Pronunciamiento hispano     
 
 Ya.    14/10/1977.  Página: 7. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

PRONUNCIAMIENTO HISPANO

EL discurso del Rey en la conmemoración hispana de Las Palmas supone, a nuestro

entender, el hito más importante de nuestra proyección internacional, desde hace

siglo y medio,

tanto en el terreno de la doctrina como en el de las posibilidades de hecho de

cara a una

comunidad de pueblos que reúnen en su seno nada menos que trescientos millones

de almas.

LA base del pronunciamiento hispano que acabo de hacer don Juan Carlos está en

el soporte

del idioma como vehículo de cultura. No se desdeña nada porque nada es

desdeñable; no se

minimiza la colaboración económica, los posibles planteamientos políticos

coincidentes, pero se

fundamenta el futuro sabrá una realidad que durante decenas de años,

increíblemente, se ha

olvidado: la cultura.

UNA cultura enriquecida por aportaciones autóctonas y por el desarrollo

individualizado de los

pueblos descubiertos para la civilización por España; una cultura que toma, en

esta parte del

Atlántico, la vena madre europea y cristiana que garantiza la comunión de

principios con la

cultura occidental, y que recibe, allende al océano, la savia nueva, cada día

renovada, de la

aportación genuinamente americana.

NATURALMENTE, don Juan Carlos no se ha quedado en la definición de un proyecto

que, no

por hermoso, fuera a florecer por sí sois. El Rey, con ese realismo del que ha

dado muestras

innegables, ha propuesto la creación de un gran colectivo interhispánico para el

fomento

cultural en el área del Idioma español, que, por su propia virtualidad, tendería

a desbordar su

zona para crear una zona de influencia a escala todavía mayor.

CREEMOS —y esperamos— que las palabras del Rey no puede llevárselas el viento,

aunque el

viento las traslade a las entrañables tierras de la América hispana. Estamos

seguros de que la

semilla sembrada va a fructificar. Algo más concreto que la simple esperanza

tenemos ya en el

esfuerzo que se está haciendo para potenciar el antiguo Instituto de Cultura

Hispánica, hoy

Centro Iberoamericano de Cooperación, como germen de este posible y ambicioso

proyecto.

Es, además, el momento justo, el tiempo propicio, ahora que España ha dejado el

lastre de la

incomprensión y del recelo mundial sobre su futuro.

 

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