Emoción tensa en la exequías por el gobernador militar asesinado     
 
 ABC.    05/01/1979.  Página: 5-6. Páginas: 2. Párrafos: 16. 

ABC. VIERNES, 5 DE ENERO DE 1979. PAO. 5.

NACIONAL

EMOCIÓN TENSA EN LAS EXEQUIAS POR El GOBERNADOR MILITAR ASESINADO

Madrid. (De nuestro Redacción.) En un clima de tensión contenida, que en algunos momentos llegó a

desbordarse en gritos y crispación, se ofició ayer por la tarde, en el Cuartel General del Ejército, el funeral

«corpore insepulto» por el alma del general Constantino Ortín Gil, asesinado el miércoles. El oficio fue

también aplicado por el alma del comandante Herrera, igualmente asesinado por E. T. A. el pasado día 2,

en San Sebastián.

El féretro fue llevado a hombros de militares desde el Cuartel General del Ejército hasta el cementerio de

la Al-mudena

Una vez finalizado el acto religioso, el íéretro del general Ortín íue llevado a hombros "por militares hasta

el cementerio de la Almudena. A la comitiva militar se sumaron a su paso por las calles varios miles de

personas. Se produjeron diversos Incidentes.

TENSIÓN CONTENIDA DURANTE LA MISA

El funeral comenzó a las tres y media de la tarde, en el patio de armas del palacio de Buenavista. Junto al

altar se hablan colocado dos grandes coronas de flores sobre sendas banderas nacionales.

En lugares preferentes, muy cerca del altar y a ambos lados del catafalco, se situó la presidencia del

duelo. A la derecha, los altos mandos militares, encabezados por el vicepresidente del Gobierno y

ministro de Defensa, teniente general Manuel Gutiérrez Mellado. Junto a él, el presidente de la Junta de

Jefes de Estado Mayor, teniente general Ignacio Alfaro Arregui, así como los jefes de los Estados

Mayores de los tres Ejércitos: de Tierra, teniente general Tomás de Liniers y Pidal; del Aire, teniente

general Emiliano Alfaro Arregui, y de la Marina, almirante Alvaro

Pelluz, seguidos de sus respectivos ayudantes. A la izquierda del catafalco se encontraba la viuda del

general Ortín, acompañada de familiares allegados. Los altos mandos militares que fueron llegando al

patio de armas se situaron a- ambos lados.

Se encontraban presentes el capitán general de la I Región, teniente general De la Torre Pascual; el nuevo

gobernador militar de Madrid, general Allendesala-zar, y numerosos tenientes generales, como Alvarez

Arenas, Colonia Gallegos, Iniesta Cano, etcétera.

Dando frente al altar, una compañía de Infantes rindió los honores de ordenanza a lo largo del acto

religioso. Detrás se fueron situando los representantes de jefes, oficiales y suboficiales de los Cuerpos y

unidades militares de los tres Ejércitos. No hubo representaciones civiles. A excepción de periodistas v

familiares, el resto de los asistentes eran todos miembros de las Fuerzas Armadas, y la mayor parte de

uniforme, aunque también había alguno de paisano.

SOLO MILITARES

La entrada al recinto estuvo sujeta a un riguroso control por parte de la Policía Militar, que pedía la

documentación a todas las personas que intentaban acceder al cuartel, aunque fueran de uniforme, sin

atender a su graduación.

En las calles adyacentes al Cuartel General, la Policía Armada tuvo establecido durante todo el día un

impresionante servicio de vigilancia.

La compañía de infantes rindió los honores de ordenanza a la llegada del teniente general Gutiérrez

Mellado. En estos momentos, los asistentes guardaban un Impresionante silencio castrense, sólo roto por

los sollozos de la viuda, doña María de Ortín, que estuvo durante toda la ceremonia deshecha en llanto. Se

podía apreciar, sin embargo, un clima de tensa emoción, que se acentuó cuando a los acordes del himno

de Infantería hizo entrada en el patio´ de armas el féretro con los restos del general asesinado, cubierto por

una bandera nacional, a hombros de altos jefes militares, que lo depositaron sobre el catafalto. Los

asistentes, en posición de firmes, continuaron manteniéndose en el más absoluto silencio.

Una vez trasladada la bandera al lado derecho del altar, el vicario general castrense, monseñor Emilio

Benavent, Inició el afleo religioso, concelebrandolo con otros ocho capellanes militares. Apenas

comenzada la misa empezaron a. exteriorizarse los primeros síntomas de emoción. Uno de los militares

asistentes gritó «¡Viva el honor», que fue secundado por la mayoría de los asistentes. El oficiante leyó el

pasaje evangélico de la resurrección de Lázaro. No se pronunció ninguna homilía.

