Desafío a la sociedad     
 
 Ya.    14/10/1977.  Página: 7-8. Páginas: 2. Párrafos: 7. 

DESAFIO A LA SOCIEDAD

UNO de los desafíos más audaces no ya para la autoridad, sino para la sociedad, es ese de las huelgas del

hambre, de los asaltos a tejados, de los cortes colectivos de venas y de las galerías subterráneas con que

los presos comunes de toda España están convirtiéndose, en las páginas de alguna prensa, de condenados

en exigentes héroes.

DECIMOS "los presos comunes" porque mi debe haber otros. Si la defensa de ideales políticos o sociales

se hace por los cauces que la ley señala a la expresión de ideas en una sociedad democrática, los presos

políticos no deben existir. Si existen, salgan a la calle, precisamente por la fuerza de la ley. Ni el concepto

de amnistía ni el de indulto tiene aplicación en lo que, en el fondo, no es delito, sino ejercicio de los

derechos ciudadanos.

Si semejante defensa, pretendidamente idealista, se hace por la violación de la ley que constituye la única

garantía de la convivencia pacífica, y si se hace con robo, secuestro, sangre, destrucción o terror

ciudadano, estamos de lleno en el campo del delito común, campo en que se miden los hechos y no las

intenciones, por jueces y no por filósofos.

PUEDE discutirse si la finalidad de la prisión es el aislamiento de los peligrosos sociales, su castigo, su

regeneración; puede y debe introducirse en las cárceles un régimen humano conforme con la dignidad de

una persona que ni en la más profunda degradación deja de ser criatura divina y semejanza nuestra.

LO que sería intolerable, y un delito común más, es ver que quienes emplean la pistola para enriquecerse,

la prepotencia para violar los derechos del débil, la asechanza y el tiro por la espalda para mandar y

matar, quisieran aún ver a la autoridad arrodillada ante ellos escuchando y cediendo a sus exigencias.

YA es abusivo-y la responsabilidad recae sobre personas y grupos exteriores a la cárcel, y a veces

socialmente respetables y aun encumbrados-extender día tras día las exigencias de amnistía hasta tales

limites de materia y tiempo que signifique la impunidad exigida en norma permanente. Pero esa misma

cantilena entonada desde las celdas y sobre el tejado de las cárceles no puede ser interpretada sino como

la exigencia de que el Estado abrogue entero el derecho penal.

PIENSE la sociedad-porque la autoridad debe contar con el respaldo de la sociedad entera-si es el

caso de abrir a los presos comunes no ya una galería, sino las puertas grandes de la calle. Pero si decide

que eso equivaldría a convertir en prisión de los ciudadanos la casa de la que no se atreverían a salir por

miedo, apoye moralmente a la autoridad para que haga de las prisiones centros de regeneración; pero

prisiones, al menos, tan sometidas a la ley como lo está la calle.

 

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