Autor: Senillosa Cros, Antonio de. 
   Albert Boadella y el estreno de M7 Catalonia     
 
 El País.    05/10/1978.  Página: 33. Páginas: 1. Párrafos: 10. 

ELPAIS, jueves 5 de octubre de 1978

ESPECTÁCULOS

Albert Boadella y estreno de "M 7 Catalonía"

ANTONIO DE SENILLOSA

Aunque el señor Fontan haya dicho que por primera vez en muchos años no hay en España exiliado

político alguno, Albert Boadella !o es. Al menos yo le tengo por español y por exiliado político.

Y pienso, con Ajuriaguerra, que todo exiliado es un grito.

El miércoles día 27 del pasado mes de septiembre asistí ai estreno mundial de M 7 Catalonía, que se

representó en el teatro municipal de Perpiñán y llega ahora a Madrid. Sin pretender invadir ei terreno de

la crítica y con !a excusa, cierta, de que. el acontecimiento se escapa déla órbita teatral e incide en la

política, me apresuraré a decir que me gustó mucho, que me pareció un espectáculo de gran categoría, tan

bueno como el mejor que pueda representarse en cualquier parte de Europa. Pensé que a don Ramón le

hubiera complacido el tono esperpéntico y no hubiera protagonizado el famoso escándalo q ue provocó en

el estreno de una obra de Echegaray. «Es usted muy libre de protestar por la pieza, pero es inadmisible

que insulte de tal manera al autor», le advirtió un señor. «¿Y quién es uzté para hacerme advertencias1?»,

preguntó Valle Inclán. «Soy el hijo del autor», dijo e5 personaje ofendido. «¿Eztá uzté seguro?», replicó

don Ramón con su ceceo característico y con su no menos característica impertinencia,

M 7 Catalonía irritará a otra gente y por otros motivos: siempre hay inquisiciones, hogueras y patíbulos.

Acusarán a Boadella de corrosivo, de; cniel, de irreverente, y lo es. No caerán en la cuenta de la ternura

que se le escapa y de una difuminada y a ratos perceptible nostalgia que también existe en su obra.

En cierta manera, decía Anatole France, quien apuñala la sagrada hostia rinde tributo a la

íiansubstahcjación.

Y las únicas verdaderas historias de amor se publican en las páginas de sucesos. Los amores verdaderos

son fugitivos, comprometidos, complicados, culpables. Los amores sencillos, cómodos, plácidos, son otra

cosa. Es preferible que le pierda a usted la pasión a que pierda usted la pasión, nos susurra al oído

Kirkegaard. Mucho de !o que nos oprime, de lo que nos revienta dentro, nuestras alienaciones y nuestras

contradicciones, forman ya parle de nosotros mismos para siempre, por mucho que queramos liberarnos

de ellas y por muchos exorcismos que intentemos para expulsar a nuestros demonios. Cuando tos

atacamos nos despellejamos un poco también a nosotros mismos.

Hace pocos diasleí una divertida noticia que podría gustar a Boadella. En México, anle los constantes

atropellos que sufrían las mujeres en los metros, acaban de separar a los dos sexos, que viajarán, de ahora

en adelante, en coches distintos. La protesta masculina ante este hecho es una pura delicia: es inadmisible

tal medida, pues el pellizco forma parte de la cultura mexicana.

La disección de la cultura catalana que hace Boadella, de seguro que levantará ampollas. Los enanos

mentales, los acaparadores de la «cultúrela», ofendida su dignidad, protestarán por creer —también

ellos—, que se aíaca lo inaJa-cable. La suciedad del censor está machas veces en su cabeza o en su

estructura, enferma y esclerosada. Le sucede, a menudo, lo mismo que a aquéllas personas que atribuyen

al colesterol que padecen a los alimentos que toman, sin darse cuenta que son ellos quienes convierten en

colesteroi lo que ingieren.

La acción de M 7 Catatonía transcurre en una futura civilización (?) anglosajona. Dos antropólogas,

producto ya de una raza aséptica, estilizada y pragmática, estudian las costumbres y la cultura de un país

que está situado en el enclave 7 del mapa. Catalonia, y experimentan con cuatro ancianos supervivientes

de aquel lugar del Mediterráneo que tantos amamos con locura.