GRITOS DE «DIMISIÓN»

Una vez finalizado el acto —que duró unos veinte minutos— fue entonado el himno de Infantería, y,

posteriormente, se escuchó el toque de Oración en el más riguroso orden de firmes. Fue retirada la

bandera. En estos momentos, en algunos núcleos —localizados, pero amplios— del Patio de Armas

estalló la indignación: mezclados con vivas a España comenzaron a oírse gritos de «Muera la E. T. A.>

«¡Viva el general Atares!», «Mueran los traidores». Entre los gritos, el más generalizado fue el de

«Dimisión», «Dimisión». que corearon una parte de los presentes. Mientras los altos mandos seguían en

los lugares que habían ocupado se sucedieron momentos de notable confusionismo. El féretro fue sacado

a hombros por la puerta Sur, mientras desde un equipo de megafonía se instaba a los asistentes a

abandonar el recinto por la puerta Norte. Varios cientos de militares se encaminaron, sin embargo, detrás

del féretro y continuaron su protesta, al parecer, en esos momentos dirigida al Gobierno y al

vicepresidente Gutiérrez Mellado.

EL FÉRETRO, SACADO A HOMBROS

Cuando el ataúd estaba ya colocado en el furgón varios militares pidieron que «1 féretro fuera sacado a

hombros. Otros grupos se opusieron al intento, pero finalmente dos asistentes —aparentemente

suboficiales— sacaron el ataúd.

Se produjeron nuevos momentos de confusión y la comitiva salió a la calle. Eran aproximadamente las

cuatro y media de la tarde. En las Inmediaciones de la calle Alcalá se encontraban numerosos grupos de

personas —que se pueden calcular en unas 3.000—. Abundaban las banderas nacionales y las Insignias de

Fuerza Nueva y Falange. A la salida del féretro se oyeron aplausos y gritos de «¡Ejército al Poder!» Las

personas civiles que esperaban forcejearon con los policías que formaban el cordón de seguridad y se

unieron a la comitiva, en la que Iban aproximadamente unos 300 militares. Abrían la marcha dos furgones

repletos de coronas de flores, seguidos por varios coches de altos mandos castrenses. A lo largo del

trayecto, recorrido totalmente a pie por los portadores del féretro hasta el cementerio de la, Almudena, se

produjeron algunos incidentes en los que solamente intervinieron personas de paisano. Al llegar a la

Puerta de Alcalá fue quemada una ikurriña, y unos metros más arriba, frente al Retiro, se prendió fuego a

otra bander» Igual.

La mayoría de los Incidentes que posteutormente se irían produciendo fueron enfrentamientos entre

personas de la comitiva y otras que observaban el cortejo desde las aceras.

Sobre las cinco y media de la tarde entró la comitiva en el cementerio de la Almudena y media hora

después —pasadas las seis— llegaba frente a la sepultura, en el ala nueva del camposanto. Unos 200

militares aguardaban desde mucho antes la llegada del féretro, junto a los periodistas y un pequeño grupo

de personas de paisano. Entre los altos jefes militares, que esperaron cerca de hora y media ante la tumba

se encontraba el jefe del Estado Mayor del Ejército de Tierra, teniente general Tomás de Liniers, y el

capitán general de la I Región, teniente general De la Torre Pascual. La multitud de civiles que había

acompañado al féretro durante él recorrido provocaron a la llegada un cierto tumulto. Sin embargo, la

inhumación se llevó a cabo, en medio de un respetuoso silencio. Dos jóvenes —uno de ellos con boina

negra, al parecer pertenecientes al Frente de la Juventud, disidente de Fuerza Joven— colocaron dos

banderas nacionales cruzadas frente a la tumba. El capellán castrense rezó un responso, mientras se

producían escenas de intenso dolor entre los familiares del general asesinado.

Mientras los sepultureros cubrían el féretro, fue contado nuevamente el himno de Infantería.

Posteriormente, mientras la mayor paite de los militares abandonaban" el lugar un grupo entonó el «Cara

al sol». Se escucharon vivas al Ejército y en algunos puntos volvió a oírse el «slogan» de «Ejército al

Poder!»

Pasadas las seis y media de la barde, los asistentes comenzaron a abandonar ordenadamente el

cementerio.

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