Continúan los atentados contra miembros de las Fuerzas Armadas. Cualquier día me pegan cuatro tiros, había dicho a una vecina. 
 Asesinado a la puerta de su domicilio el gobernador militar de Madrid     
 
 El País.    04/01/1979.  Páginas: 1. Párrafos: 17. 

POLÍTICA

EL PAÍS, jueves 4 de enero de 1979

Continúan los atentados contra miembros de las Fuerzas Armadas

"Cualquier día me pegan cuatro tiros", había dicho a una vecina

Asesinado a la puerta de su domicilio el gobernador militar de Madrid

El gobernador militar de Madrid, general Constantino Ortín Gil, fue asesinado ayer a mediodía, cuando

entraba en su domicilio, por cuatro individuos que le dispararon a bocajarro. Uno de los disparos fue en la

frente, mortal de necesidad, por lo que la víctima ingresó cadáver en la Residencia Francisco Franco.

Inmediatamente después de conocerse el atentado, las fuerzas de seguridad emprendieron una gran

operación de control en Madrid y sus salidas, que provocó un fuerte embotellamiento general de tráfico.

La capilla ardiente del general Ortín ha sido instalada en el Cuartel General del Ejército.

Emilia Bravo, la asistenta del general de división, gobernador militar de Madrid, Constantino Ortín Gil,

salió de la vivienda y llegó corriendo hasta la portería gritando: «¡Vicente, han matado al señorito!, ¡han

matado al señorito!»

Vicente Romero, el portero del inmueble número 63 de la calle de Menéndez y Pelayo, interrumpió

sobresaltado su comida y salió a la calle junto a la sirvienta de los señores de Ortín. Por el ascensor

descendía ya la esposa del militar, Ana María Alvarez Biznier. Cuando las tres personas salieron a la luz

de la calle sólo quedaban en el suelo las manchas de sangre que poco después serían regadas y esparcidas

con el agua de unos cubos. Eran, aproximadamente, las tres y diez de la tarde de ayer, miércoles, 3 de

enero de 1979. El gobernador militar, de 63 años, había sido trasladado en su propio coche a la residencia

sanitaria Francisco Franco.

Unos minutos antes, en la vivienda del gobernador militar, tercer piso, con vistas a la calle de Menéndez y

Pelayo y al parque del Retiro, su esposa y la sirvienta esperaban, como todos los días, la llegada del

militar para el almuerzo. El matrimonio no tenía hijos. «Minuto arriba, minuto abajo, siempre llegaba a la

misma hora, de tres menos cuarto a tres», recuerda el portero.

Los disparos fueron oídos en la casa de la víctima del atentado. La mujer del portero también dice haber

oído, al menos, uno, pero creyó, como otros vecinos, que se trataba del reventón de un neumático. Emilia

Bravo se asomó a la ventana y pudo llegar a ver al señor Ortín en el suelo. El uniforme, la sangre, el

coche oficial. «Un 1.500 —precisa Vicente Romero— desde que era gobernador; antes traía uno más

pequeño.»

Sin embargo, muy pocos testigos presenciaron el atentado. El edificio es colindante al Hospital del Niño

Jesús y hace esquina con la calle del Doce de Octubre: En la puerta contigua hay un establecimiento,

cerrado a la hora de cometerse el atentado. En la esquina de enfrente, una cafetería.

Calibre nueve milímetros «parabellum»

Al parecer, y con respecto a sus habituales costumbres, Constantino Ortín se retrasó ayer unos minutos en

llegar a su casa. Según fuentes del Gobierno Militar consultadas por Efe, el gobernador solía salir a las

dos y media en punto. El Gobierno Militar queda a unos mil metros de la vivienda particular, distancia

que, a esas horas, se tarda en recorrer en coche unos cuatro o cinco minutos, o incluso menos. Ayer, sin

embargo, el general Ortín salió de su despacho a las tres en punto de la tarde.

Por su parte, el Gobierno Civil ha informado en una nota oficial que «por las gestiones de inspección

ocular realizadas en el lugar del atentado, han sido hallados dos casquillos de bala calibre nueve

milímetros parabellum, que son entregadas en la Brigada Regional de Información, que instruye las

correspondientes diligencias, en las que declara el conductor del coche oficial, don Vicente Medina Casa,

domiciliado en la calle de Navalmoral de la Mata, número 62, quinto B, así como otros dos testigos

presenciales del hecho que se encontraban en las inmediaciones. «De la información inicial practicada

añade la nota parece ser que el arma utilizada por los autores ha sido una pistola.»

