Autor: Fraga Iribarne, Manuel. 
   Sentido común para superar la crisis económica     
 
 Ya.    25/10/1977.  Página: 7-8. Páginas: 2. Párrafos: 14. 

Sentido común para superar la crisis económica

D E Luis XIV se dijo que no tenía más que sentido común, pero Cue tenía mucho. Creo que esto as

exactamente lo que nos hace falta en este momento para sentar las bases da una economía mas sana y con

posibilidades de relanzamlento.

Damos por supuesto que disponemos para ello de un Gobierno serio y de una Administración eficaz.

Dicho esto, los objetivos a cubrir han de ser tres: estimularla inversión productiva (desanimando la

especulación), fomentar el trabajo y la productividad (actuando, por lo mismo, en contra de las tendencias

a reducir, en este momento, las horas de trabajo y de todas las formas del absentismo) y reducir la

inflación.

COMENCEMOS por lo ultimo. Importante como es la lucha antinflacionísta, conviene recordar que, de

los tres objetivos, no puede ser el primordial, sin consideración a los otros dos. Hemos de recordar que la

crisis presente es poskeynesiana; quiero decir que en ella coinciden a ta vez el estancamiento productivo,

ia inflación de costos y precios, el desempleo y el déficit sistemático en la balanza exterior, factores que

antes nunca coincidían simultáneamente, y teóricamente no podían coincidí r. Estamos, pues, ante una

situación Inédita, y no basta., por lo tanto, la solución clásica de hacer una política deflacionista, oon

elementos de política monetaria, política fiscal y devaluación de la peseta. Tal política podría, en vez de

curarnos de nuestros males, llevarnos mas rápidamente al desastre.

LO que hay que hacer, restablecido el orden y el principio de autoridad, confirmado un escenario

institucional que dé a los empresarios una idea de,que podrán salir de su actual incertidumbre, ratificada

plenamente la vigencia de la economía social de mercado, restablecida, en fin, la confianza (que no se

solicita, sino que se gana), es una política financiera a la vez firme y flexible, que lleve los recursos

económicos a donde sean más útiles. El dinero ha de tener su precio natural, el del mercado; debe ser

liberado de todos los circuitos privilegiados que hoy existen. Sólo entonces el ahorrador tendrá un

estímulo, y a su vez los intermediarlos llevarán inexorablemente esos recursos (que habrán de pagar

caros) a los sectores verdaderamente productivos. Esto supone la eliminación radical de los circuitos de

financiación privilegiados; la ampliación urgente de los valores que puedan ser negociados en las bolsas y

bolsines, dando entrada en el mercado de capitales a la pequeña y a la mediana empresa, y extensión del

principio de libertad de tipos de interés al crédito hipotecario a´ largo plazo. Lo que no es posible es

mantener las cosas como estén, a imponer una limitación global y rígida del crecimiento de los recursos a

un 17 por 100, lo que ocasionará sin duda el hundimiento indiscriminado de muchas empresas,

independientemente de su rentabilidad.

EN materia fiscal, la solución ha de venir, igualmente del sentido común. Pueden unos proyectos de

reforma fiscal ser conformes a los últimos Hbroi y, sin embargo, resultar inoportunos en cuanto al

momento d« ponerlos en práctica. En estos e.ños difíciles que nos esperan seria probablemente mejor no

improvisar, realizar un estudio en profundidad de la reforma, a fecha conocido (de dos a cuatro años), y

entre tanto no poner las cosas aún más complicadas y difíciles de lo qua están. El necesario aumento

recaudatorio puede lograrse aplicando en serio el sistema vigente (cuyas tipos incluso podrían y deberían

rebajarse, en más de un casa), potenciando los servicios de inspección y aplicando, por supuesto, con

energía el delito fiscal. El Impuesto sobre la renta y sobre sucesiones debe aplicarse con mayor

intensidad, pero un impuesto sobre el patrimonio que no comience a partir de los diez millones as

manifiestamente inoportuno (y será causa de nuevos frenos a la industria clave de la construcción, que

mueve a muchas mas).

