Autor: Tusell, Javier. 
   Juventudes socialistas     
 
 Ya.    14/10/1977.  Página: 7-8. Páginas: 2. Párrafos: 6. 

JUVENTUDES SOCIALISTAS

HACE unos días, el autor de este artículo publicó, en .esta tribuna, otro en el que, en base a los propios

textos del semanario "El Socialista", abría un Interrogante acerca de la capacidad y congruencia del

partido fundado por Pablo Iglesias como segunda alternativa de poder en la España de hoy. Aquel

semanario ha lanzado contra mí un breve y, en mi Opinión, desde luego, no muy razonado exabrupto. Me

apresuro a darlo por bien venido no sólo porque la democracia es, ante todo, debate, sino también porque

creo haber puesto un granito de arena (pensar otra cosa sería una petulancia) en que desde "El Socialista"

se digan cosas más sensatas; como sucede desde hace algunas semanas.

LO cierto es, sin embargo, que no en toda la prensa de esa significación sucede lo mis´ mo. Recientemente

se ha reunido en Madrid el Congrego de las Juventudes Socialistas, del que el lector habrá tenido noti cía,

sobre todo por la inevitable actuación del señor Guerra, empeñado en aliviar a los comentaristas políticos

españoles el mar de lágrimas en que viven con alguna de sus exhibiciones. Pues bien, en esas mismas

fechas se vendía en los quioscos madrileños la revista "Renovación", órgano de expresión de las

Juventudes Socialistas, en su número 34. 3i uno tuviera las capacidades humorísticas de Evaristo

Acevedo y su "Cárcel de papel", de "La Codorniz", se apresuraría a ejercerlas respecto al .contenido de

muchos de sus artículos. A mí, sin embargo, este .ejercicio no me parece demasiado divertido, porque este

país nuestro no esta para incoherencias ni despropósitos.

LEYENDO "Renovación", el lector .empieza por enterarse de que "la tarea de las JJ. SS. está en el

análisis de las reivindicaciones de la juventud, que rechaza la moral hipócrita de la burguesía, que quiere

una sexualidad libre, sin inhibiciones, sin condicionamientos; que vibra con la música "rock" y hasta con

el hachís y que sueña con una sociedad auténticamente democrática, donde desaparezca la explotación del

hombre por el hombre" (página 3). Mezcla de buenos deseos, tópicos e infantilismos, piensa uno. Pero

todavía es peor a la hora de concretar todos esos propósitos. Pase toda* vía como algo comprensible,

aunque reprochable, una cierta exaltación del abandono de sus hogares por las menores (página 12) o,

como moderadamente risible, una diatriba contra, determinada prenda íntima femenina (página 14). Pero

lo que ya mueve al ingenuo lector a frotarse repetidamente los ojos es la defensa de los llamados

"comandos del am´or", que "consideran quo la" noción actual de democracia es insuficiente y caduca", en

vista de lo cual ejercen como seres sexuados por la calle (página 45). No parece fácil de admitir ¡a

definición de la homosexualidad femenina como "una posibilidad humana más de expresión" (página 43),

ni es probable que la mayoría de los españoles considere al aborto tan necesario como para proporcionar

(página 41) direcciones en Lonres donde "beneficiarse" de eseservicio. Ahora resulta que, para los

jóvenes socialistas, la droga "blanda" (marihuana, hachís...) nada menos que "exalta el sentido de

comunidad, aproxima, une y rompe inhibiciones de contacto" (página 25). Lo malo en este tema es que,

preguntado Felipe González por la revista si "le gusta el porro", responde, en unas declaraciones políticas,

que, por otra parte y en otros aspectos son un modelo de sensatez, que "yo creo que es bastante sano"

(página 29). . . ,

TODO.eso responde a un cambio en las pautas de comportamiento de la Juventud española, que a mí,

personalmente, me parecen deplorables y no estoy dispuesto a compartir, pero que, por supuesto, pueden

ser defendidas, aunque es bastante penoso que se las considere como maravillosos hallazgos del género

humano. En el supuesto caso de que, por ejemplo, la marihuana no sea, en pequeñas dosis, algo peor que

el alcohol o el tabaco,, pienso que ya bastante tiene el hombre con estos dos últimos para añadirle un

tercero. Pero, en fin, eso no tiene mucho que ver con la política, Lo que si, en cambio, tiene que ver con

ella es que toda esa temática es muy dudoso que interese a una mayoría importante de la población

española, y al mismo tiempo da al partido que la esgrime un aire mucho más radical socialista de

revolucionarismo verbal y simplificador que cualquier otra cosa.

UNO podria pensar que por lo menos al tratar de lo estrictamente político los jóvenes socialistas

demostraran mayor concreción, responsabilidad y deseo de satisfacción de los anhelas concretos de todos

los españoles. Sin embargo, en vez de eso, el lector encuentra en "Renovación" un milenarismo

revolucionario muy poco o nada socialdemócrata y claramente volcado hacia fórmulas de corte totalitario.

El propio señor Barragán, que por su cargo de secretario general cabría esperar que fuera al menos más

prudente en sus declaraciones, recuerda (página 6) que una de las ponencias del´ reciente congreso iba a

versar sobre "la necesidad de la dictadura del proletariado". En el fondo, ¿qué cabría esperar de unas

Juventudes Socialistas que consideran valioso todo su pasado, Incluso el que más daño hizo a los

españoles todos en los años treinta? Renovación" no sólo incluye en sus páginas un largo artículo de

Santiago Carrillo, sino que cita, como postura histórica a asumir, un decálogo del joven socialista, en el

que se encuentran estas dos perlas: "La única idea que hoy debe tener grabada el joven socialista en su

cerebro es que e* socialismo sólo puede Imponerse por la violencia, y que aquel compañero que propugne

lo contrario, que tenga todavía sueños democráticos..., no pasa de ser un traidor consciente o.inconsciente,

Javier TUSELL

´ • , • • * * (Continúa en pág. slgte.)

(Viene de la pág. anterior)

f sobre todo esto: armarse.Como sea, donde sea y por los procedimientos que sean. Consigna: ármate

tú y, al concluir, arma si puedes al vecino mientras haces todo lo posible por desarmar a un enemigo."

Cuando frases como éstas no se ocultan pudorosamente, como seria lo lógico y lo deseable, no

puede extrañar que se muestre inmediatamente una atracción insistente por los grupúsculos de extrema

Izquierda cuya fuerza electoral es prácticamente nula. Las Juventudes Socialistas no sólo han sido las

principales promotoras de la plataforma de organizaciones políticas juveniles (con comunistas y

maoistas), sino que además firman constantementa manifiestos con otros sectores más insignificantes

aun, como los trostkistas (paginas 8 y 6).

LA. conclusión menos malintencionada de cuanto antecede podría consistir tan sólo en tres preguntas: Si

el Partido Socialista piensa que ese tipo de reivindicaciónes es tan necesario y perentorio, ¿cómo

es posible que lo haya ocultado durante la pasada campaña electoral del 15 de junio, sin que tampoco sug

adversarios se lo hayan reprochado? Si, por el contrario, el PSOE no opina como sus Juventudes, ¿no

sería ya llegado el momento de imponerles su disciplina? No vendría mal recordar los pésimos

efectos que tuvo sobre el socialismo español la postura de sus elementos juveniles durante lo* años

treinta. Y, en fin, la cuestión más lógica y natural seria simplemente: ¿Puede gobernar un partido cuyas

juventudes dicen todo lo que ha sido expuesto ?

Javier TUSELL

 

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