Ministro de Defensa: Serenidad y obediencia al Rey     
 
 El País.    07/01/1979.  Página: 10. Páginas: 1. Párrafos: 13. 

Ministro de Defensa: "Serenidad y obediencia al Rey"

La obediencia a los mandatos del Rey, con fidelidad y disciplina, y el mantenimiento de una actitud se

rena, fueron señalados por el ministró de Defensa, teniente general Gutiérrez Mellado, como el

«verdadero camino» que debe seguir el Ejército y «no el de algunas inadmisibles, aunque excepcionales,

actitudes que con carácter minoritario o individual se han producido».

El teniente general Gutiérrez Mellado, tras resaltar que una vez más las Fuerzas Armadas habían sido

convocadas por el Rey en fecha tan señalada como la Pascua militar, dijo, entre otras cosas, lo siguiente:

«Pero hoy, señor, cobra singular trascendencia este día para los Ejércitos, pues el enterado que ya os

dieron, en su día, a vuestras directivas y mensajes de paz, convivencia y respeto mutuo, pueden deciros,

añora, que han cumplido con su deber, y lo seguirán cumpliendo a pesar de que algunos vayan contra esa

paz que vos propugnáis y anhela fervientemente la inmensa mayoría del pueblo español. Estamos seguros

de que el fanatismo y la violencia no prosperarán contra la voluntad decidida de aquél.

En esta nueva andadura que ha emprendido España, a través de un proceso singular en su historia,

proceso apoyado en la legalidad que ha evitado situaciones de vacío de Estado, los Ejércitos han

obedecido vuestros mandatos con toda fidelidad y disciplina, aunque tremendamente doloridos cuando la

barbarie de unos asesinos ha hecho víctimas en sus filas, entre las fuerzas de orden público o entre

ciudadanos que sólo tenían la culpa de ser españoles y patriotas.

Tremendamente doloridos, señor, aun más si cabe en estos días, pero sin tener duda alguna respecto a

nuestro deber de mantenernos firmes en la línea tajante marcada en su día por la Junta de Jefes de Estado

Mayor, convencidos de que la defensa de nuestra propia convivencia —que es la de España entera, no lo

olvidemos— depende de nuestro temple sereno, que nos permitirá ser capaces, en cada momento, de

rechazar adecuadamente todas las presiones criminales.

Este es el verdadero camino y no el de algunas inadmisibles, aunque excepcionales, actitudes, que con

carácter minoritario o individual se han producido; unas, como consecuencia de hechos execrables; otras,

dejándose llevar de estados emocionales que en ningún caso pueden ser admitidas en un militar; o por

otras cusas absolutamente injustificables, lo que confirma esa disciplina que antes señalábamos y que

durante este tiempo ha sido una constante de la institución militar.

Así se es Ejército. Lo contrario sería otra cosa, pero no Ejército.» Destacó después los importantes

proyectos relacionados con las Fuerzas Armadas, que se han convertido ya en realidad, y dijo:

«Los Ejércitos se hallan, respecto a otras instituciones del Estado, en una situación especial, consecuencia

de las misiones encomendadas a los mismos.»

«Esta situación especial comporta, por otra parte, el privilegio legal —concedido por el resto de los

ciudadanos— del uso de la fuerza, pero, recordemos, la fuerza de los Ejércitos no es fuerza propia, sino

delegada. Es un depósito que se nos confía, pero del que no podemos hacer uso sino en obediencia al

deseo y voluntad de quienes fueron depositantes, es decir, del restó de la nación, ejercidos, precisamente,

a través de la dirección y autoridad de su Gobierno legítimo.»

Las FFAA cumplirán su misión constitucional

«Con todo ello, señor—agregó—, se estará más cerca de alcanzar esa meta final a la que nos hemos

referido en numerosas ocasiones: unas Fuerzas Armadas de las que todos nos sintamos consciente y

responsablemente satisfechos, capaces de cumplir con eficacia las misiones que les encomienda la

Constitución recientemente sancionada por Vuestra Majestad en solemne e histórico acto.

Señor las Fuerzas Armadas cumplirán cuanto en ella les afecta, pues nada más honroso para el militar que

el cumplimiento ejemplar de la ley, seguros, señor, de que en todo momento cuentan con el apoyo y

respaldo de la nación entera y de que todos, repito, todos los españoles cumplirán también cuanto en ella

se ordena.

La institución monárquica que vos encarnáis ha sido eje determinante para lograr este importante

acontecer histórico, a la vez que factor decisivo de continuidad y estabilidad en esta etapa que ahora

termina.»

El teniente general Gutiérrez Mellado finalizó su discurso señalando que deseaba una España donde las

Fuerzas Armadas se sientan inmersas en la sociedad y donde, a su vez, la sociedad sienta suyas a las

Fuerzas Armadas; donde desaparezca la adulación al Ejército, donde las Fuerzas Armadas constituyan la

salvaguardia de la paz y de la unidad; una España respetada a nivel internacional y preparada

defensivamente ante cualquier tipo de conflicto bélico.

«Todo ello exige —dijo— que el potencial defensivo sea capaz de disuadir, de hacer respetar la paz, de

evitar dependencias ajenas y, en cualquier supuesto, de impedir a toda costa que se desgaje del suelo

patrio cualquier parte, grande o pequeña, de España.»

 

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