Autor: Soriano Tena, Rufino. 
 mientras no se demuestre lo contrario en EGB. 
 El puesto estatal, 16.000 pesetas más caro que el privado     
 
 Ya.    03/06/1981.  Página: 48. Páginas: 1. Párrafos: 13. 

Mientras no se demuestre lo contrarío, en EGB

El puesto estatal, 16.000 pesetas más caro que el privado

Hace poco se ha dicho en este mismo periódico (YA, 19-V-81, pág. 36) que se consideraba muy difícil

que la ley de Financiación de la Enseñanza Obligatoria (LFEO) pudiera verse en el pleno del Congreso

antes de que termina el actual período de sesiones, porque, primero, se ha dado prioridad al proyecto de la

LAU y varios diputados de la comisión de Educación forman parte de las ponencias que han de informar

ambos proyectos, y, además, porque no se dispone aún del informe que la comisión tiene solicitado al

Ministerio de Educación sobre el costo que implicará la puesta en marcha de la citada LFEO. Al parecer,

se añadía en la referida noticia, existe resistencia a hacer público el coste de la enseñanza estatal.

Pues ¡qué bien! Esto último es como decirle a los contribuyentes: «Ustedes paguen sus impuestos, que la

Administración les dará a cambio unos servicios de cuyos costes procurará no informarles. Y no se queje

luego de falta de transparencia ni se le ocurra pensar siquiera que la gestión pública es más costosa que la

privada. Faltaría más...»

La verdad es que no sabemos ai faltaría más o faltaría menos, pero cada vez que se habla de esto, la

misma resistencia a confesar cuál es el coste en cuestión incita a quien esto escribe a reflexionar de nuevo

sobre el tema, y las conclusiones a que llega no acaban de coincidir del todo —el hecho real es que no

coinciden en casi nada— con ese presunto «decir» de la Administración. Y ello porque la citada

transparencia, al mirar a su través, se nos muestra opaca —por más que nos empeñamos en el intento no

acabamos de ver cuánto se gasta, a nivel de Estado, en enseñanza—, y el minus-coste de los servicios

educativos estatales respecto de los no estatales se convierte siempre, según nuestros cálculos, en un

exagerado plus-coste. Mas ¿cómo efectuamos nosotros esos cálculos?

Retrato «robot»

Hemos de reconocer, por supuesto, que nuestro planteamiento para la determinación de ese «quantum»,

hasta ahora eterno desconocido, del coste del puesto escolar estatal en la EGB es tan simple que tal vez en

esta misma simplicidad radiquen los errores que pueda haber en los resultados que se obtienen. Pero lo

curioso es que nadie nos ha demostrado aún nunca, de manera fehaciente, la existencia de posibles

desviaciones de los valores que realmente se estén dando. De cualquier forma, como no rehuimos de la

crítica, sino que, por el contrario, si ha de servir para identificar el módulo que se busca, la deseamos; de

cualquier forma, decimos, a renglón seguido se reiteran nuestros razonamientos y cálculos con suficiente

detalle para que no se nos ratifiquen o se nos induzca a su rectificación.

(En tal sentido, nuestro trabajo en este caso, como en tantos otros, se presenta como un mero retrato

«robot», susceptible de toda índole de modificiaciones fiables).

Nuestro «modus operandi» es éste: un profesor estatal de EGB, con tres trienios y dos hijos, percibe a la

sazón un salario anual neto de 830.760 pesetas. La razón entre la percepción neta y el coste de un profesor

no estatal del mismo nivel escolar, en iguales circunstancias de antigüedad y familiares, vale 1,56783 (cfr.

YA, 11-III-81, pág. 18); luego, «a pari», existen indicios racionales para creer que el profesor estatal le

cuesta a la Administración 1.302.490 pesetas/año.

Por otra parte, generalmente se admite que:

1. En este nivel, cada unidad, aula o grupo de alumnos absorbe la tarea de 1,1 profesores a jornada

completa.

2. El coste del profesorado equivale aproximadamente (cfr. «Boletín de la FERE», número 223, págs.

11 y 12) a los 2/3 del coste total de los servicios educativos que se producen en el aula.

3. En cada una de éstas, en el sector estatal de la EGB, hubo durante el pasado curso 79-80 como media,

según datos provisionales del propio Ministerio de Educación, 30,1 alumnos. (En el curso actual, sin

duda, habrá menos aún.)

Pues bien, a tenor de todo esto, el coste promedio/aula-año que se obtiene para los centros estatales es de

1.302.420 X 1,1 X X 3/2 = 2.149.108 pesetas, las cuales, repartidas entre sus 30,1 alumnos, arrojan la

cantidad de 71.399 pesetas, coste éste que supera sensiblemente al del puesto escolar no estatal del mismo

nivel, ya que mediante operaciones análogas a las anteriores, utilizando los datos que ahora corresponden

(coste del profesor, 1.193.313 pesetas/año, y número de alumnos/aula, 35,6), se pone de manifiesto que el

coste/aula-año es en este caso de 1.193.313 X X 1,1 X 3/2 = 1.968.966 pesetas, y por consiguiente, por

alumno, de 55.308. Es decir, de ser ciertas nuestras hipótesis, el «ahorro» que implica la gestión estatal

sobre la no estatal en la producción de los servicios a que nos venimos refiriendo es tan engañoso, que en

lugar de «ahorro» lo que constituye es un serio «despilfarro», dado que cada puesto escolar cuesta nada

menos que 16.901 pesetas/año más.

Una gestión pública cara

La diferencia, como se observa, es tan aterradora que a nosotros mismos nos ha producido escalofríos.

Hasta el punto de que, aun después de repetir varias veces los cálculos para descartar eventuales

equivocaciones, hemos decidido sacarlos a la luz pública con el oculto deseo de que alguien detecte en

ellos algún «lapso» y nos lo advierta. Así podríamos reelaborar este primer retrato «robot» con otros

rasgos más gratos para que no dejaran tan malparada la gestión pública en este ámbito.

Claro que todo sería mucho más fácil si la Administración, en lugar de resistirse a ello, mostrara

públicamente el auténtico perfil económico de «su» enseñanza, que es la nuestra. Y, entre otras cosas,

desaparecería uno de los obstáculos que, según dicen, impiden que la LFEO llegue al pleno del Congreso

antes de que termine su actual período de sesiones.

Rufino SORIANO TENA

 

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