«Que le voy a hacer si nací en el Mediterráneo», ha cantado Serrat. Y lo suscribo también, pues yo vengo

del ciprés y del olivo, del pinar, de! almendro y de la encina. Y me horroriza que los individuos se

conviertan en números, que la técnica y las escuchas telefónicas se introduzcan en ia vida privada de los

hombres atemorizándolos, destruyéndolos. Boadella, otro mediterráneo, nos demuestra, una vez más, ser

un autor de una comicidad ca´ustica irresistible y ser. también, un formidable director de actores.

E! esfuerzo de todos para conseguir este espectáculo de gran calidad habrá sido .enorme.

La representación, pese a la dificultad de ensayar fuera de España por la penosa situación penal de

Boadella, no tuvo un solo bache ni la más mínima vacilación. El talento es insustituible. Ayudados por un

montaje escenográfico acertado y eficaz, los seis actores dieron una exacta y ajustada ´interpretación, con

el acostumbrado dominio de !a expresión corporal que ha caracterizado siempre a Els Joglárs.

Particularmente, me impresionaron los dos «doctores», Anna Bardari y Carmen Periano, hablando

siempre con voz impersonal, con el diafragma en la garganta cosa difícil de conseguir y más durante toda

una ininterrumpida representación en la que, como todos los demás actores, están siempre en escena, A

mí me pareció que lo hacían tan bíen-no sólo por su aplicación y trabajo, sino, además, porque creían en

aquello qUe hacían. Yo les aplicaría sin vacilar aquella hermosa frase de Dantoñ:

«Siempre que me han pagado ha sido por hacer algo que igualmente hubiera hecho sin ser pagado.»

Exilio y protesta

Sí. Todo exiliado es un grito, una protesta. Muy a menudo nuestros defectos nos salvan y nuestras

virtudes nos pierden. El sentido del honor, la Fidelidad, la dignidad, la verdadera lealtad que no es más

que la que se tiene consigo mismo, han enviado a más de uno al pelotón de ejecución. En cambio, la

mentira. Sa adulación, la bajeza, la traición, han encaramado a los puestos más "altos a. personajes

mediocres que, sin esas taras, a nada habrían llegado.

No importa. Aíbert Boadella atravesará el Ponto a nado, como César, llevando en la boca sus papeles.

La travesía será larga y difícil si pretende comprobar —como nos pedía hermosamente Cocteau que

hiciéramos—, hasta donde se puede llegar demasiado lejos. La libertad es siempre revolucionaria y el

arte, subversivo.

La irregular situación de Boade-lla y Els Joglars, independientes y solitarios, se acabará al aprobarse ¡a

Constitución. Sería horrible que ei país pensara que la Constitución, el Gobierno o los partidos políticos

les han rescatado de las garras mi-litares. Es preciso evitar que alguien crea, equivocadamente, que el

Ejército es el enemigo de ía libertad de expresión, papel de malo en la película que ajguno querrá

asignarle. Hay que decir claramente que no es así y algo práctico hay que hacer, pues a las Fuerzas

Armadas Íes ofende y íes preocupa otras cosas más importantes. Bien se me alcanza que es difícil, que la

ley actual dice, redice, afirma, autoriza, prohibe, ordena, atribuye Me es igual. Sobran en España

leguleyos de tres al cuarto, juristas de la estupidez, aburridos íecnócra-tas, y faltan, en cambio, gentes

creadoras e imaginativas. Gen tes para las que pensar no es un peligroso habite o una funesta manía, A!,

fin y,al cabo, tenía razón el Rai-suni cuando, escribía a Fernández Silvestre: «Tú y yo somos la

tempestad. Tú eres el viento que sopla más fuerte. Yo soy el mar Pero el viento pasa y el mar queda

donde está.»

Espero también que Madrid comprenderá a Albert Boadella y Els Joglars. Que los comprenderán deí

iodo, quiero decir, no sólo el catalán bastante cerrado de su obra. Intuyo que aígaien deberá tener una gran

dosis de paciencia para-soportar el triunfo, que doy por descontado. Porque estoy seguro 4e que Boadella

no tendrá que parodiar a otro provocador inteligente, Osear Wilde, quien respondió cuando le

preguntaban por el estreno de una de sus mejores obras teatrales que acababa de ser pateada con estrépito

y que hoy todo el mundo admira: «La obra fue un éxito; el público, un fracaso.»

 

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