Las versiones recogidas respecto al modo en que se ejecutó el atentado y sus autores reflejan diversas

contradicciones. Según unas fuentes, los dos testigos de las inmediaciones eran dos clientes de la cafetería

Yolanda. Según otras, un transeúnte y un vecino del general Ortín.

Dichas versiones coinciden en que los autores eran cuatro. Europa Press precisa que uno de ellos vestía

un anorak verde y otro un anorak amarillo,

En cuanto a la posición de los autores, se vuelven a encontrar discrepancias. Según unas fuentes, dos de

los autores se hallaban junto al portal de la vivienda; otro, en la esquina inmediata, y el cuarto, en la

esquina de la cafetería. Según otras versiones, los dos individuos que realizaron los disparos se hallaban

junto a la puerta del hospital del Niño Jesús. Un tercero, en la esquina de la cafetería, y el cuarto, al

volante del vehículo en el que huyeron. Parece que éste se hallaba aparcado en la calle de Doce de

Octubre, frente al número 2. Según estas versiones, los dos que se encontraban más próximos a la

vivienda del militar, al llegar el´coche oficial esperaron que se apease el general. Cuando se disponía a

subir a la acera, se acercaron a él y le dispararon ambos. Inmediatamente se dieron a la fuga.

La nota del Gobierno Civil es, sin embargo, más precisa y señala como cinco el número de componentes

del comando: «A las quince horas, cuando el gobernador militar de Madrid, don Constantino Ortín Gil, se

apeaba de su coche oficial, frente a la calle de Menéndez Pelayo, número 63, fin-. ca en la que está su

domicilio, tres individuos, de unos veinticinco años, estatura normal y unos 65 kilos de peso, efectuaron

contra su persona varios disparos, cayendo el general al suelo gravemente herido y dándose a la fuga los

autores en un coche Seat 131 de color blanco, M-6522-BC, que esperajba en la calle de Doce de Octubre

y donde había otros dos individuos más. Dos de los autores materiales del hecho llevaban sendas prendas

chubasqueros, uno de color azul y el otro verde, y este último, barba.»

Según pudo saber EL PAÍS, inmediatamente después de poner fin a la vida del general, uno de los autores

introdujo su arma por la ventanilla.del-coche oficial y apuntó a la cabeza del chófer, Vicente Medina, al

tiempo que preguntaba a uno de sus compañeros: «¿Lo mato?» Y éste respondió un tanto

despectivamente: «¡Bah, déjalo!» Tras lo cual huyeron.

El chófer, aún impresionado, tanto por el atentado contra su superior como por «haber vuelto a nacer»

según comentó luego—, se aprestó entonces a tratar de socorrer al general. Dos personas le ayudaron, y

en el mismo coche oficial lo trasladaron al centro sanitario Francisco Franco.

El parte médico firmado por el doctor Fernández Conde señala que la víctima ingresó cadáver a las tres y

diez de la tarde. No obstante, se le hizo una radiografía de cerebro, de carácter comprobatorio. Según

dicho parte, el general Ortín presentaba tres heridas de bala. Una en la frente, mortal de necesidad, otra en

el tórax y una tercera en la axila, si bien posteriormente se precisó que era en el brazo.

El parte fue leído a las 4,55 horas de la tarde por Antonio Gullón,. secretario general de la ciudad

sanitaria.

El general presentía el atentado

«Hace algún tiempo que venía sólo con el chófer, sin su ayudante —cuenta el portero, Vicente Romero—,

y más de una vez me dijo, que no saliera a esperarlo, que no me pusiera mucho a su lado, por si acaso una

ráfaga de metralleta dirigida contra él terminaba también conmigo.» Y añade el portero: «Yo le replicaba

que de alguna forma hay que morir y que no me importaba que fuese a su lado. Era un hombre querido

por todos los vecinos y vivía aquí desde hace cuarenta años.»

El general parece que presentía un atentado. También a una vecina, hace unos días, le dijo: «Cualquier día

me pegan cuatro tiros», a lo que esta señora le contestó que «así no podía ir por la vida», según ha

recogido Efe. También Europa Press ha constatado que el general, hace escasos días, expresó su intención

de instalarse en el pa-bellón-vivienda del Gobierno Militar y que a su compañero de armas, el general

García Manuel, le había confiado: «No sé, estoy pensando en venirme al pabellón a vivir. El día menos

pensado soy yo la víctima.»

 

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