Un centenar de oficiales llevaron el ferétro a hombros hasta el cementerio. 
 La comitiva fúnebre se convirtió en una manifestación de extrema derecha     
 
 El País.    05/01/1979.  Página: 9. Páginas: 1. Párrafos: 15. 

EL PAÍS, viernes 5 de enero de 1979

POLÍTICA

Un centenar de oficiales llevaron el féretro a hombros hasta el cementerio

La comitiva fúnebre se convirtió en una manifestación de extrema derecha

O entierro del general Ortín se convirtió en una manifestación de la extrema derecha, al obligar miembros

de las Fuerzas Armadas —contra las previsiones establecidas— a que el féretro fuera conducido a

hombros desde el Cuartel General del Ejército hasta el cementerio de la Almudena, a través de la calle de

Alcalá. Varios oficiales de uniforme llamaron a la agresiva multitud, que se hallaba frente al edificio, para

que se unieran ala comitiva, que llegó a estar compuesta por millares de civiles y unos cien oficiales.

Elementos ultraderechistas quemaron ikurriñas y no cesaron de gritar contra el Gobierno, el presidente

Suárez y el ministro de Defensa, teniente general Gutiérrez Mellado.

Desde antes del comienzo del funeral se habían concentrado en la calle de Alcalá, frente a los jardines del

Cuartel General del Ejército, varios miles de personas que no cesaron de lanzar gritos contra la

democracia, el Gobierno y, especialmente, contra el presidente d&l ejecutivo, Adolfo Suárez, y el

ministro de Defensa, teniente general Gutiérrez Mellado. También se cantó repetidamente el Cara al Sol e

himnos militares.

Entre otros, pudieron oírse gritos de «Suárez, cabrón, cantaste el Cara al Sol», «Suárez, traidor, irás al

paredón», «Gutiérrez Mellado, estás acojpnado», «Gobierno, atiende, España no se vende» y «ETA

asesina». En todo momento, los manifestantes mantuvieron una actitud agresiva e insultante contra los

periodistas que estaban junto a los jardines, protegidos tras la Policía Armada, y llegaron a arrojar barro

del seto intermedio entre calzadas.

La Policía Armada tuvo que poner vallas protectoras en la calzada, para contener a la masa, que se iba

calentando progresivamente. Mientras se esperaba la salida del féretro, los manifestantes quemaron dos

ikurriñas, entre gritos de satisfacción. Ante la tensión reinante, las fuerzas del orden hubieron de ser

reforzadas por miembros de las compañías de, reserva general —antidisturbios—, que fueron recibidos a

los gritos de «queremos más».

Al salir el féretro a la calle de Alcalá arreciaron los gritos antes reseñados y de «Gobierno, dimisión»,

«Alzamiento nacional», «Ejército al poder» y otros de este tipo. En el momento de producirse la salida

del féretro, a hombros de oficiales y jefes, un oficial de alta graduación se encaró con los fotógrafos de

prensa, ordenándoles que se apartaran, mientras profería una blasfemia.

Mientras tanto, otros oficiales saludaban el féretro al modo fascista, brazo en alto, e invitaban a la

multitud a sumarse a la comitiva que se empezaba a formar, con gritos de «Vamos, adentro».

Ante esta actitud de los mandos militares, las fuerzas de orden público no impidieron que la multitud

rebasase las vallas y llegase hasta la acera del Cuartel General, donde dieron vivas a los militares y a

algunos les abrazaron.

Los portadores de la caja mortuoria rebasaron el furgón y siguieron adelante hacia el otro lado de la

Cibeles y la calle de Alcalá, mientras los manifestantes se les unían en comitiva. En el momento de

arrancar ésta, la formaban varios cientos de militares y un par de miles de civiles.

Finalmente se colocaron en cabeza de la marcha cuatro furgonetas de fuerzas antidisturbios, que iban

seguidas de varios coches oficiales, donde se encontraban la familia del fallecido general Ortín y jefes y

oficiales militares. También marchaban en este tramo coches de la Policía Municipal, furgonetas con

coronas de flores/y un coche oficial de general, con el .banderín tapado y sólo con el conductor, lo qué

invitaba pensar que el general iba a pie en la comitiva.

Detrás iba el féretro, a hombros de militares, y seguido de aproximadamente un centenar de miembros de

las Fuerzas Armadas y varios miles de personas, que portaban banderas nacionales e insignias

ultraderechistas y cantaban el Cara al Sol e himnos militares, alternados con gritos contra el Gobierno, el

presidente Suárez y el ministro de Defensa.

Durante la marcha se produjeron varios incidentes. Por dos veces fueron quemadas ikurriñas, y fueron

arrojadas naranjas contra carteles del PSOE y huevos podridos contra unas oficinas de la UGT situadas en

la plaza de Manuel Becerra. También se produjeron incidentes con varios transeúntes, que presuntamente

habían levantado el puño al paso de la comitiva.

La comitiva llegó sobre las seis y cuarto de la tarde al cementerio de La Almudena, donde esperaban

varias decenas de militares y otros tantos civiles y ninguna alta autoridad. El féretro llegó flanqueado por

dos banderas nacionales con crespones negros, que portaban jóvenes de ultraderecha, y seguido del

furgón fúnebre, que hizo vacío todo el recorrido.

Orden en el cementerio

Al entrar en el cementerio se rezó un Padrenuestro ante los restos mortales del general Ortín, y la

comitiva reemprendió la marcha hacia la tumba, en la zona nueva del camposanto, donde se hallaban

concentrados varios miles de personas, entre ellas la familia del finado y cientos de militares.

Un capellán militar rezó un responso, mientras se colocaba la caja sobre la tumba, siempre flanqueada por

las dos banderas. Mientras el féretro era enterrado, la viuda lloraba desconsoladamente y pedía que «sea

el último». Después se cantó el himno de Infantería y se dieron vivas a España y al Ejército. También se

cantó el Cara al So! y se gritó «General Ortín, ¡presente!». Un grito de «Ejército al poder» fue

rápidamente acallado por los presentes.

A las ocho, unos veinte jóvenes de entre quince y veinte años cortaron el tráfico entre la plaza de Callao y

la Red de San Luis dando gritos extremistas.

 

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