entreguismo ideológico y la traición electoral, y un todavía peor

calificado conservadurismo constituya el caballo de Troya de intereses de grupo que chocan con las

exigencias de igualdad de una ética democrática.

 

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