Ya sé que alguien dirá que es un nuevo pretexto pura aplazar la reforma fiscal. PueS no lo es; es

simplemente ni sentido común. Como lo serí´i (ya que se ha dado hasta para crímenes sangrientos) una

amnistía fiscal que permitiera a todos ponerse en orden y en claro de una vez.

Pero recordemos que un presupuesto equilibrado y no inflacionario es una moneda con dos caras: más

ingresos y menos gastos públicos. Hay que revivir al ".santo temor al déficit" de que hablara don José

Echegaray. Hoy tendríamos que rehacer el presupuesto desde cero, replanteando uno por uno todos los

epígrafes y presentándolo de un ¡nodo funcional.

p ASEMOS al trabajo. No puede haber demagogias: Un trabajo serio no hay producto nacional que

repartir. TrabaJo quiere decir productividad. Esto tenernos que aceptarlo todos. Para lograr un alto nivel

de trabajo nacional hacen falta a la vez estímulos y sanciones: estímulos al que trabaja y sanciones al que

no trabaja. Haca falta que se creen nuevos puestos de trabajo, lo que nos lleva a la inversión. Y hace falta

una política de rentas y precios para que la masa salarial no aumente los costos y la inflación y a su vez

los salarlos mantengan un poder adquisitivo básico,

Comenzando por. el principio, es indudable que, correlativo al derecho de negociación colectiva y de

huelga, la empresa ha de tener un control (todo lo tasado y vigilado que se quiera) sobre sus plantillas,

para poder racionalizar la empresa, y sobre la productividad mínima de sus trabajadores. Ello debe

completarse con un seguro de desempleo eficiente, suficiente y con garantías.

Los salarios, por otra parte, en un período crítico como el actual, no pueden crecer más que al ritmo de lo

posible. Ello supone, como diremos, control paralelo de los precios; supone, además, que no todas las

empresas puedan seguir el mismo ritmo de aumentos, según su productividad, lo cual desaconseja las

negociaciones salariales a escala nacional.

La política comercial es clava en todo esto. Hay que perfeccionarla muy a fondo en el frente, exterior y en

el frente Interior. De lo primero diré poco hoy: recordar simplemente que las devaluaciones son uai

parche, que no llega al fondo del mal y que el Estado debe emplearse mucho más a fondo, lo mismo

defendiéndose mejor, con una política arancelaria selectiva y llegando incluso a contingentar por zonas

dte origen, como lo están haciendo otros en nuestra perjuicio; y, por supuesto, en lo agresivo, mejorando

mucho nuestra hoy escasa y burocratizada red de apoyo comercial en el extranjero.

HABLEMOS del comercio Interior. Hoy es uno de los sectores más fragmentados e ineficientes y que

requieren una urgente actuación quirúrgica. Hay que acortar los canales productor-consumidor, lo que

resultaría especialmente eficaz en lo que se refiere a los productos agrarios, con el doble efecto positivo

de llevarlos más baratos al consumidor y de elevar las rentas del sufrido sector agrario (del que hablaré

más despacio otro día, por la gravedad y originalidad de sus problemas).

Los instrumentos (Mercosa y Mercasa) existen, pero deben ser desburocratlzados y usados con energía

para los fines propuestos. Y deben romperse de una vez los injustos monopolios que gravitan sobre los

mercados mayoristas de las grandes ciudades.

PASEMOS a la inversión. Me atrevo a asegurar que en un clima de autoridad, con una política monetaria

como la Indicada y una política de precios y rentas, se reanimaría sola. Porque el país está, lleno de

recursos, de toda índole, sin emplear. Está esperando que le digan: "Levántate y anda," Está esperando

que se haga la luz, que termine la demagogia y que comience el sentido común.

Manuel FRAGA IRIBARNE

 

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