Autor: Cantarero del Castillo, Manuel. 
   Ejército y Política     
 
 ABC.    28/11/1978.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

MARTES, 28 DE NOVIEMBRE DE 1973. PAG.3

EJERCITO Y POLÍTICA

NADA definitivamente grave puede ocurrir en nación alguna mientras* el Ejército mantiene su una´ dad

y su cohesión institucional. Ello, por ote» parte, le legitima moralmente pora Intervenir en último extremo

—por imperativo de su naturaleza disciplinaria y razón de su poder táctico-— cuando, fracasado

irremisiblemente «1 poder civil y agotadas las posibilidades de eficaa recambio político, la sociedad

sufre el consecuente colapso anímico • anárquico que, de no ser por su Intervención emergente, produce

de Inmediato la secuela del caos general.

Y si «se caos constituyó, en toda época» I» más temible de las catástrofes civüe» por el torrente de

irracionalidad política que libera, en las actúale* sociedades de masas, por la enorme complejidad de su

funcionamiento y la dimensión de la instintiva vorágine social «me la quiebra del mismo desencadenaría,

y que se sumaria al torrente citado de irracionalidad política, puede revestir caracteres apocalípticos,

Por otra parte, un Ejército políticamente dividido, en el marco de sociedades poco capaces de suscribir y

respetar el permanente pacto democrático, que es el pacto de la racionalidad civil, propende a radiculizar

las actitudes de intransigencia entre las facciones opuestas. O, lo que es igual, favorece considerablemente

la creación de las condiciones del fracaso irremisible del poder civil y, por tanto, de producción del

colapso final frente al cual, por su propia implicación beligerante en el enfrentamiento, ya no puede ser el

idóneo poder emergente que restablece el orden y la autoridad del Estado y repone a un legítimo poder

civil en el Gobierno de la nación, sino, bien al contrario, la estructura propicia para la división y el

enfrentamiento del pueblo por las armas.

De ahí la alarma que nos produce el lamentable intento de implicación del Ejército en el pleito político

actual: implicación y división consiguiente que si, hoy por boy no se ha producido, no puede decirse ya,

desgraciadamente, que el peligro no exista en absoluto. Y ello es así porque el militar español es

fundamentalmente hipersensibie, como lo fue sien pre, ante el tema de la unidad de España y del orden

público, y porque hoy, penetrando por los signos de la época, lo es igualmente ante el tema social.

Si la izquierda no es terminantemente clara en su oposición al separatismo, al terrorismo y a la algarada

gamberra callejera, y si la derecha no es menos clara en su aceptación del gradual cambio social, es por

esa doble vía, susceptible de manipulación y de inducción, por donde puede venir ese mal terrible de la

división del Ejército, que insensatamente se está pretendiendo.

Decía al principio que el Ejército, de suyo y por imperativo de su naturaleza, sólo tiende a intervenir en

política en las aludidas ocasiones finales de fracaso total del Poder civil y del colapso social consiguiente.

Pero con excesivo optimismo, en nuestra opinión, se h» pensado que la democracia dispone de

mecanismos para que ese eventual fracaso final no se produzca nunca. Sin embargo, la Historia demuestra

hasta la saciedad en algunos países, y muy concretamente en España, que ello puede llegar a ocurrir.

De ahí nuestra tesis, que no hemos podido propugnar ni defender, de que hubiera quedado

constltncionalizada, con precisa delimitar clon, esa función extrema y emergente del Ejército, justo como

suprema garantía de la democracia. Pero no ha habido sensibilidad para ello, como no la ha habido par»

otras cosas no menos importantes, que habrían garantizado en mayor medida la solidez y estabilidad del

Estado democrático.

En verdad, no había que haber dejado a la comprometida discrecioaalidad del Ejército —insistimos, poder

fáctice por antonomasia— la apreciación de esas coyunturas extremas que requerirían su intervención de

emergencia por las razones aludidas de vacío práctico de poder civil y de colapso social. Habí» que

habérsela conferido explícitamente a la Corona con el concurso del Tribunal de Garantías

Constitucionales, come habíamos propugnado antes del 15 de junio de 1977.

Ahora, a los ciudadanos que no invocamos políticamente al Ejército, por el profundo respeto que nos

merece su superior función, apolítica Y metapotítica, no nos cabe mas que la esperan»», civil, que

afortunadamente es mucha, de que el mismo no se divida ni se incline jamás a la derecha ni a la izquierda,

ni se equivoque nunca en la apreciación de su responsabilidad institucional ante las coyunturas extrema*

a las que España, si no se impone la sensatez en la» facciones políticas de todo* los signos, puede estar,

desgraciadamente, abocada.

M. CANTARERO DEL CASTILLO.

 

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