Autor: Morodo, Raúl. 
   Alianzas electorales     
 
 El País.    08/01/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

ALIANZAS ELECTORALES

«Las alianzas electorales no tienen que ser pactos de gobierno. Especialmente, en coyunturas, como la

actual española, en que el Parlamento a elegir va a cumplir una función extraordinaria, y lo diga o no lo

diga la ley de Reforma tendrá un carácter constituyente. Lo que sí de hecho va a comprometed a las

alianzas electorales es un mínimum de acuerdos constitucionales, es decir, bases de carácter político y

también socioeconómico qué deberán Insertarse en la nueva Constitución. De aquí la dificultad, casi

insalvable, de un frente general de toda la Oposición, no serían difíciles ios acuerdos sobre las

instituciones políticas; pero al mismo tiempo no serían fáciles los acuerdos sobre los principios de

ordenación futura socioeconómica.

Racionalizar las alianzas electorales exige, ai menos, partir de estos supuestos:

Primero. Que un excesivo fraccionamiento de la oposición sólo conduciría a una mini-representación

parlamentaria. Es desconocido eJ comportamiento electoral, ya que no existen precedentes próximos, y

sería ingenuo utilizar como base real Fas elecciones de hace cuarenta años. Para la izquierda; de modo

especial, tiene una significación peculiar: los utopismos y los trlun-falismos pueden ocasionar un grave

deterioro para la consolidación democrática. El último referéndum —con toda su ambigüedad— no debe

olvidarse.

Segundo. Que las alianzas electorales naturales deben ser, lógicamente, la de las familias idológicas

afínes. Sería un grave error político y una grave responsabilidad histórica que las familias ideológicas

escasamente diferenciadas se presentasen superfraccionadas. La opinión pública en general y las bases de

sus respectivas organizaciones no entenderían —y justificadamente criticarían— actitudes políticas de

esta naturaleza. Para los socialistas esta cuestión —como también para el otro sector cíe la Izquierda, los

comunistas— es de suma importancia. No es presentable seriamente al país cinco o seis siglas que se

definen socialistas. Respetando las decisiones políticas de todas estas organizaciones, al menos el Partido

Socialista Popular considera la necesidad de celebrar con carácter cíe autoconvocatoria una Conferencia

Electoral Socialista para conseguir una alianza cara a las elecciones.

Tercero. Que, finalmente, dada la complejidad electoral y la distinta normativa en él procedimiento para

elegir diputados y senadores, se impone un análisis a fondo de la misma por parte de toda la Oposición

Democrática. En este sentido, al menos, la actitud electoral ante el Senado debe regirse por criterios

distintos a los de la Cámara de Diputados. Conviene por ello estudiar la conveniencia de que ante el

Senado se establezca una Coordinación Democrática que coaligue a todas o al máximo número de fuerzas

que han luchado mancomunadamente por un régimen de libertades públicas.

Un resultado positivo de estas dos negociaciones —Oposición con el Poder y de la Oposición entre sí—

llevará, sin duda, a la consolidación democrática en España, lia responsabilidad y sagacidad de los

dirigentes, junto a la presión de las bases de las organizaciones democráticas, está ahora en juego. En

todos está, en este año que comienza, el protagonismo de llevar a España hacia un Estado democrático de

Derecho.»

Raúl Morado («El País».)

 

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