Autor: Prego, Adolfo. 
   El Golpe de Estado     
 
 ABC.    11/11/1978.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

SABADO, 11 DE NOVIEMBRE DE 1978.

EL «GOLPE DE ESTADO»

Se habla mucho de un «golpe do Estado» como de algo posible, temible para muchísimos, deseable para

unos pocos. ¿Y qué es eso? Lo ignoro. Las ideas que no pueden ser representadas plásticamente por la

Imaginación, tales como «infinito» o absoluto» se quedan en simples fonemas.

El «golpe de Estado», tal como lo concibió Lenin y lo analizó luego Curzio Malaparte, era algo concreto.

Entre nosotros llegó a ser como una especie de segunda fiesta nacional. Pero en la España de los Botejara,

la expresión carece de sentido. Mucho más sutilmente que otros, el secretario general del P. C. habla de

los peligros de una marcha blanca». Ustedes entienden que se oculta bajo esa figura retórica: una línea

trazada firmemente para que el Poder no siguiese retrocediendo en el asunto esencial: la unidad de

España. La Constitución establece esa unidad como «indisoluble», pero en el fondo de toda prohibición

de que algo se disuelva, existe siempre la posibilidad de una circunvalación o una metáfora que deje las

formas en su pureza virginal y viole el concepto. La «marcha blanca» representaría, sencillamente, el

control del Poder político por la fuerza efectiva, y lo sería, además, en un sentido inatacable: en el de

aplicar lo que determina la propia Constitución.

Una presidencia puede ser (perpetua». Una Secretaria General puede ser Igualmente «perpetua». Unos

principios fundamentales pueden ser también "perpetuos». Pero un buen día cesa el presidente, cesa el

secretario y cesan los principios, y el nuevo presidente, el nuevo secretario y los nuevos principios siguen

llamándose «perpetuo». ¿Me sigue el lector? Pues a lo que vamos. Siempre hay Ulises, y más en países

mediterráneos, que fecundos en ardides, saben de esto lo que usted no vea.

Antoñito el Camborio, apuñalado, grita a su enamorado creador: *¡Ay, Federico García —llama a la

Guardia C/-vil...!» Pero ¿qué pasa si la Guardia Civil no llega a tiempo? Pues que la E. 7. A. toma San

Sebastián, Bilbao, Vitoria y Pamplona en veinticuatro horas, y nuestro Ejército tiene que salir a la calle

sin que el Ejército lo desee ni lo quieran los hombres de la política ni lo propongan los insensatos que se

regodean con la «posibilidad» del golpe de Estado lo mismo que muchos nos regodeamos en ios días

navideños con la «posibilidad» de que nos toque el «gordo».

A los Ulises de por acá se les ha ocurrido que lo bueno seria que fallasen las Fuerzas de Orden Público en

el momento decisivo. Parece que nuestros parlamentarios han descubierto, por fin, que el «golpe de

Estado» consistiría no en una conquista, sino en una ausencia. Ya era hora.

Por eso insisto en que frente a todas las apariencias uno de los principales defensores de la democracia ha

sido Manuel Fraga.

Adolfo PREGO.

 

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