La LAU en el camino de la eternidad     
 
 El País.    19/11/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

La LA U. en el camino de la eternidad

EN EL acto de inauguración del curso académico en la Universidad Complutense, e! ministro de

Educación se comprometió a que la controvertida y demorada ley de Autonomía Universitaria terminara

su larga marcha y emprendiera su tramo final hasta el Boletín Oficial del Estado: Sin embargo, el frenazo

dado por los líderes de la plataforma moderada al calendario legislativo, mediante la fórmula de aplazar el

comienzo de los trabajos de la Comisión de Educación del Congreso, deja a Juan Antonio Ortega en el

desairado papel de ser desautorizado por sus propios correligionarios.

Como se recordará, el proyecto inicial de González Seara, dictaminado por la Comisión a finales de

diciembre de 1980 y pendiente sólo de discusión en el Pleno de la Cámara baja, fue sorprendentemente

devuelto a la fase previa de ponencia, para rehacer todo el camino desde el principio, tras el ascenso a la

Presidencia del Gobierno de Leopoldo Calvo Sotelo. La labor de esta segunda ponencia se orientó a

recortar algunos aspectos innovadores del primitivo texto, a fin de conceder alguna satisfacción a los

sectores conservadores de UCD; descontentos por el tratamiento dado a las universidades de la iglesia,

deseosos de que esos centros privados superiores sean financiados con el dinero de todos los

contribuyentes y defensores a ultranza de la figura del catedrático-funcionario, del imperio del escalafón y

del centralismo manejado desde el Ministerio de Educación.

Las protestas dentro del PSOE contra esas alteraciones, pactadas por la cúpula del Grupo Parlamentario

Socialista, fueron parcialmente acalladas mediante el procedimiento de atribuir a erratas mecanográficas

las supresiones o modificaciones más escandalosas. El resultado final de todas esas transacciones de

pasillo, con fe de erratas incluida, es un proyecto emasculado, tal vez aceptable por los socialistas en

función de la teoría del mal menor y del respeto a los acuerdos pactados entre Juan Antonio Ortega y

Gregorio Peces-Barba, pero difícilmente digerible para las minorías catalana y vasca, que representan en

las Cortes Generales a los partidos que ejercen el poder ejecutivo en ambas comunidades autónomas.

El frenazo de los moderados sólo se entiende al recordar que la LAU tiene carácter orgánico y exige la

mayoría absoluta de las Cámaras para ser aprobada. Para que el actual proyecto saliera adelante resultaría

necesario, así pues, que el mermado Grupo Parlamentario Centrista no sólo mantuviera su disciplina

interna, sino que lograra además el refuerzo de una veintena larga de diputados. El camino más seguro

sería respetar el actual proyecto pactado —en ponencia y en erratas— con el PSOE, que apenas cubre los

mínimos de una reforma universitaria de vía estrecha, y aceptar tal vez alguna rectificación en los puntos

más ofensivos para los socialistas. Para desbordar al PSOE, que contaría con el respaldo del PCE, el

Gobierno podría echar mano de Coalición Democrática, pero no de las minorías catalana y vasca, dado

que este proyecto dé autonomía universitaria no respeta suficientemente la autonomía territorial en

cuestiones de educación superior prevista en los estatutos de Sau y de Guernica. Y si los moderados se

excedieran en los recortes a un proyecto ya mutilado, el Grupo Parlamentario Centrista probablemente no

podría imponer la disciplina de voto —como ocurrió con el Estatuto de Centros Docentes— a los

diputados socialdemócratas que han pedido la baja en UCD o que, aún ligados todavía a esas siglas, no

podrían pasar por la vergüenza de dar su sostén a un texto que desvirtuara hasta la caricatura y privara del

más mínimo aliento reformista a! proyecto inicial de González Seara.

Los llamados moderados, sin embargo, han dado ya sobradas muestras de su insaciable apetito de poder y

de su exaltación cuando quedan en minoría. No parece posible, dada la distribución de las fuerzas en el

Congreso, que los impulsores de la gran derecha pudieran conseguir votos suficientes, dentro y fuera de

UCD, para imponer por mayoría absoluta una LAU que sacrificara el sector público en provecho de los

centros de la Iglesia y que convirtiera la autonomía universitaria en una burda simulación. A la vez, los

moderados seguramente recelan de que el Gobierno negocie con el PSOE o las minorías nacionalistas un

nuevo acuerdo sobre la LAU que aleje aún más e! texto de sus pretensiones. Incapaz de ganar y temerosa

de recibir una derrota todavía mayoría, plataforma moderada parece optar por el obstruccionismo, en un

primer momento, y por ¡a retirada del proyecto por el Gobierno, después.

Comienza así, una vez realizada la purga de los suaristas dentro del aparato de UCD, la gran batalla entre

las diferentes fracciones centristas para conseguir las mayores cuotas de poder dentro del Estado e

inclinar en su favor al presidente del Gobierno. La feroz campaña contra Adolfo Suárez, a quien se trata

de expulsar no sólo de UCD, sino de la vida pública, había unido provisionalmente, en una impía alianza,

a tendencias y fracciones que comienzan ya a desenvainar y afilar sus cuchillos para una nueva orgía de

canibalismo político. Tal vez el frenazo a la LAU no sea sino el interludio de esta nueva ópera.

 

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