El acto fue presidido por el ministro de Defensa y la Junta de Jefes de Estado Mayor. 
 Grupos de militares gritaron dimisión y mueran los traidores en el funeral por el general Ortín     
 
 El País.    05/01/1979.  Páginas: 1. Párrafos: 13. 

POLÍTICA

EL PAÍS, viernes 5 de enero de 1979

El acto fue presidido por el ministro de Defensa y la Junta de Jefes de Estado Mayor

Grupos de militares gritaron "dimisión" y "mueran los traidores" en el funeral por el general Ortín

La emoción y serenidad contenidas durante el funeral córpore insepulto por el alma del general de

división Constantino Ortín, gobernador militar de Madrid, celebrado en el patio del cuartel general del

Ejército ante la presencia de varios centenares de militares y de los familiares del finado, fueron rotas al

final del acto religioso con una explosión de gritos de dimisión y mueran los traidores, mezclados con

otros de muera ETA. Los gritos se acrecentaron todavía más cuando el féretro era sacado a hombros por

compañeros de armas por la puerta sur que une el patio del cuartel general del Ejército con los jardines

que dan a la entrada principal del edificio, en la calle de Alcalá, donde esperaba el furgón que debía

conducir el cadáver del general Ortín al cementerio.

El funeral, también aplicado por el alma del comandante José María Herrera, asesinado por ETA en San

Sebastián, se inició a las 3.30 de la tarde y fue oficiado por el vicario general castrense, monseñor Emilio

Benavent. Los presentes, salvo los familiares del general asesinado y los periodistas acreditados en el

acto, eran exclusivamente jefes, oficiales y suboficiales de las tres Armas, de la Guardia Civil y de la

Policía Armada.

El acto estuvo presidido por el ministro de Defensa, teniente general Gutiérrez Mellado, acompañado por

el presidente de la junta de jefes de Estado Mayor, teniente general Ignacio Alfaro Arregui; jefe del

Estado Mayor del Ejército, teniente general Tomás de Liniers; jefe del Estado Mayor de la Armada,

almirante Arévalo Pelluz, y jefe del Estado Mayor del Ejército del Aire, teniente general Emiliano Alfaro

Arregui. A la izquierda del altar, revestido con la bandera nacional, se encontraba, ocupando un lugar de

honor, la viuda del general asesinado, Ana María de Ortín, acompañada de otros familiares. Cerca, se

encontraba un grupo de altos mandos del Ejército, entre ellos los ex ministros tenientes generales,

Alvarez Arenas, Coloma Gallegos y Galera, así como el teniente general Iniesta Cano. También se

encontraba en el funeral el marqués de Mondéjar, jefe de la Casa del Rey.

El acto dio comienzo con la llegada-ai patio del féretro con el cuerpo del general Ortín, cubierto con la

bandera nacional, mientras sonaba la marcha de infantes. Una vez instalado el féretro sobre un túmulo

colocado frente al altar, sonaron los acordes del himno nacional y dio comienzo la misa córpore insepulto.

Se leyó el pasaje del Evangelio que narra la resurrección de Lázaro, y el celebrante, vicario general

castrense, pidió a los asistentes, en las oraciones de los fieles, que rogasen a Dios por las almas de los

«hijos Constantino y José María».

Inmediatamente después de terminado el funeral, un teniente coronel gritó Viva el honor, frase que fue

contestada con vivas por una parte de los presentes. De nuevo la banda de música de la compañía de

honores del Cuartel General del Ejército interpretó el himno nacional y el toque de oración, mientras se

retiraban los gastadores. Seguidamente, los asistentes cantaron el himno de Infantería, momento en que la

esposa del general asesinado rompió a llorar amargamente.

Vivas y mueras

Fue al terminar el canto del himno de Infantería cuando se produjo la explosión de .gritos y vivas,

provenientes de las diversas partes del patio, coreados por una gran parte de los militares presentes.

El grito de dimisión, que se supone iba dirigido al ministró de Defensa, teniente general Gutiérrez

Mellado, fue el más coreado, seguido de también todo el Gobierno, mueran los traidores, muera la ~ETA,

viva el general Atares y ETA, asesina.

Mientras se sucedían estos gritos, el ministro de Defensa y los generales jefes de los estados mayores de

las tres Armas se acercaron a la esposa de la víctima para expresarle su pésame. Casi al mismo tiempo,

varios compañeros de armas del finado tomaron el féretro a hombros para sacarlo por la puerta sur del

patio, que da a los jardines, donde esperaba el furgón. Cuando el féretro atravesaba esta puerta, los gritos

de varios grupos de militares arreciaron, aunque se hicieron ininteligibles para los periodistas. En ese

mismo momento, el teniente general Gutiérrez Mellado y los altos mandos de los tres Ejércitos también se

dirigieron hacia la puerta sur, en cuyas inmediaciones —según dato que precisa la agencia Europa

Press—, el ministro de Defensa fue insultado y abucheado por varios compañeros de armas que se

hallaban cerca. No - obstante, el ministro de Defensa no detuvo su marcha.

Inmenso griterío

Segundos antes, se advirtió a todos los asistentes a la ceremonia que debían abandonar el patio por la

puerta norte, que da a la calle del General Prim. Sin embargo, esta orden fue desobedecida por varias

decenas de militares de toda graduación que se agruparon, ya en los jardines del Cuartel General, en torno

al furgón, en el que ya había sido introducido el féretro. Allí volvieron a arreciar los gritos de protesta,

dirigidos, sobre todo, contra el Gobierno en general, y contra el ministro de Defensa, en particular.

En medio del griterío, algunos mandos, entre ellos un coronel de fuerte complexión, comenzaron a pedir

que el féretro fuera sacado a hombros del Cuartel General. Algunos otros militares, sobre todo generales,

se opusieron a esta petición, motivo por el que se produjeron intercambios de palabras fuertes, que en

algún momento se convirtieron incluso en empujones. El féretro, no obstante, fue sacado a hombros de

militares hasta la calle de Alcalá.

Actitud sin precedentes

No tiene precedentes la actitud observada ayer por numerosos jefes y oficiales en el Cuartel General del

Ejército y en la comitiva posterior al cementerio de la Almudena. Los actos fúnebres por los anteriores

militares asesinados se caracterizaron por el mantenimiento de un riguroso orden y silencio absolutos, y

los incidentes res-gistrados en algunas ocasiones siempre fueron aislados y sin participación de militares

de uniforme, salvo la actitud sediciosa de grupos de policías armados en el cuartel de Basauri a raíz de la

muerte de dos compañeros. Si el orden militar ha sido en general completo en esta clase de actos, la

extrema derecha política ha venido provocando diversos incidentes. Especialmente serios fueron los

ocurridos en Madrid el pasado 17 de noviembre durante el funeral y entierro del magistrado Mateu.

El único .incidente en un acto fúnebre por víctimas del terrorismo en el que intervino un militar ocurrió el

29 de enero de 1977 en Madrid, en el Hospital Militar Gómez Ulla, a la salida de los féretros de los tres

agentes del orden asesinados la víspera en la trágica semana de la matanza de Atocha. El militar

implicado fue el capitán de navio Camilo Menéndez.

 

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