Autor: Tusell, Javier. 
   Tarradellas     
 
 Ya.    25/10/1977.  Página: 7-8. Páginas: 2. Párrafos: 5. 

TARRADELLAS

HOY en día sa abusa con frecuencia al denominar como "históricos" acontecimientos de relevancia, pero

a los que probablement» esta adjetivo les viene algo grande. Sin embargo, a pesar del abuso, es necesario

quizá, volver al empleo de ese calificativo para referirse al regreso d« .Josep Tarradellas, presidente de la

Generalitat provisional.

LA verdad es que mucha gente lo admitiría con harta dificultad. Reina en España una sensación, sólo

parcialmente aceptable, de que todo va mal y de que nos encaminamos a algo así como una catástrofe

apocalíptica. La situación no es en absoluto envidiable, pero es un grave peligro practicar esa

"persecución de la alegría" da la que nos hablaba Julián Marías que algunos sectores, sobre todo an la

Izquierda y en la extrema derecha, ejercen de forma sistemática,; sin, por supuesto, sugerir remedios para

los graves problemas del presente. Respecto de la restauración de la Generalitat provisional, se ha podido

percibir, una vea más, esta concordancia de los extremos, tan típica, por otra parta, de la vida española.

Hay quien piensa, desde la Izquierda, que el señor Tarradellas ea una especie de arribista que se ha dejado

encantar por no se sabe qué filtros mágicos del señor Suárez para convertirse en su colaborador en

Barcelona, que ha conseguido nada más que una "Generalitat descafeïnada" y que actúa como una especie

de Franco redivivo dispuesto a soltar un exabrupto a quien sa la desmande. En la derecha, aparte de las

bromas a las que da lugar el tratamiento de "honorable" (no menos chocante que el de ilustrísimo), se

piensa que el restablecimiento de la Generalitat es, si no un acto de lesa patria, sí, por lo meaos, un

privilegio manifiesto para una tan solo de las regiones españolas,

EL juicio que algunos hacen *r* sobre el señor Tarradellas, nace en buena medida de que este país, que

ha pasado por una larga dictadura, ignora todavía lo que verdaderamente es un político en un régimen

democrático. Tarradellas no prometa un milenario advenimiento de la Bondad universal a los catalanes y

no acosa a sus adversarios con epítetos gruesos. Pero es, en cambio, un hombre práctico que sabe lo que

se puede y lo que no se puede hacer en un determinado momento que. sobre todo, es consciente de lo que

siempre se debe o no se debe hacer, Tenemos ante nosotros un hombre que encarna un sentimiento

popular de millones de catalanes (y, por lo tanto, españoles), que ha vivido un largo exilio y que, por

tanto, podría tener vocación de mesías demagógico. Pero es un hombre que ha sido capaz de condenar la

locura del 6 de octubre dé 1934, aunque la protagonizara Companys; de reconocer los méritos de la

Monarquía y de al mismo tiempo exigir con dureza lo que creta que en este momento le debía

corresponder a Cataluña. ES, además, un político que no tiene miedo a deeir siempre lo que piensa, aun a

riesgo de chocar Con las modas y los modos Imperantes, y que sabe ejercer su autoridad cuando lo estima

preciso y necesario. Al contemplar Sú actuación en los últimos meses; uno,que es historiador, se da

cuenta de cuánto hemos perdido los españoles en la ruptura que produjo la guerra con las generaciones

liberales y de cuánto podrían sus miembros haber enseñado a esos políticos de hornada reciente que

parecen con demasiada frecuencia alocados "amateurs´^

LA derecha tendría, por BU parte, que pensar que el restablecimiento de la Generalitat

provisional ha sido, de parte del Gobierno del presidente Suárez, ante todo y sobre todo, un acto

de realismo. Desde hace meses, y aun en cierto sentido desde hace años asistíamos a una creciente

deslegitimación del poder del Estado en Cataluña. En el fondo, de alguna manera es lícito decir que

toda Cataluña había sido vencido en la guerra civilt y, ello se pagaba, muchos anos después de su fin, en

una dialéctica de autonomía "versus centralismo" que en potencia resultaba tanto o mas peligrosa

que la del País Vasco, aunque no hubiera violencia terrorista. Con esta situación había que acabar lo más

radicalmente posible, y ello de un modo urgentísimo después de unas elecciones que dieron la victoria

a quienes pedían con reivindicación perentoria el Estatuto do 1932. (Piénsese por un momento que en

Castilla hubieran triunfado unas fuerzas políticas que hicieran de la constitución de la segunda

República una reivindicación cardinal de su actuación.) Ser realista es la primera condición del político

y, en especial, del político conservador, en lo que de más noble tiene este adjetivo. Por eso, con muy

buen acuerdo, e1 presidente Suárez decidió en su momento negociar con Tarradellas. No «e trata,

pues, de ningún privilegio, sino tan, sólo de aplicar una solución solamente distinta por el momento

a una situación que, por supuesto, lo es. Pero ello no Implica desigualdad a la larga, pues las concesiones

autonómicas han de hacerse para todas las regiones españolas, y estamos emprendiendo precisamente ese

camino. Y si es cierto que en términos ideales hubiera sido deseable una intervención de las Cortes en la

promulga. ción del decreto que restablecía la Generalitat, no lo es menos que la legislación vigente

permitía una decisión más rápida y, sobre todo, que evitaba un estéril y probablemente durísimo

enfrentamiento verbal entre quienes exigían inmediatamente el Estatuto de 1932 y quienes practicaban de

hecho unas doctrinas identificables con el más férreo centralismo.

PARECE un milagro que Tarradellas haga las manifestaciones de amor a España que hace, que un

Borbón contribuya a restablecer la institución multisecular que uno de sus antecesores hizo desaparecer y

que un ex secretario general del Movimiento haya jugado un papel tan decisivo en todo el proceso.

Congratulémonos y saludemos con satisfacción la puesta en marcha en Cataluña de un régimen

autonómico provisional. Porque, en definitiva, es también un triunfo de todos, de toda la sociedad

española, que de esta manera da un paso más hacia un futuro democrático.

Javier TUSELL

 

< Volver